La noche previa, la situación parecía encaminada al fracaso por la falta de consenso entre peronistas y radicales. «Queremos votar el desagravio a Alfonsín», planteó Losada a última hora del martes. «Sí --concedió con resignación Pichetto-, ¿pero qué podemos hacer? Si el Presidente -memoró el jefe del bloque peronista- seenojó con el gesto de solidaridad con Duhalde la semana pasada, imaginate cómo puede tomar que ahora respaldemos a Alfonsín por lo que le dijo un hombre de su extrema confianza.» Pichetto (jefe del bloque oficialista) quedó en telefonear al gobierno para pedir instrucciones.
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En esos términos estaba trabada a la mañana temprano la votación del diploma de Argibay a la Corte. Los radicales, que ya habían estampado la firma en el dictamen de Acuerdos que preparó Jorge Yoma, iban a ser imprescindibles, en la sesión de ayer o en siguientes de no arribarse a un consenso, para confirmarla en el cargo, debido a la resistencia que generó Argibay entre los propios justicialistas por sus polémicas declaraciones sobre el aborto y su ateísmo.
Pichetto se sentía obligado a complacer a Losada y compañía, sin desatar ira en la Casa de Gobierno, y lograr los votos en el recinto. La tarea no parecía sencilla a las 11 de la mañana. «La República quedó en manos de un acto de desagravio», ironizaba un senador provincial, expectante por lo que negociaban el oficialismo y la principal bancada de oposición. Losada, que había viajado a Iguazú a confraternizar con colegas del Mercosur, llegó a última hora del martes a Buenos Aires y lanzó a sus correligionarios la propuesta de reclamar al PJ que acompañara un proyecto de solidaridad con Alfonsín. La idea de Losada fue rápidamente aprobada en el bloque cerca de las 22 del martes. A partir de allí, se trasladó la inquietud a Pichetto y demás. A los radicales no les gustaba la idea de quedar embretados en un pacto con el peronismo senatorial para acompañar la designación de Argibay, después de que desde el Ejecutivo salieran a castigar al ex presidente con que, además, puede caminar, más o menos tranquilo, por las calles del país. Eran conscientes de que podían pedir algo a cambio de su aval a la jueza.
Además, mantenían fresco el recuerdo de que hacía 6 días habían acompañado al duhaldismo «y al resto del cuerpo, ya que fue unánime el pronunciamiento de la Cámara alta» -en un reconocimiento al cacique de Lomas de Zamora-. Finalmente, hubo una salida alternativa, a cargo de Kirchner y dos de sus ministros, que salvó del papelón a Pichetto y a sus compañeros.
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