Tanto Eduardo Duhalde como otros notorios del PJ -fundamentalmente los gobernadores José Manuel de la Sota (Córdoba), Adolfo Rodríguez Saá (San Luis) y Néstor Kirchner (Santa Cruz)- se despacharon con dureza, ayer, contra Fernando de la Rúa antes de que el Presidente anunciara su renuncia. También desde el radicalismo los mandatarios de Entre Ríos, Sergio Montiel, y de Catamarca, Oscar Castillo, se pronunciaron sobre la crisis económica y hasta Carlos Reutemann -no salió de su clásica mesura- reclamó mayor presencia de la Gendarmería, pero no arriesgó opiniones sobre la crisis y la responsabilidad de De la Rúa.
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«O el Presidente cambia o habrá que cambiar al Presidente porque la gente dijo basta», expresó sin eufemismos el senador-ex gobernador bonaerense, por una radio que alentó el alejamiento del ahora renunciado mandatario en coincidencias con Carlos Ruckauf, que quiere ir ya al gobierno hasta completar el período presidencial de cuatro años que vence en 2003. En cambio, a esa hora, para De la Sota «De la Rúa debía tomar una decisión: lo que está claro es que no puede gobernar, está sin gobernar y tiene al país en estado de anarquía», dijo el cordobés al tiempo que pedía la realización de elecciones en abierta oposición a la dupla Duhalde-Ruckauf. «Si el doctor De la Rúa toma la decisión de no continuar su gobierno -se esperanzó el cordobés- creo que hay que votar, porque yo creo en la legitimidad del voto. No creo en los acuerdos de cúpula, ni de los congresos, ni que se reúna una cámara y que por arte de magia vaya a aparecer un presidente». Duhalde remató su posición con que «la situación no da para más y no hay otra posibilidad que ésa (el cambio presidencial). No entenderlo es cosa de ciegos», concluyó.
Otro que se mostró particularmente duro fue Adolfo Rodríguez Saá, quien también aspira a suplantar a De la Rúa durante los próximos dos años. «El Presidente tiene que proponer un cambio profundo y, si no, el pueblo argentino va a pedir el cambio de De la Rúa», pontificó el puntano, quien en su provincia recibió ayer a 14 gobernadores del PJ para analizar la posición del bloque federal de mandatarios peronistas en torno a la convocatoria del gobierno. La turística localidad de Merlo -exhibida con orgullo por Rodríguez Saá como ejemplo de su ordenada administración con desarrollo económico-, se transformó por unas horas, en una de las mecas del peronismo donde se debatió el destino político del país.
De todos modos -todavía no se conocía el alejamiento del residente- el gobernador de San Luis admitió que «si el gobierno propone un plan con un cambio profundo, el justicialismo va a acompañar» y pidió un plan de empleo para un millón de trabajadores, aunque de inmediato endureció posiciones al sostener que los gobernadores peronistas no concurrirían -por ayer- a la invitación de De la Rúa para reunirse en la Casa Rosada. Para Rodríguez Saá la reactivación de la economía es «absolutamente posible si cambiamos los criterios de conducción del país». En ese cambio, el peronista abogó por no pagar tasas de interés brutales y exigió un plan de austeridad profundo para evitar el despilfarro de las cosas del Estado.
• El pueblo no puede esperar
También el gobernador de Santa Cruz, Néstor Kirchner -otro enrolado en el duhaldismoruckaufismo- antes de la noticia de la renuncia del Presidente advirtió que «el pueblo argentino no puede esperar a 2003», y le reclamó a De la Rúa que tome medidas urgentes para revertir esta situación de lenta agonía económica, política e institucional. «El Presidente tiene que decir si está dispuesto a hacer el cambio o sigue encaprichado con una política absolutamente negativa», arremetió el santacruceño quien rechazó «acuerdos gatopardistas», quizá avisado de la estrategia de Puerta. Además, rechazó la implantación del estado de sitio y fue el primer mandatario provincial que presentó un recurso de amparo en contra de las resoluciones del decreto 2.348/01 que redujo en 50 por ciento el pago de las asignaciones familiares a empleados estatales.
El radical Montiel cuestionó la política económica del gobierno y pidió un cambio de rumbo, pero -obviamente- defendió la continuidad del Presidente y el mantenimiento de las instituciones. «Creo que aparte de la energía que pueda tener o no (el Presidente) hay cosas que deben ser discutidas por todos, que no dependen únicamente del Presidente. No se trata sólo del cambio de gabinete», concluyó el gobernador de Entre Ríos. Claro que después de la renuncia no pronunció palabra alguna. En cambio su par catamarqueño fue mucho más duro. Para Castillo, la crisis empeoró porque «De la Rúa fue detrás de los acontecimientos», e instó a un gobierno de unidad nacional, aclarando que Catamarca vive un clima de tranquilidad y pese al estado de sitio no se ha dispuesto ninguna medida especial.
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