Ritmo de bombos para sesión clave
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En principio, Kirchner en persona se pondría al frente de la movilización. Eso, al menos, hizo circular entre los suyos para inyectar expectativa y tratar de garantizar una concurrencia más numerosa que la que el viernes, de tarde, se reunió frente al Congreso.
Es un movimiento con dos propósitos simultáneos o, llegadoel caso, enlazados. Por un lado, para presionar, sobre todo a los diputados propios y de ese modo evitar rebeldías; por otro, para simular que la votación habrá resultado un éxito para el gobierno.
Kirchner quiere montar una tribuna para la eventualidad, definitivamente cercana, de tener que hacer concesiones para que el proyecto oficial sea aprobado en el Congreso. Obsesivo, a Kirchner no le importa la votación sino la traducción de la votación.
En estos días, Alberto Fernández pronunció aquí y allá una frase que refleja el ánimo oficial, pero disgusta al ex presidente. El jefe de Gabinete dice que es mejor « solucionar el conflicto» aun cediendo que ganar la votación pero estirar la crisis.
Sólo Fernández puede hacer esos comentarios que en boca de otro dirigente serían considerados de alta traición. Lo sabe Agustín Rossi, al que el ala ultra K, encabezada por el varelense Carlos Kunkel, maltrata por sugerir retoques la proyecto oficial.
Pero todo es intriga en el kirchnerismo. Hoy, el matrimonio parte hacia Tucumán de donde regresarán, recién, la noche del martes. Serán horas de negociación contra reloj y con horizonte incierto. El gobierno ya da por hecho que deberá ceder, pero no sabe si eso alcanzará.
Por eso, cerca de la Presidente, se abrazan a la defensa que Eduardo Buzzi hizo de las retenciones como una forma de leer que, del otro lado del ring, también hay voluntad de diálogo y de acuerdo. De allí que Alberto Fernández interprete que ganar con votos no significa, de ningún modo, resolver la crisis.
Herético, el jefe de Gabinete hasta se permite leer que una derrota sería, si sirve para apagar el conflicto, computada a bajo costo por el gobierno. Una «solución final», dice. Sin embargo, Kirchner, sigue enfrascado en una cruzada definitiva. Al menos en las calles.




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