Los palos, los encapuchados que los blanden y las «keffiyahs» volvieron a florearse ayer por el centro de Buenos Aires cuando un par de centenares de militantes de lo que queda de la izquierda marxista acompañó a un grupo de musulmanes a protestar frente a la Embajada de Israel por el dictamen del fiscal Alberto Nisman y los pedidos de extradición emitidos por el juez Rodolfo Canicoba Corral en la causa AMIA.
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En el acto se escucharon encendidos elogios al ex funcionario Luis D'Elía, y críticas al gobierno nacional de «usar a los muertos de la AMIA para quedar bien con el imperialismo yanqui». Los elogios fueron de Mohsen Alí, «representante» de la Casa para la Difusión Islámica, que había acompañado a D'Elía a su fatal visita a la embajada iraní. El dirigente dijo: «Aplaudo la actitud de Luis que fue muy digna». Agregó: «Basta de mentiras sobre nosotros. El gobierno tiene que investigar la pista israelí, porque ellos son los verdaderos terroristas».
A pesar de que el Estado judío no es arte ni parte en ese proceso (no es víctima ni querellante), grupos como Quebracho, la FUBA, el PO, el MST, la corriente piquetera Aníbal Verón y otros por el estilo lo eligieron como blanco de sus iras antiimperialistas. La razón de la marcha fue expresar su «solidaridad» con la República Islámica de Irán ante lo que califican de «falsas acusaciones» contra ese Estado. Un grupo exhibía una pancarta en la que se leía «Todos somos Hizbollah», a pesar de que ese grupo terrorista está acusado de haber llevado a cabo un atentado en territorio nacional en el que murieron 85 ciudadanos argentinos.
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