30 de junio 2003 - 00:00

Raro: ahora sindicalistas quieren que Kirchner intervenga el PAMI

Si la embestida del gobierno de Néstor Kirchner sobre la Corte Suprema de Justicia obtuvo un éxito el viernes, con la renuncia de Julio Nazareno al tribunal, la que se dirigió sobre el PAMI tuvo resultados menos triunfales. El jueves pasado Juan González Gaviola, interventor en el instituto y cuñado del embajador en los Estados Unidos José Bordón, se retiró enardecido de la obra social después de una discusión brutal con Reinaldo Hermoso, uno de los representantes de la CGT en el directorio. Ramón Graneros, delegado del Estado igual que Gaviola, no se solidarizó con el titular del cuerpo y lo reemplazó para seguir deliberando.

El químico Hermoso, como el sepulturero Domingo Petrecca, tienen el cuero más duro que Nazareno. Y además recibieron un respaldo inesperado de parte del Consejo Directivo de la CGT. Ese organismo se reunió el martes por la mañana en la sede del sindicato de empleados públicos (UPCN) en una sesión memorable por los pases de facturas. No había faltado nadie pero las dos presencias que más interesaban eran las de Armando Cavalieri y Luis Barrionuevo. El mercantil salió con las de perder, por el rosario de reproches que le dirigieron Juan Zanola, Pedro Goyeneche y Rogelio Rodríguez, quienes le echaron en cara la gira televisiva que había realizado para pedir «transparencia» y «estar a tono con el estilo del nuevo Presidente» (esto último el veterano Cavalieri lo reclama con cada cambio de gobierno desde la década de 1960). La conclusión del encuentro fue que Petrecca y Hermoso presentaron la renuncia a sus puestos en el PAMI pero el secretariado de la CGT no se las aceptó. Los dos retiros quedaron «ad referéndum» de un nuevo avance del gobierno. En rigor, los sindicalistas no quieren negociar su continuidad y, en cambio, encuentran más rentable que Kirchner intervenga el PAMI y pague el costo de manejarlo en soledad a través de González Gaviola. Ginés González García quedó dañado con esta forma que adquirió el juego. El se había comprometido ante el Presidente a encontrar una solución incruenta que ahora su amigo sindical Carlos West Ocampo no sabe cómo satisfacer. Además, el viejo acuerdo por el cual los gremios entregarían el PAMI para que el médico sanitarista ceda la super-intendencia de Salud (control de las obras sociales) tampoco funcionó.

En la Superintendencia sólo renunció un hombre ligado a los sindicatos (en especial al menemista José Luis Lingeri) como es Néstor Vázquez a quien José Pampuro dio asilo en Defensa como «suboficial camillero». Vázquez estuvo en el ida y vuelta de los subsidios a obras sociales desde que Kirchner llegó al poder, tarea que había hecho durante el menemismo con Lingeri. Ahora en su lugar habrá alguien del nuevo Presidente o tal vez la doctora Susana Elordi, que revista en el PAMI con destino en la Subsecretaría de Coordinación del Ministerio de Salud. Mientras tanto, González García conserva a los hombres de su Fundación Isalud (una especie de Ecolatina del sanitarismo) al frente de la superintendencia: Eugenio Zanarini en la administración de los «programas especiales» y Rubén Torres en la Superintendencia. Los problemas del PAMI ya no lo inquietan dado que en la obra social quien debe superar las vallas es González Gaviola. Este mendocino no sólo no logró que renuncien los dos representantes de la CGT; tampoco obtuvo para la conducción una delegación de poderes del directorio. Los jubilados que integran la mesa de conducción se lo explicaron la semana pasada: «Si delegamos responsabilidades, ustedes y los gerentes terminan haciendo lo que quieren y nosotros caemos en los juzgados por asociación ilícita».

Atadas las manos por el directorio, donde hay jubilados de Matilde Menéndez, de Eduardo Duhalde (tiene allí a un compadre de Tucumán) y de los «gordos», Gaviola no tendrá más remedio que intervenir la obra social. Será cuando empiece la guerra en serio con los prestadores que quieran cobrar sus deudas o salvar sus contratos.

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