12 de marzo 2008 - 00:00

Reaparece López Murphy. Al menos, ahora habla

• No habrá explosión económica este año. Pero el gobierno fabrica pobres con la inflación, no advierte el macanazo. Es malo tener inflación de 25% o 26%.

• Vivimos un momento especial como si fuera para siempre. Al revés de Chile y del Brasil. De ahí que no tenemos inversiones extranjeras directas.

• No ve ideas en Elisa Carrió, y de Mauricio Macri -«hace meses que no hablo con él»- reconoce que la última campaña electoral los alejó mucho.

Ricardo López Murphy
Ricardo López Murphy
López Murphy, el hombre que en 2003 acarició el ballottage en una presidencial, parece desmantelar el armado político que cuatro años más tarde ayudó al triunfo de Mauricio Macri en la Capital Federal. En perspectiva parece un espejismo del pasado que este dirigente que viene de la economía y del radicalismo (casi un oxímoron) haya tenido tanta gravitación y que hoy pelee una interna de un partido minoritario como es Recrear. No pierde por eso las ganas y en un largo diálogo -del cual reproducimos los párrafos centrales- con este diario, en el que hizo severos juicios sobre la alianza de Mauricio Macri con un sector del peronismo de la provincia de Buenos Aires, criticó lo que cree es la imposibilidad de Elisa Carrió de construir una alternativa. Supone también que la vuelta de Néstor Kirchner al PJ clausura la fantasía de un bipartidismo izquierda-derecha en la Argentina y hasta se permitió un juicio sobre la coyuntura económica. Aquí lo principal:

Periodista: ¿Ve alguna amenaza para la economía este año?

Ricardo López Murphy: Yo no creo en eso, creo que tenemos una altísima inflación que le hace mucho daño a la economía, en materia informativa, en materia de distribución del ingreso. Es un gran impuesto a los pobres. Pero no veo un gran desborde de la economía, porque se desbordaba la inflación cuando era necesaria para cerrar un bache fiscal. Hoy no es necesario; hoy la inflación le permite al gobierno acumular recursos, reservas, no necesita financiación con deuda. La inflación fabrica pobreza, es una mala asignación de los recursos, es un mal patológico. Habría que preguntarle al gobierno dos cosas: si somos tan geniales, a lo Borges, para hacer lo que los demás no hacen, o estamos haciendo un macanazo.

P.: Usted ya tiene la respuesta.

R.L.M.: Sospecho que crecer con inflación es un elementode retroceso social. Ahora si me preguntan si hay riesgos para que eso se escale, yo digo que no. Bueno, hay países con alta inflación, pero no son ejemplos que yo seguiría. Hay países de la región con inflación más baja que la nuestra, cuando tuvieron históricamente inflaciones más altas que nosotros. México, Brasil, Uruguay y Chile, que son variables de control, siguen reglas muy distintas de las nuestras y, además, son reglas más razonables. No hay condiciones para un desborde exponencial de la inflación, pero creo sí que es muy malo tener una inflación del orden de los 25% o 26%, es malo socialmente y será un problemón para más adelante.

  • Una locura

    P.: ¿Esos son los números suyos?

    R.L.M.: (ríe) Es que esto de los índices no ocurre en ninguna sociedad civilizada; es como si quisieran modificar el sistema métrico decimal, es una locura. Ahora hay otro condimento más que en nuestro debate interno está ocurriendo, que se suma a qué características debe tener la identidad de la fuerza y a cuál es el escenario político donde la fuerza debe operar, y es cuáles son las reglas que una fuerza política tiene que tener para adquirir compromisos más estables y duraderos. Se necesitan reglas de gobernabilidad de la coalición que nos permitan saber cómo se toman las decisiones, cómo se protege a las minorías, en definitiva, la elaboración de una plataforma en común que contenga una crítica severa sobre los procesos que alejaron a la Argentina del resto del mundo. Sin definir esa base es imposible crear una alternativa.

    P.: Digamos que en eso coincide con Carrió...

    R.L.M.: Ese será el aspecto más sencillo, pero en ese contexto debemos entender que la Argentina debe reintegrarse al mundo. En este sentido debemos ver lo que fueron los gobiernos tradicionales uruguayos, brasileños y hasta Chile o Perú, inclusive la coalición mexicana, que están haciendo un gran esfuerzo. Si vemos hacia dónde van ellos y vemos hacia dónde va el chavismo, la articulación de la sociedad argentina es, cuanto menos, compleja en esa comparación. Pero, además, nuestra cultura política no tiene claras las reglas elementales de las coaliciones: narrativa, toma de posiciones, elaboración de programa en común y elección de candidato. Hoy nadie sabe cómo se van a resolver esas cuestiones. Yo he escuchado a los dirigentes decir que las internas no sirven para nada; ahora, si esto es así lo único que queda es el dedo del poder. Ustedes vieron que el congreso de PJ se desarrolló sin intervenciones, ahora no hay conflicto, no hay discusiones.

    P.: No es nuevo en el peronismo...

    R.L.M.: Pero el PJ aceptó en los años 80 una dramática renovación que fue aceptar las reglas de la democracia liberal, las reglas de la sociedad civil, las reglas del pluralismo y se subió a una ola que no era exclusiva del justicialismo, lo hizo el PT, lo hizo el Frente Amplio, lo hizo Alan García, hasta el PRI mexicano.

    P.: Pero les agarró un susto tal que nunca más quisieron repetir la experiencia...

    R.L.M.: Ese esquema de volver a la economía cerrada, a la sociedad corporativa, todo lo que Duhalde intentó restablecer, su «renovación», todo eso es incompatible con la modernidad...

  • Participación

    P.: Además, genera gobiernos débiles, sin apoyos de abajo...

    R.L.M.: Y cuando viene la crisis está aquello de: «Yo no lo voté». El tipo sacó nueve millones de votos y cuando viene la crisis, no lo votó nadie. No hay identificación profunda con el candidato. Uno ve los debates, las campañas en España, hasta en Estados Unidos, y lo nuestro no tiene nada que ver con eso. El grado de participación en esas sociedades es enorme y el grado de entendimiento de los temas que se discuten también es enorme.

    P.: ¿Ve alguna posibilidad de que eso cambie?

    R.L.M.: Creo que todavía nosotros estamos tratando de entender qué nos pasó entre 1998 y 2001, por qué tuvimos la crisis del sistema político y por qué nos recuperamos. Nos recuperamos no por la política, sino a pesar de la política. Los vientos de cola para la economía latinoamericana fueron espectaculares, los precios internacionales de los commodities se multiplicaron, las tasas de interés en países deudores están negativas. Me pregunto qué pasaría si cambiaran las condiciones; no le queda nada sólido al gobierno detrás de esta política. En cambio, Chile ha quedado sólido porque realizó políticas contracíclicas, se fortaleció, mejoró su calidad institucional y su previsibilidad. Algo así hizo Brasil y en menor medida Perú; se preparan para el futuro y nosotros estamos disfrutando circunstancias especiales como si fueran para siempre. Por eso no tenemos inversiones extranjeras directas. Nuestra institucionalidad está frágil debajo de una cortina de humo.

    Entrevista de Ignacio Zuleta
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