Posadas - Néstor Kirchner tuvo ayer su primera derrota de peso en la ronda previa a las elecciones de 2007 con el resultado de la convocatoria a constituyentes en Misiones. Aunque no se haya tratado de una elección de autoridades provinciales, sino de convencionales, el ensayo misionero confirmó, más allá del resultado, el procedimiento que el oficialismo pensó utilizar en muchas provincias. Y no sólo por el armado de alianzas que no reconocen límites partidarios tanto en el oficialismo como en el opositor FUD, liderado por el obispo emérito Joaquín Piña, que triunfó con el No a la reforma, sino también por la dosificación en la exposición de Kirchner y la metodología de comunicación que se utilizó. Es difícil afirmar ya si el triunfo de ayer de ese frente integrado por religiosos y partes de los partidos tradicionales podrá consagrarse como un modelo para exportar desde Misiones a todo el país con posibilidades de éxito.
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Esa «concertación no kirchnerista» aparece hoy similar a la que intenta a nivel nacional, por ejemplo, Roberto Lavagna, pero en la realidad son muy distintas. La principal diferencia surge por la participación de la Iglesia Católica y otras confesiones que operaron por fuera de los códigos usuales de la política. Se anunció desde mucho antes de las elecciones que ni el obispo Piña ni el resto de los religiosos que participaron en el FUD continuarían en actividad política después de la elección de constituyentes, y hoy resulta extraño pensar en la participación de Jorge Bergoglio en una epopeya nacional similar. La Iglesia marcó hace tiempo que el límite de su intervención en la política era la Constitución. El aparato oficial misionero ayer perdió frente a esa posición.
En el interior de Misiones se notó, finalmente, la fuerte influencia de los curas parroquiales en la conciencia de los votantes. Pero también ganó el armado de una coalición, que operó en paralelo con los preceptos espirituales del FUD, que no reconoció formas partidarias. En realidad, ese tramo del Frente por la Dignidad poco se diferencia en su armado del rovirista Frente Renovador de la Concordia. El Frente Unidos por la Dignidad apareció así con la cara visible del obispo emérito, el apoyo de distintas iglesias de la provincia y el influyente obispo de Posadas, Rubén Martínez y, desde Buenos Aires, el cardenal Bergoglio. Detrás se encolumnaron, dentro o fuera del FUD, el radicalismo no kirchnerista -nacional y provincial-, los peronistas antirroviristas que reivindican algunos a Kirchner, otros a Lavagna y también a Mauricio Macri como futuros candidatos.
Revancha
Uno de ellos, Ramón Puerta, tuvo la revancha que esperaba desde hace años. Aportaron también a ese curioso frente, que pareció funcionar compartimentado, Juan Carlos Blumberg, gobernadores como Jorge Sobisch o el propio Macri. Pero ese modelo tiene también sus límites y tensiones internas que se repetirán en el futuro en el resto del país. Es imposible a nivel nacional reeditar una concertación triunfadora como la de ayer en Misiones que vuelva a agrupar a todos bajo un mismo paraguas. Sólo la pelea contra una reforma constitucional para lograr la reelección pudo hacerlo. Carlos Rovira, por su lado, perdió una elección que de por sí era difícil de mostrar al resto del país. Una reforma constitucional para eliminar restricciones a la reelección de un mandatario nunca es bien vista, sobre todo en la Capital Federal, aunque haya sido un hecho común en otras provincias, como Santa Cruz. Por eso dos días antes de los comicios, representantes del FUD razonaban: «El oficialismo ya perdió sea cual fuera el resultado, lo peor que le podía pasar es que esta elección fuera nacionalizada por los medios».
Una vez más, el Presidente se basó en la marcha de las encuestas para dosificar su aparición y la de sus ministros en la campaña provincial, como normalmente hace con temas complicados. Kirchner apareció hace un mes en Misiones junto a Rovira durante un acto en la costanera de Posadas. Más tarde llegaron de Buenos Aires Alicia Kirchner con ayuda social y, sobre el final de la campaña, Sergio Massa de la ANSeS. Recién el miércoles pasado Alberto y Aníbal Fernández volvieron a apoyarlo desde Buenos Aires. Fue un indicio para toda la dirigencia provincial de que los números para el gobernador habían mejorado. Pero nunca existió certeza sobre un posible resultado. Dos elementos jugaban en contra de la anticipación: la influencia no verificada de los curas de cada pueblo sobre el electorado misionero y el poder que pudieran demostrar el peronismo opositor y el radicalismo no kirchnerista en la provincia contra el aparato asistencialista oficial. La experiencia de Misiones enseña también que parece existir un límite hoy en el país para las reformas constitucionales. El caso de Rovira marca claramente ese eje: buena parte de los misioneros e incluso muchos opositores reconocían una buena gestión al gobernador, pero no aceptaban la reforma constitucional. Ese era precisamente el punto fuerte en que se apoyó el gobernador para llevar adelante una, para muchos, antipática reforma.
Se pensó que primaría sobre la conciencia del electorado la obra pública -clave también de la política de captación de Kirchner- y la mejora, por ejemplo, en los precios que se les pagan a los productores pequeños y medianos de yerba mate, que la imagen de la reelección indefinida. Esas cuestiones de la vida diaria pesaron entre las opiniones, incluso, de las clases más instruidas de Misiones, pero no alcanzaron para garantizar una victoria. Es quizás el paralelismo más importante que puede establecerse con el gobierno de Néstor Kirchner que modificó el Consejo de la Magistratura para controlar ese cuerpo, instauró amplios «superpoderes» para el manejo de fondos del Presupuesto nacional y hasta se garantizó poder gobernar con decretos de necesidad y urgencia sin controles molestos, mientras mantiene índices altos de imagen positiva. En Misiones no se verificó la misma historia.
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