A 108 años del primer despliegue argentino que marcó desde entonces una presencia ininterrumpida del país en el continente blanco, Cristina de Kirchner encabezará hoy a la tarde la celebración del Día de la Antártida en el Salón de las Mujeres de la Casa Rosada.
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El 22 de febrero de 1904 la Argentina izó por primera vez la Bandera Nacional en Orcadas y durante 40 años fue el único ocupante permanente en la Antártida. La efemérides dará pie a otra crítica oficial a la pretensión de Gran Bretaña de ampliar desde las Malvinas, su proyección hacia el continente helado.
«Las islas Malvinas han sido transformadas por el Reino Unido en una pieza clave de un sistema de bases militares a miles de kilómetros de Londres para el control del Atlántico Sur, los accesos interoceánicos y la proyección a la Antártida». En estos términos, la semana pasada, el canciller Héctor Timerman, en representación del país, denunció ante la ONU que Gran Bretaña profundizó la militarización del Atlántico Sur, no sólo con el despliegue del destructor de última generación HMS Dauntless sino también con el envío del ministro David Willetts que hizo escala en el archipiélago antes de partir hacia la Antártida, y con la gira de los miembros de la Comisión de Defensa del Parlamento británico en visita oficial a las islas. La diplomacia suele dar en el blanco con escenarios de anticipación, aquella denuncia traía el condimento político para reincidir en la queja a propósito de la conmemoración antártica.
La Presidente había anticipado ya en la Asamblea General de la ONU en 2011, los riesgos de una catástrofe ecológica que podría producir un derrame en la explotación de hidrocarburos programada por el Reino Unido en aguas circundantes al archipiélago y su implicación en la península antártica por las corrientes oceánicas. Hay otros riesgos bajo estudio.
Tres gabinetes de especialistas: uno en la Cancillería, liderado por el embajadorRicardo Mansi, y dos de analistas de inteligencia basados en el Ministerio de Defensa y en la Armada, bajo la conducción de la licenciada Lourdes Puente de López Llovet, directora nacional de inteligencia estratégica militar, siguen la evolución de la iniciativa que lanzó el año pasado Gran Bretaña sobre la creación de una zona de protección marina en torno a la islas Georgias del Sur (que incluye a las Sándwich del Sur) punto emblemático, allí comenzó el conflicto de 1982. El área de pretendida conservación abarcaría alrededor de un millón de kilómetros cuadrados de océano en torno a ese grupo insular que es puerta de entrada y proyección inmediata la península antártica. Esa zona es el hábitat de focas, morsas, pingüinos y de la merluza negra, una especie de alto valor económico, muy estimada en el mercado asiático. «Publicitar deseos de preservación de la biodiversidad para bien de la humanidad es loable si no fuera que desde otro punto de vista lo que se busca es construir elementos que puedan servir en una disputa soberana de territorio que fue usurpado», dijo a este diario una fuente al tanto del estudio.
De llevarse adelante, será otra iniciativa unilateral británica con otros puntos que preocupan a los analistas: la zona debe ser vigilada para poder hacer efectiva la conservación y a la vez ejercer poder de policía frente a los infractores; habrá necesidad de aumentar la presencia de la Royal Navy; es posible que el despliegue arranque con un buque de patrulla con rango civil como lo fue cuando comenzaron las actividades pesqueras en Malvinas hasta que se asignó un navío de línea a la tarea; la financiación del esfuerzo de patrullado no recaería en Londres sino que se haría con la recaudación de licencias pesqueras otorgadas por el comisionado de Georgias, una manera de sentar precedentes soberanos, dicen esas cavilaciones.
El discurso presidencial enumerará logros y proyectos en materia antártica: la adquisición de dos helicópteros rusos MI 17 cuyas tripulaciones están en proceso de entrenamiento en la base aérea de Moreno y que serán utilizados recién en la campaña de verano 2012-13, los avances en la reconstrucción y modernización del siniestrado rompehielos Irízar, aunque hay voces del astillero Tandanor que aseguran un retraso de más de seis meses en la fecha original de finalización del proyecto y, el más concreto: la puesta en marcha del estratégico Polo Logístico Antártico Internacional, en Ushuaia, provincia de Tierra del Fuego y el futuro traslado de la Base Naval Almirante Berisso de esa capital fueguina.
La iniciativa busca consolidar a Ushuaia como la principal puerta de entrada a la Antártida, la ciudad dista solamente a mil kilómetros del continente blanco.
El dinero para la obra sale del Fideicomiso Austral, un convenio entre la Nación y la provincia fueguina firmado en 2010 por el que esta última percibe un porcentaje de las regalías de los hidrocarburos que se extraen de los yacimientos ubicados fuera de los límites marítimos provinciales y que antes iban íntegramente al Tesoro nacional.
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