Raúl Alfonsín, Luis Cáceres, Adolfo Stubrin y Ricardo López Murphy.
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Todo eso es lo que se condensa en la asamblea de hoy, durante la que deberían renovarse las autoridades de ese cuerpo, que es una especie de Legislativo y Judicial del partido. El ritual cifrado de esta reunión de radicales merece una traducción que lo vuelva comprensible para el ciudadano común. Sería ésta: los radicales pugnan por controlar el órgano partidario que debe convalidar la estrategia electoral que seguirá el radicalismo el año próximo. Sólo si se tiene dominio sobre ese dispositivo institucional se puede aprobar una alianza determinada. Y está claro que la crisis que atraviesa la UCR aconseja a casi todos sus dirigentes a concurrir a las urnas formando parte de una coalición.
Si hubiera que ponerle nombres a esta contradicción, hay dos que sobresalen: Raúl Alfonsín (de nuevo, sí, Alfonsín) y el chaqueño Angel Rozas. El ex presidente se ha transformado en las últimas horas, sobreponiéndose al duelo de la muerte de su nieta, en el principal puntero de uno de los candidatos en disputa para comandar la convención: el santafesino Luis «Changui» Cáceres.
• Protagonistas
Rozas, por su lado, auspicia la candidatura de otro dirigente de Santa Fe, Adolfo Stubrin, quien tuvo un momento de vacilación inicial apoyando a quien hoy es su contrincante, Cáceres.
No son los únicos protagonistas de lo que pasará hoy en la calle Tucumán de la Capital Federal. Terciando entre ambos está el alfonsinista Antonio Tomás Berhongaray, pampeano que se propone como síntesis entre ambas vertientes en contradicción. Y también el rionegrino Oscar Machado, quien recibe el aval del líder radical de su provincia, Pablo Verani.
Como sucede entre los radicales desde el siglo XIX, el motor inmóvil de la interna está dado por las contradicciones que aparecen en la provincia de Buenos Aires. Allí hay dos grupos enfrentados hasta el borde de la ruptura: uno, el oficialismo partidario, que representan Alfonsín, Leopoldo Moreau y Federico Storani, controla la burocracia y se expresa a través de la boca del ex presidente. Alfonsín anunció que está trabajando para tejer una alianza de centroizquierda con el socialismo.
• Condicionante
Como sucede siempre, el gobierno y su juego son el principal condicionamiento de la vida partidaria opositora. En este caso, la postulación de Cáceres hace juego con la idea de ir a las elecciones del año que viene con una coalición izquierdista. Después de todo, Cáceres es una especie de « joven K» (al que habría que agregarle «ex» más por lo de joven que por lo de «K») que puede darle a la UCR un tono y argumento coherentes con el rebrote setentista y socializante que llevaron los Kirchner a la Casa Rosada. Con una característica más: «Changui» no ocupó jamás un cargo público (fue diputado nacional), lo que lo vuelve especialmente atractivo en su grupo. Es que en el caso de los radicales haber ocupado cargos suele ser siempre haber fracasado: Jorge Asís es quien mejor define este rasgo cuando dice que el radicalismo es una «organización no gubernamental».
¿Qué hay detrás de la candidatura a presidir el órgano deliberativo del partido? En principio, el deseo de bloquear cualquier entendimiento con fuerzas de centroderecha como las que confluyen tras la figura de Ricardo López Murphy. La versión más extrema de este planteo la formuló Raúl Alfonsín denunciando la proximidad de un golpe contra la democracia, que sería para él el destino natural de quienes se le oponen en la interna.
Alrededor de esta tesis orbitan también Moreau y Storani. Alrededor de Cáceres se concentraron los distritos más numerosos. Hay que tener en cuenta que la Convención Radical se compone de tantos miembros como legisladores tiene el Congreso de la Nación, es decir, 347. Por provincias la proporción es la misma: cada distrito está representado por un número de bancas idéntico a la suma de diputados y senadores con que cuenta en el Legislativo. Por eso, este izquierdista tiene las de ganar: lo apoyan Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba (distrito controlado desde este año por Carlos Becerra).
Sin embargo, la carrera de Cáceres no está libre de obstáculos. Rozas, el controvertido jujeño Gerardo Morales y el mendocino Roberto Iglesias, entre otros, le interpusieron la candidatura de Adolfo Stubrin, secundado nada menos que por Helios Eseverry. Es el intendente de Olavarría, quien lidera la oposición al oficialismo en la provincia de Buenos Aires. Detrás de este grupo existe la posibilidad de un entendimiento con López Murphy, si el economista termina encarnando la candidatura a senador que enfrente al gobierno en territorio bonaerense.
La aproximación a López Murphy también es una hipótesis vigorosa entre los porteños. La insinuó Enrique Olivera, al presentarse con el ex ministro de Economía en el Centro de Ingenieros, la semana pasada, en una conferencia que también compartió Aldo Ferrer. ¿Hasta dónde llegan estas conversaciones? Para estos radicales se trata de volver a las fuentes del alfonsinismo de 1983, que fue un espacio tan abierto que incluyó casi todo lo que no era peronismo ortodoxo.
• Urgencia
Para López Murphy la urgencia tiene que ver más con cerrar el casillero de una candidatura porteña: Olivera y Adalberto Rodríguez Giavarini son los dos radicales con los que juega la imaginación del líder de Recrear para encabezar la lista de diputados del año próximo en la Capital Federal.
¿Cómo podría el sector que postula a Stubrin, representado por la conducción actual del Comité Nacional, impedir el ascenso de Cáceres? Sencillo: negando el quórum para comenzar la sesión, cifrado en 174 convencionales. Es casi imposible que el alfonsinismo llegue a esa cifra sin una alianza con el sector que concentra Verani en la candidatura de Machado. Por eso Alfonsín se movió en las últimas horas para anudar la complicidad de Verani a cambio de algunos cargos en la convención para los rionegrinos.
Como siempre le sucede al ex presidente, se encontró con el obstáculo de las maquina ciones de Rafael Pascual, el ex titular de la Cámara de Diputados. A través de su colega Jorge Pascual (Río Negro), el caudillo de Parque Patricios buscaba anoche que Machado desista de su candidatura y se sume a Stubrin.
En tal caso, la convención de hoy sería una pelea de final incierto. Cáceres y los alfonsinistas seguían despotricando anoche contra el manejo administrativo de Rozas y el Comité Nacional. Decían que la convocatoria se postergó infinidad de veces para no admitir el ascenso del sector izquierdo del partido y hasta se quejaban de que los convencionales debían pagarse sus propios pasajes para llegar a Buenos Aires, algo que después les sería reembolsado.
Afectado por las dos últimas experiencias de gobierno, fracturado internamente por acusaciones terribles (entre ellas la que se le formula al oficialismo bonaerense de haber volteado a Fernando de la Rúa en alianza con el duhaldismo), los radicales van a la convención sin una agenda de debate que prometa alguna resurrección cercana. Ni siquiera la gimnasia opositora respecto del gobierno los convoca. Para advertirlo bastaba ver durante esta semana a los dos presidentes de bloque, Mario Losada y Horacio Pernasetti, formando un corrillo alrededor de Kirchner en Nueva York junto a los legisladores peronistas que formaron la comitiva presidencial.
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