- No puedo gordo, no me lo banco. Voy a esperar lo que haga Sergio y sino él no juega, voy con la boleta corta.
Jesús Cariglino vomitó su enojo al teléfono de Jorge Macri. Un rato antes había enviado a un delegado suyo a Tigre para certificar, previo diálogo con Sergio Massa, su incorporación formal al Frente Renovador.
A esa hora del miércoles, José Manuel De la Sota estaba en vuelo desde Córdoba. En Aeroparque lo esperaba Francisco De Narváez. Antes, el gobernador llamó a los operadores macristas: "Voy para allá así arreglamos este quilombo".
En Capital, se instaló en el piso 17 del Hotel Emperador junto a Francisco "Pancho" Fortuna y un scrum denarvaísta: De Narváez, su mano derecha Gustavo Ferrari, José "Pepe" Scioli y Natalia Gambaro.
- Estamos acá, vengan- invitó a los macristas. Llegaron Jorge Macri, el intendente de San Isidro Gustavo Posse y el ministro de Gobierno Emilio Monzó.
- Hagamos un arreglo nacional -arrancó De la Sota.
- No, nacional no podemos porque ustedes van hacia el peronismo y nosotros no. Hagamos provincia por provincia -planteó Monzó.
- Bueno. Arreglemos Córdoba, Capital, Entre Ríos, Santa Fe y la provincia -propuso el gobernador.
- Gallego, vos sabés que lo de Lavagna está muy difícil, Mauricio no quiere. Veamos Córdoba, si querés.
- Córdoba no importa, muchachos. Lo de Baldassi no me preocupa. La elección se va a polarizar y no me va a afectar.
Hasta ahí De Narvaez miraba en silencio. Ninguno de las fichas en juego era suya.
- Hablemos de la provincia -invitó.
- Hagámoslo fácil -medió De la Sota- tres diputados nacionales para el PRO en los primeros doce lugares, el cuatro, el ocho y el doce, y dos expectantes, el 13 y el 15 o 16. ¿Les parece?
Los macristas, en silencio, miraron a De Narváez.
- Dale. Está bien. ¿Ustedes que dicen? -interrogó a los tres delegados de Macri que asintieron sin objeciones.
- ¿Y los legisladores provinciales? -preguntó Posse.
- Veamos sección por sección -habló "Pepe" Scioli.
Era el atardecer y en el piso 17 del Emperador parecía que las añeja porfía entre De Narváez y Mauricio Macri, a esa hora instalado en su oficina de Bolívar 1, había dejado paso a la voluntad de acuerdo y, aun sin una foto entre los dos dirigentes, reaparecía como en el fatídico 2009 para el kirchnrismo, la Alianza Unión-PRO.
Cuando detectó que el clima era amable, De la Sota se paró, se puso su campera de gamuza y sonrió como un ceniciento mediador papal.
- Me alegro muchachos. Yo me tengo que ir a una cena, ustedes avancen con el tema de los legisladores provinciales.
Hizo un saludo genérico y se fue.
- Paramos 10 minutos y volvemos, ¿les parece? -propuso Jorge Macri.
Los tres macristas salieron al pasillo para pasarle los términos del acuerdo a Mauricio. "Listo, cierren" dijo el jefe de gobierno casi sin detenerse en los detalles del pacto.
En paralelo, Posse llamó a su apoderado para que frene la inscripción de una alianza propia en la Junta Electoral bonaerense, entre su partido Espacio Abierto; Propuesta Republicana y el Partido Demócrata Progresista (PDP).
El denarvaísmo se quedó en el piso 17. A solas, calcularon lo que implicaba entregar 3 candidatos al macrismo, sobre todo ante la hipótesis de que Sergio Massa salga a la cancha.
- ¿No es mucho, Francisco? -preguntó "Pepe" Scioli.
De Narváez tardó en responder. Unos minutos antes le habían avisado que Hugo Moyano, quejoso por un reparto de espacios en las listas todavía incierto, había mandado a Octavio Argüello a anotar en la Justicia electoral su propio frente, al margen de la alianza encabezada por Unión Celeste y Blanco, el partido denarvaísta.
- Si. Es mucho. Negocien más. Yo me voy.
Quedaron Ferrari y "Pepe". Volvieron Macri, Monzó y Posse
- Al margen de los tres diputados nacionales, ahora hablemos de los provinciales -retomó Monzó.
- Son dos nacionales -dijo Scioli.
- ¿Cómo? Hace quince minutos dijeron tres -reaccionó Jorge Macri.
- Veamos sección por sección. ¿En la primera? -preguntó Monzó.
- Ustedes dos senadores -dijo Ferrari.
- Listo. ¿La tercera?
- Nada. La tercera nada -dijo Scioli.
Jorge Macri bufó.
- Ningún diputado provincial -agregó "Pepe".
- ¿Cómo que no? -intervino Monzó como si no entendiese bien.
- No, diputados no. Los tenemos comprometidos.
- Están locos -estalló Jorge Macri y se puso de pie, enardecido.
Posse lo agarró de un brazo y le habló al oído como un domador a un caballo furioso. Se gritaron maldiciones. Un tumulto de riña de conductores embotellados. Empezaron a sonar los teléfonos.
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