Se acordará ahora el gobierno de las críticas que hizo de Jorge Sobisch por la muerte de un maestro en una protesta gremial. Lo incriminaron desde el ángulo de la justificación de cualquier forma de protesta. La práctica montonera que reivindica el actual gobierno como sostén del reclamo callejero la sufre ahora en carne propia. ¿No tenía algo de razón Sobisch, a quien el gobierno volvió a criticar el jueves pasado por la muerte del docente Carlos Fuentealba, cuando decía que estos hechos pueden ocurrir en cualquier provincia si se tolera el desorden?
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