11 de mayo 2001 - 00:00

R. Alemann: "Sin déficit Argentina tendría un avance inimaginable"

El orador invitado a la peña, Roberto Alemann, mantuvo la serenidad y la ecuanimidad en ese ambiente entre festivo y reivindicativo. Su discurso -improvisado como siempre para hacer trabajar más al periodismo-fue en la línea del muy preciso que hiciera en la reunión del Cicyp, 20 días atrás, y que reflejó en extenso el diario Ambito Financiero.

El «diagnóstico Alemann» es que la economía argentina está razonablemente bien. «Tenemos transporte y comunicaciones modernas. Nos autoabastecemos en petróleo, gas y electricidad y hasta exportamos en estos rubros, algo que asombra al mundo. Duplicamos la producción agropecuaria. Doblegamos la inflación de décadas. Junto con Hong Kong somos el único país que no devaluamos contra el dólar y nos hace uno de los países más estables en su moneda. Ahora exportamos hasta minerales y oro y estamos encarando la forestación que antes era imposible para esperar 15 años financiándose con plazos fijos a 7 días. Exportamos hasta marcas y somos líderes mundiales en miel, limones, golosinas y hasta vinos. Todo esto y mucho más es el lado positivo, la lista B».

Pero agregó que hay otra «lista A» donde estamos mal y la circunscribió a un solo gran problema «la madre de todos los restantes, la que crea desesperanza, pesimismo: tenemos un déficit del Estado de 10.000 millones de dólares si sumamos Nación, provincias y municipios. Si superáramos este problema y tuviéramos déficit cero o cerca, como Chile y muchos países europeos, el avance de la Argentina, frente a los bienes que enuncie en la lista B sería inimaginable. Con ese déficit somos desconfiables en el mundo y de allí vienen nuestros males. Los extranjeros se financian con tasas bajas de 3% a 4%. Nuestros bancos, en cambio, toman dinero del público y se lo prestan al Estado a 12%. Es descontado que se lo prestarán a los particulares a 18% o 20% si además tienen el costo de averiguar antecedentes y mayor riesgo que pasándole fondos al Estado. Sin déficit nos prestaría el mundo a menor tasa y la tendríamos también internamente. Allí vendría el despegue de la Argentina, el salto del país».

Hubo muchos aplausos y luego un discurso de Carlos Menem donde no se refirió a ninguno de los temas de actualidad aunque los englobó a todos leyendo una frase de Joaquín V. González, el genial riojano, que figura en un escrito que se reparte en todas las mesas:

«Trabajo va a tener el enemigo para desalojarme a mí del campo de batalla. El territorio de mi estrategia es infinito y puedo fatigar, desconcertar, desarmar y aniquilar al adversario, obligándolo a recorrer distancias inmensurables, a combatir sin comer, ni beber, ni tomar aliento la vida entera y, cuando se acabe la tierra, a cabalgar sobre los aires sobre corceles alados si quiere perseguirme por los campos de la imaginación y del ensueño.»

«Y después, el enemigo no puede renovar su gente por la fuerza o por el interés, que no resiste mucho tiempo, y entonces, o se queda solo o se pasa al amor y es mi conquista, y se rinde con armas y bagajes a mi ejército invisible e invencible.»

En realidad, con tremenda invocación, no necesitaba Menem explicitar mucho cómo actuará sobre sucesos que pueden sobrevenir. Todos lo entendieron.

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