3 de febrero 2005 - 00:00

Poco serio III

A nadie se le ocurrió en Estados Unidos pedirle un plebiscito de eventual culpabilidad por el atentado del 11 de setiembre a las Torres Gemelas al presidente George Bush, pese a fallas notorias y comprobadas de la CIA y otros organismos de seguridad con enormes recursos y sueldos en relación con un cuerpo de inspectores de Buenos Aires, en su mayoría coimeros con cualquier gestión y para colmo conducidos por políticos sin experiencia.

Mariana Márquez -una modesta docente del populoso partido de La Matanza, en el Gran Buenos Aires, que perdió una hija de 17 años entre las 192 víctimas fatales de Cromañón- pronunció el martes ante los periodistas en la Legislatura porteña la frase más certera escuchada en ese recinto lleno de palabras en 22 horas de «interpelación», en dos días distintos.

Márquez había sido terrible en el recinto al decirle a Aníbal Ibarra: «Mi hija hoy es cadáver, pero usted también es un cadáver político».

Pero fue al abandonar la sala cuando pronunció la frase trascendente y que resume lo que piensa mayoritariamente la ciudadanía. Dijo: «Lo peor es que ni siquiera es él (Aníbal Ibarra), que es una circunstancia. El problema es todo este sistema».

• Coincidencias

Los comentarios periodísticos han coincidido -y no porque este diario haya pasado a integrar ninguna Liga Oficial de Prensa- en que el actuar de la oposición frente al oficialismo municipal en el caso Cromañón ha sido torpe. «La oposición deberá mostrarse más eficiente de lo que ha sido hasta ahora», escribió un diario. «El macrismo hizo el resto para ayudar a Ibarra. El sillón de Boca Juniors ha sido insuficiente para graduar a Mauricio Macri, que terminó por envalentonar a Ibarra». No deja de ser curioso que este político sin la responsabilidad de gobernar termine afectado, inclusive ante Ricardo López Murphy, su eventual socio político.

El problema de Ibarra en un eventual referendo dentro de unos meses, si los familiares de la víctimas recogen las firmas (Ibarra debería ayudarlos en la tarea porque se adelantaron a su propia propuesta de consulta), no sería Cromañón, pese a toda la desgracia que significó, sino que al votar la gente se acuerde de calles despintadas; paredes sucias con aerosoles; haber llevado los empleados municipales a 125.000 (9 por cada manzana); haberse limitado por temores políticos en los asentamientos que están por toda la Ciudad y que hasta le están tomando la Reserva Ecológica, a 5 minutos del centro y con vista al río; el Rosedal de Palermo invadido por travestis, y mucho más. Ahí sí puede perder porque no ha sido eficaz en 5 años, aunque lo fue donde el ciudadano no lo ve (interior de hospitales, por ejemplo).

• Malos asesores

El macrismo y aun las huestes de Ricardo López Murphy -ni hablar de Patricia Bullrich que recién ahora se monta a la ola y concreta denuncias de corrupción ante la Justicia- no han tenido una buena actuación, demostraron tener malos asesores y algún político hasta se agrietó internamente. El ciudadano podría tentarse a cambiar a Aníbal Ibarra aunque no le guste el plebiscito.

Esa oposición politizó las desgraciadas muertes de Cromañón e Ibarra no iba a ser menos ya que le facilitaron la ocasión de retomar poder que por la tragedia pasó a manos alarmantes como el duhaldismo o el kirchnerismo, no queridos en la ciudadanía porteña.

Si debió haber un plebiscito en la Ciudad debió ser para cambiar el régimen municipal y casi todos lo habitantes hubieran votado con satisfacción. Cambiar desde la estabilidad forzosa de los empleados municipales que asegura a los sospechados de coima que apenas si puede la autoridad cambiarlos de puesto, hasta cargos y ascensos por concurso, algo que cree responsabilidades.

Pero como está planteada esta consulta no sirve, es una politización especulativa más, es poco seria. Vale lo que dijo esa madre dolorida que es Mariana Márquez:
«El (Ibarra) es una circunstancia. El problema es todo el sistema».

Aquí está referido al tema municipal de una ciudad, pero el drama de «el sistema» asentado en politización, corrupción y desprecio por la vida humana es de toda la Argentina.

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