Pugna Arslanian-Blumberg no ayuda
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Cualquier ciudadano -especialmente un delincuente- puede acusar a un policía con razón o sin ella. Se abre un sumario y a los que lo tienen, por sólo tenerlos, hoy los echan sin esperar que concluya la investigación. Esto es una injusticia y, viniendo de un ex juez, como Arslanian, grave.
Demuestra así que desprecia a la Policía Bonaerense como desprecia a la crítica de Mariano Grondona o de quien sea. Sueña con la teoría de cambiar a los 47.000 policías bonaerenses por otros nuevos e inexpertos y es lógico que esto preocupe. Jamás el ministro de Seguridad ha dejado trascender un nombre de policía que haya tenido destacada actuación en un secuestro. Su egolatría no permite eso. De ahí se da la paradoja contraria a la mejor imagen de su gestión: cada nuevo secuestro efectuado tiene un amplio despliegue en la prensa pero no los desbaratados en el momento o esclarecidos que con difusión y detalles de la efectividad policial son los que desalentarían a los delincuentes. No entiende que la población se calma más si hay «buenos» identificables, con nombre y apellido.
Esa personalidad particular de Arslanian lo lleva a concebir que es incorrecto felicitar públicamente a un policía. En eso su método de continuas purgas intimidatorias del cuerpo policial lo diferencia de su antecesor Juan José Alvarez, quien con experiencia creía en la felicitación al policía cuando correspondiera, en alentar a la institución, en depurarla pero cuando había certezas, algo que no crea resentimientos. Alvarez también creía en el premio inmediato del ascenso, en la exposición a la prensa para comprometerlo al policía públicamente con la honradez. El «método Arslanian» de atemorizar a la institución bonaerense no está probado que sea más eficaz que el de Alvarez. Y se duda que lo sea porque es propio de un hombre autoritario que se siente por encima del trabajo que realiza y que sobrelleva la omnipotencia de ex juez a un campo donde la crítica de gestión es parte del intento de mejoramiento.
Que le reprochen un fin de semana de descanso en un spa de Punta del Este a un funcionario que, con éxito o no, está sometido a una extrema tensión diaria es una estupidez. Un escarceo totalmente innecesario.
León Arslanian todavía no está perdido -aunque su ego sea enorme para admitir cambios y aceptar errores- en cuanto a ser un buen funcionario y lograr éxito en su innegablemente durísima tarea, de las más difíciles hoy del país, como es estar al frente de la seguridad del conurbano bonaerense. ¿Quién lo envidia? ¿Cuántos se postulan para ese cargo?
¿Pero cómo hacerle entender a Arslanian y legisladores que hay que censar las villas de emergencia sin que ello sea maltratar pobres, hacer nombrar un responsable de cada asentamiento? ¿O cree este ministro que en las propias villas no desean orden y no temen a los delincuentes que allí se ocultan?
El enfrentamiento Arslanian-Blumberg no le hace nada bien a la causa común de todos, que es mejorar la seguridad. Lo de Juan Carlos Blumberg y sus metas humanas y legislativas es de enorme valor y vital para el país porque este padre dolorido representa como nadie el sentir de la sociedad, sus temores y el ansia que los funcionarios tipo Arslanian y los legisladores -hijos de «listas sábana»- no captan. Pero pelear para sacarlo a Arslanian no está bien en Blumberg porque es un desgaste. No se lo van a conceder ahora sin darle al ministro un tiempo para medir resultados. En definitiva tampoco Blumberg confía en la Policía Bonaerense. Pedir que Arslanian cambie algunas actitudes sí es justo.




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