31 de octubre 2007 - 00:00

Pone condiciones Alberto Fernández para seguir con Cristina

Como llevada por el viento,Cristina de Kirchner saluda ayer alllegar al helipuerto de Casa deGobierno.
Como llevada por el viento, Cristina de Kirchner saluda ayer al llegar al helipuerto de Casa de Gobierno.
Contra lo que se diga por ahí, Néstor Kirchner no habilita la charla sobre el futuro gabinete que acompañará a su esposa ni en los ambientes más recoletos, poblados hoy de candidatos a figurar en esos cargos o, peor, a ser expulsados a las tinieblas exteriores.

El último intento del entorno de conocer algo fue el sábado por la noche, en un asado preelectoral que ofreció el Presidente en su casa de Río Gallegos, animado por cruces mudos de gestos y miradas cuando se mencionaba gente que pueda quedarse o irse del gabinete.

El Presidente reabrió el quincho después de muchos meses para un asado íntimo para esperar las elecciones del domingo. Merodeaban en la parrilla el «Chango» Icazuriaga, Carlos Zannini, el interino Daniel Peralta, que logró la reelección; pasa un rato Alicia, y Cristina, que revuelve placares buscando bijouterie y ropa para llevar a Buenos Aires. Kirchner come pan, raro en él, con dispepsia permanente, y recibe llamados telefónicos de quienes le dan ánimo.

Sergio Massa le dice que va a ganar Tigre el intendente electo, Daniel Giacomino, electo intendente de Córdoba por el juecismo, le dice que Cristina va a ganar en Córdoba capital (error, salió tercera detrás de Lavagna y Carrió). Todos consienten, callados, la idea de que Alberto Fernández pone condiciones para seguir siendo jefe de Gabinete. La presidente electa le ha dicho al funcionario que siga, pero el funcionario le retruca que la primera misión de ella es imponer que no es chirolita de su marido ni que hereda nada de él y que si no lo hace, cargará con un costo político innecesario. Ella dice que los cambios los hará más adelante, que lo necesita a Fernández, quien responde: «Bueno, pero necesito ministros que me hagan caso». Eso se traduce en vetos a Julio De Vido y a Rafael Bielsa, que ya renunció a su banca de diputado (lo reemplaza otro cómico, Claudio Morgado, apenas se reúna la Cámara) y anda pidiendo el Ministerio de Justicia. También que no le metan a Felipe Solá en Medio Ambiente y que siga Romina Picolotti.

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El Presidente salpimienta la sobremesa con referencias odiosas a la prensa. ¿Quién le cuenta al corresponsal de «Clarín» en Río Gallegos lo que publica? Silencio. Peralta lo ilusiona con que van a ganar en la capital provincial; error, perdieron en la pelea por la intendencia, pese a que la primera dama ganó la presidencial; es decir, otro caso de formidable corte de boletas. Pregunta por De Vido, pero le dicen que esa noche sigue operando para la elección en otro asado con empresarios. Pregunta por otros periodistas, especialmente por Daniel Gatti, autor de «El amo del feudo», biografía negra de los Kirchner que los tiene obsesionados porque el domingo se presentaba como candidato a diputado nacional por el MST de Vilma Ripoll. Importa esta mención porque Cristina de Kirchner 48 horas más tarde usó el caso Gatti como vara para medir a todo el periodismo del país. En el diálogo con Morales Solá se mofó de este Gatti, que sacó 1.695 votos. Por esa razón, dijo la presidente electa, la prensa nacional debería revisar lo que dijo del matrimonio en los últimos cuatro años. Peralta, forzado a convivir con las fieras cuatro años más, alivia la reunión contando que venía esa tarde de sábado de cumplir una cábala tenebrosa, bajar al socavón de la mina en Río Turbio para pedir allí por un buen resultado electoral. «Santa Bárbara está acá», rió uno de los presentes señalando a Cristina,a quien los amigos del «Flaco» llaman cariñosamente «la Bruja» (a sus espaldas, claro).

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Allí dijo que había cumplido lo que había prometido a sus íntimos apenas se hizo de la presidencia en 2003, que gobernaría un solo mandato. Los reunió entonces, a poco de bajarse Menem del ballottage, en un despacho de la casa de Santa Cruz y les dijo: « Prepárense para gobernar un solo mandato. No voy a ir a la reelección». «¿Por qué?», le preguntaron. «Porque segundas partes nunca fueron buenas, miren si no a Menem, o a Perón, a quienes les fue bien en el primer mandato pero se derrumbaron en el segundo. Además, si me va bien, voy a poner al sucesor; si me va mal, no voy a reelegir y en una de esas ni termino el primer mandato. Pero no se engañen ni se ilusionen. Voy a estar sólo cuatro años». En esa reunión fue cuando anunció su primer gabinete y desató una trifulca cuando mencionó a Gustavo Beliz como ministro de Justicia. «Te va a traicionar, te vas a arrepentir. Después de lo que le hizo a Menem, ¿qué no te a hacer a vos?». El Presidente explicó que lo hacía porque daba bien en las encuestas. Tanto, contó, que lo había considerado para candidato a vicepresidente. «¿Cómo?», lo interrogaron. Y sacó Kirchner un papelito. Leyó: «Mandé a hacer una encuesta para vice mío y el primero que salió fue 'Zapatitos blancos'. Me pareció mucho; después salió Chiche Duhalde, que me pareció también demasiado; tercero estaba Felipe Solá, y lo charlé con él. Después me enteré de que decía que le hablaba del tema porque con Duhalde lo quería perjudicar. Cuarto salió Scioli. Me quedé con él».

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Estas historias viejas reflotaron también el lunes, conocido ya el resultado de las elecciones, en el festejo intimísimo que hizo Scioli en ese museo a su persona que es el quincho del tercer piso de su casa en el Abasto. Lo hizo por cábala porque era tardísimo, había estado con los Kirchner hasta casi la una y media en el piso 18 del hotel Inter·Continental. A esa hora se fueron los presidentes y el gobernador, y dejaron a una murga de festejantes de segunda línea que terminaron con lo que quedaba del regio catering que se había contratado (entre ellos estaba Daniel Filmus, Gabriel Fuks, el electo senador por Neuquén y operador discreto del kirchnerismo en provincia, Marcelo Fuentes, y otros). Festejaron con aire reprimido porque la mayoría había pasado por el velorio del hijo de uno de los operadores de Miguel Peirano, fallecido en un accidente de auto junto a otros tres jóvenes la noche del sábado. Ese lote, entre quienes estaban también Vilma Ibarra, Oscar Parrilli, Pepe Albistur, Carlos Tomada, Alberto Fernández, Diego Kravetz, Ginés González García, Jorge Taiana, Alberto Iribarne, arrambló con todo lo que había en el piso 17° ( reservado para la perrada) y después terminaron levantando vidrios en el salón Mozart del hotel, en donde quedaban los últimos restos de la comida, que llamó la atención por el lujo con que se contó en ese festejo populista.

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Scioli ingresó en su quincho pasadas las dos de la mañana, con aire eufórico pero cansado, y cantó todos los estribillos de una treintena de familiares, amigos, punteros y futuro miembros de su gabinete. Fue una de sus clásicas fiestas «de los socios fundadores» en la que no faltaron los artistas (los hermanos Galán de Pimpinela, Nacha Guevara), sus hermanos José y Nicolás, los amigos Campana y Garbarino, el infaltable Rubén Mousale, secretario y acompañante en las sombras más importante para el vicepresidente que cualquier otro entornista, « Alberto», que no es Fernández, sino Pérez (futuro jefe de Gabinete en la gobernación, fue el único que acompañó a los Scioli -Daniel, Karina, José- en el piso 18° cuando se reunieron para el festejo íntimo con los Kirchner), y un buen lote de los futuros designados en el gabinete: Guillermo Francos (Banco Provincia), Juan Carlos Damico -va a Cultura, organizó el «centro cultural» en que convirtió Scioli al Senado y que cerrará con la entrega del premio Sarmiento a Mirtha Legrand-. Es el delegado de Pacho O'Donnell, a quien bajaron del cargo con una cadena de mails -como a Rodríguez Felder-que reproducía sus notas críticas hacia el gobierno publicadas en «Perfil», medio demonizado por el kirchnerismo. También estaban Daniel Arroyo, Mario Oporto y Claudio Zinn (frustrado candidato al Parlamento de Roma al perder la elección de diputado de Italia). Ahí se confirmó que ni Joaquín da Rocha ni Daniel Katz iban al gabinete (a Justicia va el abogado Ricardo Casal, en Obras Públicas la vacante levanta ironías sobre la eventualidad de Julio De Vido si es desplazado por Cristina de Kirchner en Nación). Compartieron pizza y otras formas de la picada, estaban todos cenados y cansados, hasta las cuatro de la mañana, con música y play back de Nacha del «No llores por mí Argentina». Scioli calló los estribillos sobre «Se siente, se siente, Daniel Presidente». No, no, pidió. Y terminó por despedidas porque anoche Scioli y su esposa partieron hasta el fin de semana a una pequeña vacación en los Estados Unidos, Miami, más concretamente, una ciudad que el nuevo gobernador considera un distrito propio y donde podrá entregarse a celebraciones más espontáneas.

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