16 de marzo 2005 - 00:00

Prensa amiga reveló festejos privadísimos del Presidente

Saber qué piensa el presidente Néstor Kirchner es tarea complicada. No habla ante periodistas -salvo en privado y sólo con los amigos que no lo contradicen-, ni da conferencias de prensa. Más bien, prefiere hablar en largos discursos en el Salón Blanco de la Casa Rosada o en actos públicos, siempre durante la puesta en marcha de las múltiples obras públicas que se anuncian mensualmente. Sí se lo intuye al presidente Kirchner hablando en boca de periodistas en medios casi «Boletín Oficial» como lo es «Página/ 12». Como en la nota del periodista Mario Wainfeld al que Kirchner usó el domingo para festejar la forma en que atemorizó -o así lo cree él-a los ganaderos ante el aumento de 15% en el precio de la carne a puro populismo, al punto que al día siguiente elevaron sus envíos a Liniers. Casi como relatando una epopeya popular, el periodista oficialista describe el gesto de Kirchner: «Juntó la yema de los cuatro dedos de su mano derecha con las del pulgar, las unió y separó varias veces, para significar 'se asustaron'».

Que Kirchner está dispuesto a atacar a cualquier sector que le complique la estabilidad de precios -sin duda principal problema hoy del gobierno- no es novedad. Por eso no es tanta novedad que se afirme en la misma nota que «La embestida de Kirchner contra Shell interpela a muchos otros interlocutores», y embolsa en esa lista Kirchner peligrosamente a quienes cree que «quieren detener el cambio».

Es el propio Presidente que «colige que existe la intención política de desestabilizarlo y reacciona en su estilo, politizando la economía», se relata la obsesión.

Preocupa también el ansia presidencial por «una alianza social entre sectores medios y trabajadores», como la que creen se dio casi al nivel de una epopeya a fuerza de « piquete y cacerola» en diciembre de 2001. «Una ilusión que el kirchnerismo anhela convertir en algo tangible», se afirma.

• Componente histórico

Aparece el componente peronista histórico en Kirchner cuando se afirma: «La clase media se expresa no cargando combustible en Shell y respondiendo a los sondeos. Los trabajadores son representados por movimientos de desocupados oficialistas» --cercano en esos términos a una clásica asignación fascista de funciones sociales-para volver enseguida al más puro olor peronista cuando se citan órdenes de Kirchner a sus operadores de piqueteros para el caso Shell: «Díganles a los muchachos que nada de bloqueo, ni piquete, ni agresiones. La Bandera, el Himno y vuelta a casa».

Se ve claramente, también, que las dudas de Roberto Lavagna por este esquema han llegado al centro del oficialismo. «Roberto Lavagna, cuenta uno de sus colaboradores más leales, no comparte este esquema. La presencia piquetera lo preocupa... Las agencias de noticias internacionales, arguye, no captarán la (para ellas demasiado sutil) diferencia entre un bloqueo, una agresión y una movida pacífica, himno patrio incluido», se asusta el ministro.

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