Quién fue Maquiavelo, el filósofo al que hizo referencia Javier Milei en Davos
En su discurso pronunciado en el Foro Económico Mundial de Davos, el Presidente defendió con vehemencia el capitalismo de libre empresa como el "único sistema justo y eficiente".
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El presidente se refirió a las ideas de tiranía que se deben tener para mantener el poder, como lo sugería Maquiavelo.
En su discurso pronunciado este miércoles 21 de enero de 2026, en el Foro Económico Mundial de Davos, el presidente argentino Javier Milei defendió con vehemencia el capitalismo de libre empresa como el "único sistema justo y eficiente", criticando duramente las políticas socialistas y sus "resultados catastróficos", como el caso de Venezuela, a la que llamó "narcodictadura terrorista".
Durante su exposición, Milei enfatizó la necesidad de volver a los valores de la civilización occidental, inspirados en la filosofía griega, el derecho grecorromano y los principios judeocristianos, para "salvar a Occidente". En un momento clave, declaró que "el capitalismo de libre empresa no socava los valores morales, el dilema entre eficiencia y justicia es falso, los mercados son superiores en lo productivo y son justos. Maquiavelo ha muerto, es momento de enterrarlo". Esta referencia al pensador renacentista no pasó desapercibida y generó debate sobre cómo Milei utiliza la filosofía para respaldar su visión económica y moral.
Pero, ¿quién fue Nicolás Maquiavelo, el filósofo italiano al que Milei aludió para marcar el fin de una era en la que, según él, la política se separa de la ética? A continuación, un repaso por su vida, obras y legado.
Una vida en el turbulento Renacimiento italiano
Nicolás Maquiavelo (Niccolò Machiavelli, en italiano) nació el 3 de mayo de 1469 en Florencia, Italia, en plena época del Renacimiento. Provenía de una familia de tradición notarial y política, aunque no de gran riqueza. Florencia, en ese entonces, era un centro cultural y político vibrante, pero también inestable, marcado por intrigas, guerras y cambios de poder entre familias como los Médici.
Maquiavelo ingresó en la administración pública de la República Florentina en 1498, tras la ejecución de Girolamo Savonarola, un predicador que había impulsado un gobierno teocrático. Durante 14 años, sirvió como secretario de la Segunda Cancillería, encargado de asuntos diplomáticos y militares. Viajó por Europa, negociando con figuras como César Borgia, el papa Julio II y el rey francés Luis XII. Estas experiencias le permitieron observar de cerca el juego del poder en un continente fragmentado por estados ciudad, monarquías y el Papado.
En 1512, con el regreso de los Médici al poder en Florencia, Maquiavelo fue destituido, acusado de conspiración y torturado. Se retiró a su finca en San Casciano, donde dedicó su tiempo a escribir. Murió el 21 de junio de 1527, a los 58 años, sin ver publicada su obra más famosa durante su vida.
"El Príncipe": la obra que lo inmortalizó y generó controversia
La principal contribución de Maquiavelo a la filosofía política es El Príncipe (Il Principe), escrito en 1513, pero publicado póstumamente en 1532. Dedicado a Lorenzo de Médici, el libro es un manual para gobernantes sobre cómo conquistar y mantener el poder en un mundo inestable. A diferencia de los tratados medievales que enfatizaban la virtud cristiana y la moral divina, Maquiavelo adopta un enfoque pragmático, basado en la observación histórica y la realidad humana.
Entre sus ideas clave:
- La "virtù" y la "fortuna": Para Maquiavelo, el éxito de un príncipe depende de su "virtù" (habilidad, astucia y determinación) para dominar la "fortuna" (el azar o las circunstancias impredecibles). No se trata de bondad moral, sino de efectividad.
- Los fines justifican los medios: Aunque no lo dice literalmente, esta frase se asocia con su pensamiento. Argumenta que un gobernante debe estar dispuesto a usar la crueldad, el engaño o la fuerza si es necesario para preservar el estado, siempre que sea de manera calculada y no gratuita. Por ejemplo, recomienda ser "zorro" para reconocer trampas y "león" para asustar a los lobos.
- Separación entre moral y política: Maquiavelo sostiene que la política no debe guiarse por ideales éticos absolutos, sino por lo que funciona en la práctica. "Es mejor ser temido que amado, si no se puede ser ambas cosas", escribe, priorizando la estabilidad sobre la piedad.
Esta visión "realista" lo convirtió en el padre de la ciencia política moderna, influyendo en pensadores como Hobbes, Rousseau y Nietzsche. Sin embargo, fue demonizado por la Iglesia Católica, que incluyó sus obras en el Índice de Libros Prohibidos, y acusado de promover el cinismo y la inmoralidad. El término "maquiavélico" se usa hoy para describir acciones manipuladoras y sin escrúpulos.
Otras obras y un legado más amplio
Maquiavelo no fue sólo un teórico del absolutismo. En Discursos sobre la primera década de Tito Livio (1517), defiende la república como forma ideal de gobierno, inspirado en la Antigua Roma. Allí, enfatiza la importancia de las instituciones, la participación ciudadana y el equilibrio de poderes para evitar la corrupción. También escribió comedias como La mandrágora, sátiras políticas y tratados militares como El arte de la guerra.
Su legado es ambiguo: para algunos, es un humanista que liberó la política de la teología; para otros, un apologista del tiranismo. En el siglo XX, influyó en teorías del realismo internacional y en líderes como Mussolini, quien lo admiraba, aunque Maquiavelo era republicano en el fondo.
¿Por qué Milei lo "entierra" en Davos?
En su discurso, Milei usa a Maquiavelo como símbolo de la idea de que la eficiencia política requiere sacrificar la moral –una separación que, según el presidente, ya no es válida en un sistema capitalista libre.
Al declarar que "Maquiavelo ha muerto", Milei argumenta que el capitalismo no solo genera crecimiento económico (como las reformas en Argentina, que redujeron inflación y pobreza, según mencionó), sino que es inherentemente justo y alineado con valores éticos como la libertad, la propiedad y el principio de no agresión. Para él, los políticos deben dejar de "fastidiar" a los emprendedores, y el mercado resuelve el falso dilema entre eficiencia y justicia sin necesidad de artimañas maquiavélicas.







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