4 de agosto 2005 - 00:00

Política poco seria II

El piquetero Luis D'Elía dijo que dentro del kirchnerismo hay 30 o 40 por ciento de intendentes «mafiosos» (con oficialistas así...)

Néstor Kirchner fue acusado por Luis DElía de haber subido «mafiosos» a sus listas. En la foto, el Presidente en Pilar junto a Felipe Solá, la candidata y senadora Cristina Fernández y el ministro Julio De Vido.
Néstor Kirchner fue acusado por Luis D'Elía de haber subido «mafiosos» a sus listas. En la foto, el Presidente en Pilar junto a Felipe Solá, la candidata y senadora Cristina Fernández y el ministro Julio De Vido.
Inoportuna e inesperado, Luis D'Elía se transformó ayer en el más implacable de los críticos de Néstor Kirchner. Le bastó, apenas, un puñado de palabras: el kirchnerismo, dijo el piquetero, juntó a «30 o 40 por ciento de los intendentes mafiosos» que antes escoltaban a Eduardo Duhalde.

De repente, desde una trinchera considerada «amiga», la Casa Rosada recibió fuego hostil. Y, peor aún -obviando el calificativo de mafioso que D'Elía usó seguramente para congraciarse con Cristina Fernández-, su apreciación exuda verdad.

Al menos, a pesar de que luego quiso desandar sus propias palabras, en la mañana radial el líder del FTV se mantuvo fiel a su criterio: si el duhaldismo es, como dijo más de una vez, «una mafia», quienes integraban ese núcleo eran «mafiosos» aunque hoy veneren a Kirchner.

Utilizó, en rigor, el argumento que usan los duhaldistas y la oposición no peronista. Que la «nueva política» que dice encarnar Kirchner, cuyo formato electoral es el Frente para la Victoria (FpV), se alimenta de los mismos dirigentes que por años estuvieron junto a Duhalde.

Esa fue la confidencia que, en público, con su estilo estridente y sanguíneo, hizo D'Elía. Y el costo político para el piquetero será altísimo: si en la actualidad caminabaen los bordes del poder, quizás ayer, con sus dichos, coronó su autoexilio del kirchnerismo.

• Sin apoyo

Ayer, no había una sola voz del gobierno que hablara a su favor. Menos todavía, entre los intendentes del PJ que fueron alcanzados, en el tumulto, por su ráfaga genérica.

Allí reside una de las explicaciones del estallido verbal del piquetero. Cuando el duhaldismo le mezquinaba el apoyo,
D'Elía y sus militantes se convirtieron en el «ejército» de Kirchner en la calle. Era, de hecho, la única estructura que podía aportar multitudes.

Pero cuando
Kirchner comenzó la captura de intendentes duhaldistas, el cacique de chaqueta amarilla vio mermar su importancia. Los aplaudidores que antes llegaban de la mano de D'Elía ahora llegan en micros pagos por punteros del peronismo kirchnerista.

De ser imprescindible se convirtió en una figura incómoda e irritante.

Otro dato lo prueba: tras la toma de la comisaría de La Boca,
D'Elía se convirtió en una presencia incómoda y electoralmente negativa. Por eso, Kirchner «mandó» a los piqueteros «a trabajar» con Felipe Solá y luego bajó al líder del FTV de la lista de diputados nacionales.

Justamente, fue
Solá quien ensayó una tímida defensa.

«Creo que quiso decir que no comparten su modo de hacer política», arriesgó el gobernador, pero cuando le pidieron más precisiones, pidió que no lo pongan en el brete de tener que interpretar las palabras del piquetero.

Incluso, ni el propio
D'Elía supo desdecirse. Cuando lo interrogaron sobre qué quiso decir, echó más sombra. «No hay estructura humana perfecta», dijo y, para embarrarse más, amplió: «El que diga 'mi partido es el partido de los buenos', es un mentiroso».

• Identificación

Hasta citó casos puntuales. «No voy a defender, por ejemplo, a Raúl Othacehé, que es una persona muy cuestionada.» Othacehé es el intendente de Merlo, ex mano derecha de Duhalde, luego aliado de Solá que ahora es el «dueño» del kirchnerismo en su municipio y parte del conurbano oeste.

No fue suficiente luego que
D'Elía intentara despegar a Kirchner de las imputaciones »creo en la absoluta honestidad del Presidente»- y explicara que esa «contradicción» es menor frente a la pulseada «de magnitud» que enfrenta a Duhalde con Kirchner.

«Que a nosotros nos haya quedado el 30 o 40 por ciento de los intendentes mafiosos de este lado es una dificultad, pero dentro de la magnitud de lo que se juega, eso pasa a ser una contradicción de tercer o cuarto orden»,
masculló una aclaración.

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