29 de noviembre 2005 - 00:00

Radiografía de los cambios: los cuatro criterios "K"

Radiografía de los cambios: los cuatro criterios K
Néstor Kirchner reveló, con los cambios de ministros que realizó ayer, que está abrazado a varios criterios que afloran de manera transparente en la operación:

1. El estilo de conducción absorbente: nada que decir, en principio, acerca de las competencias técnicas de los ministros designados. Más importante es que se los eligió por su docilidad más que por su calidad. El reemplazo de Roberto Lavagna es, en este sentido, sorprendente. Los presidentes suelen desprenderse de su primer ministro de Economía para entregarse en brazos de un técnico a quien benefician con una gran delegación de poder. Fue el caso de Raúl Alfonsín en el pase de Bernardo Grinspun a Juan Sourrouille; o el de Carlos Menem en el cambio de Erman González por Domingo Cavallo. Hasta Eduardo Duhalde cumplió esta ley, cuando reemplazó a Jorge Remes Lenicov por Lavagna. Sin embargo, el cambio de éste por Felisa Miceli supone que el Presidente tendrá ahora un control más directo del Palacio de Hacienda.

• Perfeccionamiento

Lo mismo se puede predicar de la sucesión en Cancillería, donde a las veleidades de autonomía de Rafael Bielsa, sobre todo en la campaña electoral, les fue aplicado el peor de los castigos: la designación de su segundo, Jorge Taiana. El sadismo de Kirchner se perfeccionó aquí con la arbitrariedad: a Bielsa se lo reemplazó con la excusa de que es diputado electo. Igual que Taiana, su sucesor. Ayer el canciller visitó la Casa Rosada bien temprano, pero se fue sin la noticia que, cinco minutos después, se comunicaría oficialmente.

Taiana, a diferencia de Bielsa, demostró durante la Cumbrede las Américas una gran plasticidad para cumplir con las órdenes de su jefe. Fue él quien recibió la instrucción de «hundir el documento de la cumbre si con él se pone en riesgo la anticumbre», como indicó el Presidente. A sabiendas de que se iniciaba una aventura muy osada, Taiana la ensayó. Ahora le pagaron la obediencia.

En todos los casos, Kirchner demuestra que tiene dificultades para delegar funciones. El gabinete, ahora más que antes, es él.

2. El aislamiento: la segunda propensión que el Presidente puso ayer de manifiesto es la de organizar una gestión más encapsulada. No sumó a nadie ajeno a sus filas. No se enriqueció el equipo con ninguna versión distinta de la oficial sobre los problemas del país. Es una consecuencia de aquel espíritu absorbente. Sólo que, con la designación de Taiana y Garré (no se sabe aún si también con la de Miceli), la tendencia de la administración parece ser una mayor desconexión de los centrosinternacionales de poder. Sobre todo de Washington. Taiana será un ministro proclive a satisfacer cierto espíritu juvenil, setentista, en la visión del mundo que profesan los Kirchner (sin incurrir en el sarcasmo de la periodista Sylvina Walger, para quien ese matrimonio «está ideológicamente, en el plano internacional, en la edad del pavo»). Garré fue puesta en Defensa no sólo por ser mujer; también porque se pretende llevar a esa área a alguien que luce como amiga del bolivariano Hugo Chávez, una embajadora cuyas últimas declaraciones estuvieron destinadas a burlarse del mexicano Vicente Fox y sus pretensiones librecambistas.

• Continuidad

Los dos nombramientos van en el sentido de otras medidas recientes, como el intento de resolver por la relación con Hugo Chávez los dos problemas más importantes que debe enfrentar la gestión Kirchner: el financiamiento externo (colocación de bonos) y la crisis de recursos energéticos (construcción de un megagasoducto). Los más benevolentes aducen que el Presidente está haciendo gestos para presionar a Estados Unidos en una negociación que se cerrará en el FMI. Pero, ¿en Washington hay alguien negociando con la Argentina?

El ensayo de aislamiento, que procura evitar algunos ajustes indispensables para normalizar la economía en los términos en que espera el G-7 y su mandatario, el FMI, tendrá viabilidad sólo si Kirchner sigue contando con un formidable superávit fiscal. Es en ese superávit, que le provee una caja al parecer invencible, donde hay que encontrar los fundamentos del autismo político y de la agresividad del que no se siente compelido a negociar con nadie. Sólo en posesión de estos recursos se puede sostener un gabinete como el que se diseñó ayer.

3. La fascinación por el Frepaso: el tercer criterio que adoptó Kirchner con estos cambios es el de incorporar a su gobierno a todo aquel que haya tenido algún grado de conexión con Carlos Chacho Alvarez y sus movimientos en los '90. Garré y Miceli ( frepasista por la vía de Roberto Lavagna) pertenecen a esa cepa y se suman a una lista demasiado extensa si se tienen en cuenta las competencias políticas de esa agrupación: Juan Carlos Olima, José Octavio Bordón, Rafael Romá, Darío Alessandro, Rafael Bielsa, Eduardo Sigal, Diana Conti, Vilma Ibarra, Aníbal Ibarra, entre otros. En las próximas horas acaso se produzca la consumación de esta tendenciacon la incorporación del propio Chacho como funcionario del gobierno en calidad de secretario general del Mercosur en representación de la Argentina.

4. La búsqueda incesante de la «transversalidad»: la tendencia anterior responde, desde el punto de vista electoral, a un designio principal de Kirchner. Es su obsesión por conquistar a una clase media urbana, pasablemente centroizquierdista, que nunca vio al peronismo como un canal político pero sí votó por el radicalismo «progre» o por el Frepaso. Ese universo político-electoral fue el objetivo poblacional de Cristina Kirchner durante su campaña bonaerense. El discurso antimenemista y antiduhaldista estuvo dirigido, desde «el ballottage que no fue» hasta las legislativas bonaerenses del último 23 de octubre, a capturar la atención de un público que difícilmente votaría a un peronista clásico de centroderecha. Kirchner está convencido de que inclinando su gobierno hacia la izquierda podrá contar en 2007 con votos que en los comicios de octubre le fueron negados: parte de los que conquistó Hermes Binner en Santa Fe y parte de los que fueron a Elisa Carrió en la Capital. El Presidente va detrás de estos electores cuando rehúsa una foto con la dirigencia del PJ clásico y cuando imagina a su esposa Cristina como candidata a gobernadora en 2007, poniendo la provincia de Buenos Aires al servicio de la reelección presidencial.

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