Se habla de unos 400 líderes políticos, incluyendo 64-65 cabezas de Estado, 850 CEOs de las principales empresas y cerca de 100 fundadores de unicornios, más unos 3.000 asistentes individuales de casi 130 países. A la par, se espera la presencia de unos 400 periodistas que fueron cuidadosamente “seleccionados” por los integrantes del WEF.
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Davos: más gente, más $$$, menos representatividad
Hoy estamos todos atentos a las palabras de nuestro presidente en el Foro de Davos, y más aún a las de Donald Trump. Independientemente de lo que digan, el punto es a quién se lo dicen.
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La India -en realidad distintos estados hindúes- acaba de firmar en Davos memorándums de entendimiento con inversores internacionales por cerca de U$D 60,000 millones. Javier Milei busca lograr, aunque sea una veinteava parte de eso.
Van Donald Trump y prácticamente todos los líderes de la comunidad europea (Keir Starmer y Giorgia Meloni están en duda, Pedro Sánchez suspendió por la tragedia ferroviaria, y los daneses, no quieren cruzarse con Trump), Prabowo Subianto (Indonesia), Mian Muhamad Shehbaz Sharif (Pakistán), Isaac Herzog (Israel) y otras cuatro cabezas asiáticas, cinco africanos y unos pocos Latinoamericanos.
Los grandes ausentes -si bien la mayoría mandará representantes y delegaciones de segundo y tercer nivel- son Volodomyr Zelenski, que ni siquiera fue invitado a hablar como ocurriera en el pasado, Vladimir Putin, por razones obvias, Xi Jinping (China), Narendra Modi (India), Recep Tayyip Erdogan (Turquía), Mohamed bin Salman (Arabia Saudita), Sanae Takaichi (Japón), Anutin Charnvirakul (Tailandia), Bola Ahmed Tinubu, (Nigeria), Ciril Ramaphosa (Sudáfrica).
De los nuestros, no van Lula da Silva (Brasil), Claudia Sheinbaum (México), Gabriel Boric ni su sucesor José Antonio Kast (Chile), Gustavo Petro (Colombia), Santiago Peña (Paraguay), Rodrigo Paz (Bolivia),… los que si van son Daniel Noboa (Ecuador), y por supuesto, Javier Milei (los ausentes y Noboa se verán el miércoles próximo en Panamá, durante el “Foro Económico Internacional para América Latina y el Caribe).
Un gran negocio
Antes que nada, hay que tener en claro que los organizadores no publican un “listado de precios”. Siempre fue caro ir a “Davos”, pero el año pasado se volvió carísimo, cuando iniciaron una agresiva campaña para monetizarlo, lo que implicó un incremento de diez veces en las entradas de nivel más bajo (saltaron de u$s115 a u$s1.150).
Lo que podríamos llamar las “entradas top” (élite), que dan acceso a todas las reuniones y almuerzos, pasaron de unos u$s19.000 a u$s40.000 (incluyendo los extras). Como compensación las entradas para miembros de ONG, asociaciones civiles y gobiernos siguen estando bastante debajo de eso, hasta llegar a la gratuidad. Para los que quieran, muchas de las sesiones (arriba de 200) se transmiten de manera virtual.
Claro que esto no es todo. Para poder acceder estas entradas y escuchar personalmente a los líderes del mundo, las empresas deben ser “miembros”, lo que implica un costo anual de u$s75.000 (básico) a u$s758.000 (miembros estratégicos). Así que, sumando los costos de logística, lo menos que debe “garpar” una empresa para mandar un delegado durante esos 4 días, arranca en u$s100.000 (“rebuscándoselas”, avión turista, tren, hotel de tres estrellas, entada de “reventa”, etc.: u$s50,000) y si es una comitiva, fácilmente llega a u$s1.000.000.
Se estima que para este año el resultado de todo esto son ingresos por u$s630 millones (el año pasado algo menos de u$s500 millones), donde 35-40% lo genera el Foro de Davos y el resto otros eventos y especialmente las membresías, donde reporta unos 100 socios estratégicos y 900 corporativos. Si bien se supone que el WEF es una entidad sin fines de lucro, la realidad es que su margen de ganancia histórico va del 10% al 14%, constituyendo un gran negocio, que más de uno envidiaría.
Una baja representatividad
Ir a Davos, es una oportunidad única para iniciar y cimentar algunos contactos, pero por encima de todo para “ver” y “ser vistos”. El foro es un lugar donde nadie nunca va a “patear el plato”, donde todo lo que se diga o haga está dentro de lo previsto.
En algún momento fue Joseph Stiglitz, luego Winnie Byanyima, más recientemente Greta Thunberg y en los últimos años Javier Milei. Buscando adjudicarse representatividad pluralista que nunca tuvo (si fuera “bueno”, diría que es para lavar su culpa), en cada uno de sus foros el WEF recurrió y ensalzó alguna figura “marginal”, un “bicho raro” que cuestionara el “status quo”.
Pero esto fue siempre dentro de los límites que impuso la propia entidad. Más, una estrategia de marketing, para que nada cambien, que un verdadero deseo de cambio.
Los números son impresionantes pero los resultados -como siempre- serán desilusionantes. Con apenas la presencia de los cabeza de Estado que representan en total el… 20,4% de la población mundial, si algo refleja y acentúa este año el Foro de Davos, es como se ha “partido” el mundo: por un lado el G7, del otro los BRICS, y a la cola los países del tercer mundo. Y la verdad, es que eso no es bueno...





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