Será por su nuevo acercamiento a la progresía porteña que habla de cortes generacionales como una revolución, o por la debilidad en la argumentación política quizá; lo cierto es que Eduardo Duhalde salió ayer a descalificar a Carlos Menem por su condición de «persona mayor». Como si él no hubiera sido un entusiasta soldado del general Perón, cuando éste ya no sólo claudicaba en edad. Casi tratándolo de viejo y a riesgo de exponerse al retruque sobre la armonía de la madurez con la experiencia, el senador designado presidente habló de «abrir las puertas a nuevas generaciones» y «los que conduzcan, los que estén en el gran escenario nacional, sean personas que vengan con bríos renovados, a la edad en la que el ser humano tiene más polenta». Forma elíptica para levantar a su delfín, Néstor Kirchner, unos 20 años menor que Menem.
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Duhalde hasta consideró «un error» que el ex presidente insista en volver al poder. «Hay que tratar de renovar la política, que haya caras nuevas», consideró Duhalde, seguramente en alusión a la mirada joven que verá en el gobernador de Santa Cruz. Menem seguramente le agradecerá el consejo, justo cuando no sólo quiere volver a ser presidente, sino también -según las versiones-volver a ser padre.
Por otra parte, en un día que pareció creativo en metáforas, el Presidente criticó la acción judicial del el ex mandatario para impugnar la anulación de las elecciones inter-nas del PJ. Dijo que «éstos son todos fuegos artificiales de una campaña electoral, porque Menem sabe que estamos a 20 días de las elecciones y, a esta altura, no se pueden hacer, todos lo saben», señaló. Como si ése no fuera su deseo.
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