Reutemann, De la Sota y Solá en los planes sociales oficiales no critican con razones
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La disidencia de estos dos mandatarios se manifestó en el terreno más sensible para cualquier gobernante de la Argentina actual: el de los programas sociales. Se les sumó también José Manuel de la Sota, al resignar la administración de los planes Jefas y Jefes de Hogar. Primero acusó de poco transparente la administración de esas prestaciones pero ayer, en una carta enviada al gobierno, elogió la iniciativa y justificó su abstención en que no quiere que lo acusen a él de poco transparente las instituciones intermedias de su provincia.
El reproche de estos gobernadores pudo sonar atendible pero sólo porque el gobierno nacional ocultó o no difundió suficientemente la principal virtud de su programa: establece un derecho universal del desocupado jefe de familia, que puede acceder a la cobertura de $ 150 en LECOP con sólo cumplir los requisitos establecidos (no tener empleo, ser jefe o jefa de hogar con hijos menores de 18 años o discapacitados y no recibir ningún otro tipo de cobertura). La solicitud de inscripción está disponible en Internet para los que quieran acceder a ella. Hay quienes sostienen que «los desocupados no se manejan con Internet» pero esa disponibilidad está referida a cualquier organización social o política que quiera facilitar a los desocupados el acceso al subsidio. Una vez completa, esa planilla se presenta en la ANSeS, en una municipalidad o en la administración de la provincia para que se inicie el trámite correspondiente. La ANSeS es la encargada de detectar si el aspirante recibe ya otro tipo de cobertura.
Reutemann, Solá y, más tarde, De la Sota, reprocharon que haya habido desocupados que recibieron la planilla de inscripción de manos de dirigentes «piqueteros» y sindicalistas de la construcción. Es cierto: el gobierno, a través de Aníbal Fernández y de Alfredo Atanasof, entregó fajos de solicitudes a Luis D'Elía y a Gerardo Martínez con la pretensión de «controlarlos».
Hay dos vicios en los que se puede incurrir con el nuevo sistema. Uno es muy difícil de combatir: es el riesgo de que un empleador que tiene trabajadores en negro los induzca a presentarse como jefes de hogar desocupados para que reciban del Estado parte del salario que ellos le abonan. Sólo una divulgación muy extendida de la lista de beneficiarios podría corregir, en alguna medida, esta perversión. La otra desviación es que, por no estar correctamente cruzados los padrones de acción social de Nación y las provincias, un desocupado pueda cobrar en esas dos jurisdicciones simultáneamente.
Pero lo que realmente está en discusión entre los gobernadores y Duhalde es el manejo político que se puede hacer de la ayuda social. Reutemann, De la Sota, Solá temen que el Ejecutivo nacional les saque ventaja política.
Duhalde mantuvo ayer con Reutemann una larga conversación telefónica en la que quedó despejada la mayor parte de las dudas del gobernador. Solá también atenuó sus críticas para un programa que le permitiría ahorrar ya que va a sustituir algunas prestaciones de la provincia. El lunes, cuando los gobernadores se reúnan con el Presidente en Santa Rosa, tal vez estén zanjadas todas las contradicciones, en un tema en el cual los titulares de provincias grandes acusaron con mucha dureza y, a decir verdad, pocas razones.




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