27 de julio 2004 - 00:00

Relevo, con una orden lógica: cumplir la ley

Néstor Kirchner puso anoche en funciones al nuevo ministro de Justicia Horacio Rosatti y al secretario de Seguridad Alberto Iribarne. El gobierno se empeñó en mostrar que la crisis de gabinete fue pasajera. Estuvieron Daniel Scioli; Marcelo Guingle; el gobernador de Santa Fe, Jorge Obeid, y Aníbal Ibarra.
Néstor Kirchner puso anoche en funciones al nuevo ministro de Justicia Horacio Rosatti y al secretario de Seguridad Alberto Iribarne. El gobierno se empeñó en mostrar que la crisis de gabinete fue pasajera. Estuvieron Daniel Scioli; Marcelo Guingle; el gobernador de Santa Fe, Jorge Obeid, y Aníbal Ibarra.
El presidente, Néstor Kirchner, buscó provocar ayer un cambio de rumbo en su gobierno con una orden que resulta algo contradictoria y, por ende, difícil de materializar en la práctica. En una reunión previa a la asunción de Horacio Rosatti como ministro de Justicia y Seguridad, y de Alberto Iribarne como secretario de esa cartera, el gobierno definió que se debe hacer cumplir la ley, pero no criminalizar la protesta callejera.
El nuevo esquema de acción incluye:

• Una diferenciación de lo que es protesta social y delito urbano. El gobierno considera que la protesta social no es un tema criminal, sino que se trata de una cuestión política y social que merece un tratamiento distinto. Por lo tanto, argumenta que no se puede aplicar los métodos con los que se combate el delito. Sostiene que las manifestaciones de piqueteros deben ser contenidas con precisión para no afectar la propiedad y la seguridad de terceras personas.

• En ese escenario se definió que habrá una saturación de efectivos policiales en las calles. El personal femenino estará apostado en las primeras líneas y más atrás estarán los efectivos de la Infantería con sus escudos y sus habituales elementos, pero sin armas. En otra lectura, el reclamo piquetero estará custodiado por policías que sólo intervendrán si se exceden en la protesta.

• Kirchner ratificó que no permitirá ni «el más mínimo desliz» en el accionar policial en las calles, sobre la base de un seguimiento exhaustivo de su desempeño.

• En cuanto a los delitos urbanos habrá un replanteo en las tareas de «inteligencia» y una estricta coordinación entre las distintas fuerzas de seguridad federales y provinciales, y la Secretaría de Inteligencia. El primer aspecto fue relegado durante la gestión del controvertido Gustavo Béliz. El despedido ministro tenía un desprecio por las tareas de inteligencia y no las consideraba como necesarias para la prevención de delitos.

A puertas cerradas se admitió que éste era uno de los puntos débiles de la gestión de Kirchner que había que modificar en lo inmediato. En ese cónclave estaban el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y el ministro del Interior, Aníbal Fernández.

• En cuanto a los secuestros, se confirmó que se mantendrá la misma línea de acción (coordinación de esfuerzos policiales) y la continuidad de las leyes sancionadas que agravan las penas para este delito.

Con la designación de
Horacio Rosatti y de Iribarne, el gobierno busca modificar la mala imagen que en materia de seguridad dejó Béliz quien actuó siempre por detrás de los sucesos. Por caso, el «plan» de seguridad que presentó lo hizo a posteriori de la gigantesca movilización que encabezó Juan Carlos Blumberg, cuyo hijo Axel fue asesinado por una banda de secuestradores.

Rosatti e Iribarne fueron puestos anoche en funciones en un acto realizado en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno que fue sobrepasado en capacidad (se debió acudir a dos salas contiguas) y con el que se pretendió dejar en evidencia que la crisis fue pasajera.

• Empeño

En el primer relevo, Kirchner se empeñó en mostrar públicamente un gabinete compacto: en la ceremonia de asunción no hubo ministros ausentes. Incluso estuvo el vicepresidente Daniel Scioli; el gobernador Felipe Solá; el jefe de Gobierno porteño, Aníbal Ibarra, dos de los distritos que más afectan las decisiones que, en materia de seguridad, se puedan adoptar.

Kirchner no ocultó su satisfacción por la designación de Rosatti como reemplazante de Béliz, al que no se mencionó en ningún instante. Después del juramento, el Presidente abrazó cálidamente al nuevo ministro de Justicia y le deseó suerte.

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