22 de marzo 2001 - 00:00

Radicales apoyan pero con reservas

Raúl Alfonsín empleó ayer al máximo sus habilidades para convencer a radicales y aplacó la bronca que animó una cumbre de la UCR en la Capital Federal para analizar el giro cavallista de la administración de Fernando de la Rúa. Después de escuchar una interminable andanada de críticas al Presidente, a su nuevo socio Domingo Cavallo y, en algunas voces, a los ex socios del Frepaso, al final de la tarde, el jefe radical alzó la voz para pedir se aprobase un documento.

En ese escrito el partido oficialista apoya a De la Rúa porque le prometió a Alfonsín que, pese a la presencia del ex ministro de Carlos Menem, se compromete a cumplir la plataforma de la Alianza. También despega responsabilidades sobre designaciones. Son, se resigna, «atribuciones exclusivas» del Presidente. Se reserva, sin embargo, el derecho de admisión de las medidas que tome el gobierno y «que considere incompatible con los principios partidarios y de la Alianza.

Al entrar a la sede partidaria, ya Alfonsín adelantó los tonos de su posición: «La designación de Cavallo fue una decisión presidencial y le deseamos toda clase de éxitos, pero la Alianza seguirá y cumplirá con sus objetivos», remató.

En el discurso de cierre, un Alfonsín más «preocupado» que nunca (estado que sus seguidores reconocen propio del Alfonsín estadista) contó lo que quiso del desayuno con De la Rúa en la mañana de ayer en Olivos. «El Presidente me ha asegurado -confió- que va a velar por los dictados del partido y de la Carta a los Argentinos.» Sobre la designación de Cavallo, apenas dijo que él como gobernante había estado obligado a tomar decisiones que no le gustaban. A puertas cerrada, el Presidente le había recordado, con algo más de crudeza, las leyes de obediencia debida y punto final, un tópico que usan los malvados para vencer la resistencia de Raúl cuando quieren sacarle algo.

Simulación

Remató el speech pidiendo el voto al documento que había hecho circular en copias cuando se había iniciado la reunión. Disciplinados, los radicales levantaron la mano y consintieron lo que todos sabían en formidable simulación: que ese escrito había sido redactado en la noche del martes por el taller literario de Alfonsín, o sea antes de que se reuniesen De la Rúa y el jefe radical. En ese taller participaron algunos de los presentes en la reunión, como Angel Rozas, Enrique Nosiglia, Jesús Rodríguez, Marcelo Stubrin y otros allegados.

La reunión se inició con la palabra de los más violentos anticavallistas, ahora arrastrados al más agrio antidelarruista, como el riojano Raúl Galván.

Este senador, víctima de
Chacho Alvarez y del Presidente, se desangró contando cómo había dedicado diez años de su vida a combatirlo a Cavallo. «Ahora me obligan a convivir con él, después de haberme obligado a convivir con Alvarez, que tanto daño nos ha hecho.»

Sólo lo superó en bronca el formoseño Horacio Maglietti, otra víctima del affaire de los presuntos sobornos en el Senado que disparó Alvarez.

Experiencia

Lo siguió en virulencia un contenido Federico Storani, que intentó hacer un relato de su experiencia en el Ministerio del Interior. De la mesa le señalaron que se ciñese al tema del día y no a un informe de gestión. No se animó a criticarlo con nombre y apellido a De la Rúa pero exaltó tanto a los expulsados del Frepaso que dejó todo dicho. «No pude hacer más, me fui», remató su discurso y los presentes ovacionaron esa frase, tan escuchada en boca de radicales.

Habló de un tal
López Mur phy, que fue ministro de Economía, cuya designación lo había sacado a él del cargo.
El resto de los oradores fue aliviando las críticas, aunque ninguno llegó a elogiar lo hecho por el Presidente. El gobernador
Angel Rozas intentó compensar los tantos con una explicación de lo que es gobernar pero dejó claro que lo último que hubiera hecho, de ser presidente, hubiera sido asociarse a Cavallo.

Un ejemplo de la bronca radical y de los nervios de algunos dirigentes es la anécdota protagonizada por el senador
Leopoldo Moreau, el más anticavallistas de los radicales: cuando entró al plenario un mozo para servir café, el senador le pidió: «Tilo tenés que traer», aunque los ánimos no estaban para bromas para festejar nada.

Unos minutos antes de culminar la reunión llegó al Comité Nacional el secretario general de la Presidencia,
Nicolás Gallo. Aunque se dijo que vino a ver al gobernador Rozas, nadie creyó y un radical arriesgó que había ido a la sede partidaria para asegurarle al Presidente que el documento acordado en Olivos se iba a votar, como finalmente ocurrió.

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