24 de mayo 2005 - 00:00

Pelea II

En la Justicia también impera la impaciencia, y los magistrados prolongan la puja verbal por las críticas del gobierno al fallo que excarceló al empresario Omar Chabán, procesado por la tragedia de Cromañón. El juez Carlos Fayt dijo que los miembros del Tribunal no son los «jueces del Presidente», lo cual reinstaló el demonio de la Corte adicta que persigue a todos los gobiernos. Lejos de pacificarse, la arena política aporta todos los días más peleas. Como si emulasen esa estética del conflicto permanente -y a veces decorativo- que alimenta el gobierno, las «corporaciones» compiten por brindarle al público el espectáculo de la mala convivencia.

Carlos Fayt
Carlos Fayt
Los entornistas de Néstor Kirchner suelen admitir que al Presidente le desagrada que le disputen protagonismo. Explican que ésas son las razones que lo enfrentan con Roberto Lavagna y las que justifican su ausencia al tedeum del 25. Kirchner está molesto con las críticas de Jorge Bergoglio y siente que la figura del cardenal se agigantó luego de ser presentado como el mayor contrincante del nuevo Papa Benedicto XVI. Algo similar le sucede con la Corte Suprema de Justicia. Kirchner teme que los jueces se animen a restarle poder. Pero más le preocupa (y ocupa) es que Eugenio Zaffaroni, Carmen Argibay o Elena Highton de Nolasco opinen distinto de él y lo hagan público.

La semana pasada, la discusión fue la liberación de Omar Chabán, pero antes lo fue las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Los jueces supremos se ofuscaron cuando Kirchner utilizó la platea de la Feria del Libro para reclamarles un pronunciamiento. Los supremos tenían el fallo en la mano, pero decidieron guardarlo para no quedar como los niños bobos del Presidente. Aquella vez, los ministros de la Corte mantuvieron la compostura. No ocurrió lo mismo cuando el jefe de Estado criticó el fallo liberador de Chabán y sobre todo el «dogmatismo garantista» de algunos jueces. Fue Zaffaroni el que rompió el silencio. Lo hizo por dos motivos. El principal como obligación moral y ética de defender una teoría de la que es confeso. Segundo, para demostrar que no era integrante de una nueva Corte adicta. Lo siguió luego Highton de Nolasco, aunque más tímida.

Quien se irritó ayer es un histórico del máximo Tribunal: Carlos Fayt. El juez, un sobreviviente de las decapitaciones, rechazó el reclamo de Kirchner para que el tribunal se pronuncie sobre las denominadas «leyes del perdón».

«Nosotros no somos jueces del presidente de la República, eso es evidente. Cada cual tiene su esfera de acción, somos tres poderes, interfuncionales por cierto», aseveró Fayt. De este modo, el ministro volvió a reivindicar la independencia del Poder Judicial frente a las críticas vertidas desde el gobierno.

• Mensajes

Aunque el Presidente ha dicho que no pretende entrometerse en una decisión del Poder Judicial siempre envía sus mensajes (y a sus mensajeros). Algunos de los cuales no cae del todo muy bien. Por caso, que se haya fijado el 7 de junio como fecha para la declaración de inconstitucionalidad de la Obediencia Debida y el Punto Final.

«No le pongan plazo» a esa decisión, reclamó el juez Fayt en la puerta de su casa, en el barrio porteño de Recoleta. E irónicamente, prometió averiguar cuándo se votaría para poder contestar.

«No sabría contestarle, vengo a averiguar yo también, a ver si yo tengo la noticia. Generalmente nos informamos nosotros a través de los diarios y son ustedes los que tienen toda la información, es el dominio de la información, vivimos en la sociedad de la información a nivel planetario», remató el veterano juez supremo.

La disputa de poder entre el gobierno y la Justicia se está tornando peligrosa. Acostumbrado a un Congreso siempre más permeable y dúctil a sus caprichos,
Kirchner ha visto que la Corte Suprema no será tan fácil de amansar. El domingo envió uno de esos mensajes que pocos saben leer: dijo que no estaba de acuerdo con que los jueces se indexen los salarios y que tenían que pagar Impuesto a las Ganancias. Son dos temas sensibles para los magistrados.

Kirchner
metió el dedo en la llaga a sabiendas que una decisión desacertada sobre ambos temas puede modificar la popularidad de los magistrados. Precisamente, en la agenda de los cortesanos está pendiente de tratamiento el conflicto que los jueces mendocinos llevaron al Tribunal reclamando la indexación de sus salarios afectados por la devaluación. Argumentan que la abrupta caída de sus haberes viola el principio constitucional de la intangibilidad de los salarios de los jueces como garantía de independencia. Si la Corte les da la razón, entonces todos los jueces del país tendrán derecho a indexar sus sueldos y a cobrar mucho más de lo que cobran ahora.

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