11 de diciembre 2007 - 00:00

Postales opuestas: euforia K, indiferencia del público

Los Kirchner(Néstor,Máximo,Cristina yFlorencia)saludaronjunto a JulioCobos desdeel escenariomontado enPlaza deMayo. LaPresidente enejercicioincluso seanimó acantar.
Los Kirchner (Néstor, Máximo, Cristina y Florencia) saludaron junto a Julio Cobos desde el escenario montado en Plaza de Mayo. La Presidente en ejercicio incluso se animó a cantar.
Picos de euforia K sobre un marco general con fuertes rasgos de indiferencia y hasta desinterés del público y los militantes presentes fueron uno de los signos del pulso callejero de la histórica jornada de asunción de la primera presidente mujer de la Argentina.

La soleada tarde porteña también dejó ver la postura de divos con la cual parecen sentirse cada vez más cómodos los Kirchner -tal vez más ella que él-, relacionándose con el público con rituales y gestos dignos de «rock stars». Mal que le pese al presidente paraguayo, Nicanor Duarte Frutos, quien afirmó tiempo atrás que Kirchner había terminado con la farandulización de la política, los «pingüinos» parecen lucir felices, y hasta relajados, bailando y sonriendo ante cámaras.

Una postal de este cruce de emociones y del nuevo «divismo K» la ofreció el cierre de los actos, con Cristina y Néstor Kirchner y Julio Cobos cantando, al ritmo de «Sólo le pido a Dios», abrazados a Mercedes Sosa y el resto de los músicos que participaron del show bautizado La Fiesta de la Democracia, mientras, frente a ellos, la Plaza de Mayo se encontraba en plena descongestión y, para colmo, nuevos incidentes entre gremios enrarecían aún más el clima entre los asistentes.

Por la tarde, la caravana desde el Congreso hacia la Plaza de Mayo, tras la ceremonia de traspaso de mando, brindó una escena similar: la «burbuja» de excitación, griterío y piropos hacia la flamante presidente -muchos expresados en lenguaje vulgar-rodeaba el Audi que trasladó a Cristina, Néstor Kirchner y su hija Florencia, y los flashes, rosas rojas y papelitos arrancaban sonrisas de la «pingüina» asomada a su ventana. Pero pocos metros reinaba la calma, y los espectadores -un alto número eran turistas de paseo por la Ciudad-volvían a sus quehaceres, en el mejor de los casos con una foto instantánea de la mujer protagonista del día. Muchos incluso no repararon en que el vicepresidente electo, Julio Cobos, realizó el mismo recorrido a pie, detrás de Cristina, en una decisión que deja lugar al ejercicio metafórico sobre la situación política del mendocino.

Al arribar a la Plaza de Mayo, Cristina encontró una moderada cantidad de público, en torno a las 25 mil personas, aunque otro tanto se hallaba disperso en los alrededores. Para mantener la tensión política -más allá del show musical-sobrevolaba la promesa de una aparición nocturna del matrimonio Kirchner en el balcón de la Casa de Gobierno.

Aun así, la desconcentración comenzó temprano, poco después de las 18, al mismo tiempo que Cristina tomaba juramento a sus ministros, en un acto que fue vigilado con celo. Tal vez no ayudaron a sostener a los espectadores las imperfecciones técnicas del espectáculo conducido por la dupla «Coco» Silly y Daniel Aráoz. Fallas de sonido y la transmisión de videos -por «la ausencia de músicos invitados», explicó Silly-desmotivaron a los asistentes, muchos de ellos veinteañeros. «¿Se podrá pedir que dejen de tocar los bombos para escuchar la música?», llegó incluso a pedir a este cronista un joven que se acercó al vallado vistiendo una remera de Los Piojos.

  • Peleas

    En ese momento, Gustavo Santaolalla entonaba una versión rockera de «Mañanas campestres», el clásico del grupo Arco Iris, y la gente al menos festejaba el descanso de la disfónica arenga de Silly y Aráoz. Antes había sido el turno de Alejandro Lerner y Los Nocheros. También dijeron presente Patricia Sosa, Bahiano y Kapanga, para luego dejar el lugar de privilegio a «la Negra» Sosa. Aun así, el cierre quedó en manos de La Nueva Luna, grupo de cumbia pedido especialmente por Máximo Kirchner, hijo del matrimonio presidencial que agregó este plus final sobre la organización del show, que estuvo a cargo de Santaolalla.

    La pregunta que muchos se hacían cuando el sol ya caía era si no podían haberse evitado las constantes peleas bajo el escenario. Luego de los golpes y desmanes protagonizados por la UOCRA -se enfrentó con ex combatientes y piqueteros (ver aparte)-, se repitieron constantes tironeos y agarradas entre militantes y gremialistas. Sorprendió que el amplio despliegue policial -incluyó un fuerte vallado y al Grupo Halcón ubicado sobre terrazas estratégicas de la Avenida de Mayo, entre el Congreso y la Casa Rosada-no pudiera impedir que la habitual pelea por mejores espacios cerca del escenario enturbiara en parte el recital.

    En plan de presencias políticas, las representaciones provinciales fueron las primeras en aparecer en la plaza. Mucho antes del mediodía, entre los primeros estuvieron los llegados desde Santiago del Estero, territorio dominado por el radical K Gerardo Zamora. Luego fue el turno de los peronismos de Santa Fe -se observaron banderas con el nombre del saliente gobernador Jorge Obeid, que resignó la Embajada de Cuba y ya sueña con volver en 2011-, Tucumán -lució el nombre del reelecto José Alperovich en banderas y globos de helio-y San Juan -invocando al gobernador José Luis Gioja-. También hubo presencia, aunque más moderada, del sciolismo bonaerense y Entre Ríos, bajo el nombre de Sergio Urribarri, que asume hoy.

    Entre los intendentes se leyeron los apoyos de Osvaldo Amieiro (San Fernando), Jesús Cariglino (Malvinas Argentinas), y Raúl Othacehé (Merlo). El golpeado Frente para la Victoria de la Ciudad de Buenos Aires también colgó banderas.

    Se observó, además, participación de agrupaciones de Derechos Humanos y entre los sindicatos que llevaron su apoyo a Cristina estuvieron los porteros del Suterh, calzado, empleados de la ANSeS, UPCN y la UOCRA, que se lució con un gigantesco globo a todo color con forma de obrero de la construcción.
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