23 de junio 2005 - 00:00

Piedad duhaldista en la Santa Sede

Con tal de diferenciarse de Néstor Kirchner, en una interna que se libra en todos los frentes, el duhaldismo se ha vuelto tan pío que ya parece la democracia cristiana (no sería del todo desacertado: los expertos en el origen político de Eduardo Duhalde dicen que, en Lomas, nació de ese repollo). No sólo el ex presidente peregrinó hasta el despacho de Jorge Bergoglio, la semana pasada. Uno de sus máximos allegados, Alfredo Atanasof, fue el primer político argentino en besar el anillo de Benedicto XVI. Todo un logro: como Kirchner, el nuevo Papa es remiso a las audiencias y apenas si recibe a jefes de Estado. Hasta los cardenales deben hacer cola, sin éxito.

Atanasof permanece en Roma con una agenda impregnada en incienso. Se verá también con monseñor Pietro Parolin, subsecretario para las Relaciones con los Estados, y con monseñor Marcelo Sánchez Sorondo, canciller de la Academia Pontificia para las Ciencias. El rosario de audiencias se completa con Leonardo Sandri, argentino como Sánchez Sorondo, y responsable directo de la estrategia que lleva adelante la Santa Sede frente a la Argentina en el caso del obispo castrense Antonio Baseotto.

Durante su encuentro con Atanasof, Benedicto XVI se mostró interesado en conocerla situación que atraviesa la Argentina, por lo que Atanasof respondió: «Hemos salido de lo más profundo de la crisis, estamos mejorando día a día, pero aún tenemos muchas dificultades». Por su parte, el Santo Padre afirmó: «La Iglesia acompaña a la Argentina en estos momentos tan duros y voy a orar para que se resuelvan los problemas de los argentinos».

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