La frase del ministro del Interior, Aníbal Fernández, «discusión de alta peluquería» es la envidia de cualquier titulero de diario. Es perfecta para describir a tres mujeres imputándose la portación con orgullo del apellido de sus esposos, como sucedió en el congreso justicialista del viernes pasado.
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Es evidente que traían rencores previos. Olga Ruitort de De la Sota -mujer que va de lo amabilísimo al carácter fuerte, luchadora de base y de larga data- en el justicialismo traía el entripado de saber al kirchnerismo alentando al nuevo intendente de Córdoba, Luis Juez, contra su marido, además de sentir de siempre que De la Sota tienemás mérito que el actual presidente para ocupar ese lugar (todavía nadie se explica bien por qué, pese a una buena campaña, el gobernador de Córdoba noimpuso su imagen a nivel nacional, desalentando a Eduardo Duhalde, que lo prefería antes que a Kirchner. Inclusive, se menciona que hoy De la Sota da mejor por TV, con una cabellera más normal que al lanzar aquella campaña). Era previsible que Chiche Duhalde odiara a Cristina Kirchner y que se lo haya mostrado públicamente, pese a los esfuerzos de su esposo para atemperarla. La irrita que la santacruceña (de adopción por su marido, ya que nació en La Plata) deje avanzar las proclamaciones a gobernadora, el sueño de Chiche para 2007. Además, en el congreso se repartieron inoportunos minidiarios con el anuncio de «Cristina gobernadora», y las palabras de «portación de marido», repetidas en el micrófono por la primera dama, no le dejaron dudas a la señora de Duhalde de que aquélla era cómplice de ese reparto.
De lo de Cristina Kirchner, para completar la «peluquería» -distinguida, no la de «Don Mateo» de Gerardo Sofovich- no hay otra explicación que el trasfondo agresivo permanente que caracteriza a ambos Kirchner, más el agregado de ser mujer, por lo cual, evidentemente, buscó punzar directamente a la bonaerense a nivel de estallido.
• Conciliadores
Después de eso, De la Sota por televisión, por caso en «Fuego cruzado», de Marcelo Longobardi, en «Canal 9», trató de bajar el tono de su posición y hasta dijo que votará a Kirchner si encabeza una lista. Dio la impresión de que no cree oportuno, por ahora, un enfrentamiento. Chiche Duhalde, con Mariano Grondona, también bajó muchísimo el tono del enfrentamiento (se hizo latosa, con lugares comunes al hablar y le afectó el programa a Grondona, que en un domingo sin fútbol podía haber reventado el rating y se quedó en su buen nivel clásico para programas políticos, de 7,2).
Pero ninguna declaración posterior -elaborada, tamizada- da idea de que pueda tener final feliz la realidad del enfrentamiento que se vio en ese escenario el viernes. Sería cuestión de tiempo.
No menos espectacular fue cuando Cristina Kirchner, con micrófono abierto y sin darse cuenta, dijo: «Pese al peronismo».
Fue en momentos en que un alambicado y excesivamente obsecuente Eduardo Fellner, gobernador de Jujuy, hablaba de algo difícil de probar, «que este gobierno hace lo que la gente quiere» (¿quiere la ESMA como museo y reiniciar los enfrentamientos de los '70? ¿Quiere la ilusión de negar un aumento de tarifas si terminará quedándose sin luz?). La frase espontánea de la primera dama muestra que los Kirchner no quieren al Partido Justicialista, salvo porque no camina la «transversalidad». Los Kirchner ignorarán -como lo han hecho casi siempre hasta ahora- al general Juan Perón y a Eva Duarte. Lo incomprensible, entonces, es que el propio Kirchner pueda llegar a ser presidente de un partido que desprecia o designar su cúpula directiva si no lo fuera. Es como designar al otrora general y torturador Suárez Mason asesor del Museo de la Memoria.
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