27 de noviembre 2007 - 00:00

Rajoy, otra estrella en el debut de Cristina

En ese festival de señales que es la política para los Kirchner destaca un hecho de agenda de la nueva presidente. Ocurrirá 48 horas después de la jura como jefa de Estado de la primera dama y busca desconcertar a algunos y alegrar a otros: recibirá al dirigente conservador español Mariano Rajoy. La cita está confirmada para el 13 de diciembre próximo y se la concedió la presidente electa en cuanto se enteró de que el candidato a disputarle en marzo próximo el cargo de José Luis Rodríguez Zapatero vendrá al país en una gira proselitista que busca volcar a su favor los 300 mil votos de los emigrantes de su país que viven en la Argentina pueden decidir por lo menos un par de diputaciones en provincias gallegas, pese a que son menos de 1% del padrón total español-.

Quienes tienen una lupa sobre Cristina Fernández para saber si es o no es de Kirchner le siguen día a día el carné de baile y la sucesión de debuts. Estuvo con todos los mandatarios de Iberoamérica en Santiago, después se corrió a Brasil, el jueves estará en Paraguay. Saludará a un malón de invitados como primera dama cuando su esposo se despida como presidente la noche del sábado 9 de diciembre (cena en el Palacio San Martín); estrenará cargo ante esos mismos invitados con un besamanos el domingo 10 por la tarde en Casa de Gobierno.

De ahí, la agenda externa se concentra en España. El lunes 11 ya tiene cita con el príncipe Felipe de Asturias, que representará a su padre en estos fastos; el miércoles 13 entrará a su despacho Mariano Rajoy.

¿Desaire a «ZP» -como llaman algunos medios a Rodríguez Zapatero-? No, si lo recibieron en Buenos Aires hace dos semanas con pompa en Olivos, cuando todos regresaban de la cumbre en Santiago de Chile a Buenos Aires, donde el premier español lanzó también él su campaña para la reelección. Pese a lo que se diga, la relación entre España y la Argentina no pasa hoy por ningún tumulto, las cuentas pendientes se están arreglando -es decir, se cumple el programa de reajustes tarifarios hacia el año que viene-y va como por un tubo la venta de 25% de las acciones de Repsol YPF al grupo Ezkenazy, que será uno de los primeros anuncios estridentes de la nueva presidente.

  • Conveniencia

  • Para que todo esto avance, los Kirchner necesitan tanto de Zapatero como de Rajoy, a quien la senadora recibió en su último viaje a Madrid. Lo hizo a pedido de la propia administración socialista, que buscó protegerse de críticas de la oposición conservadora si le hubieran hecho un desaire a la esposa de Kirchner.

    Con esta visita funciona el mismo mecanismo: le conviene a Rajoy verse con Cristina de Kirchner porque cree que le puede ayudar a conseguir sufragios de emigrantes españolesque miran estas imágenes de amistad fingida sin las entrelíneas políticas. Le conviene también al nuevo gobierno Kirchner, porque equilibra la agresividad de los « populares» que critican al gobierno argentino por sus coqueteos con el chavismo. También porque Rajoy, en una de esas, podría ganar la elección de marzo, reemplazarlo a «ZP»; les conviene a los Kirchner cubrir también ese número, aunque prefieran como amigos a su adversario.

    Pero también les conviene a los socialistas que, en plena campaña, no pueden permitir que en la colectividad española se diga que Zapatero le prohíbe a Cristina de Kirchner recibir a su adversario. Esos 300 mil votantes en su mayoría no entienden que esos dirigentes que visitan la Argentina para pedirles el voto y halagarlos con promesas electorales encima aparezcan peleándose en público. Lejos de la inquina política, los querrían ver a todos abrazados en la misma foto.

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