La apuesta de Salvarezza: "Queremos que los científicos que están afuera vuelvan"

Política

Deudas por varios millones de dólares, presupuesto insuficiente y bajos ingresos de los investigadores. El ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación, Roberto Salvarezza, describió un complicado panorama de lo que definió como un “ajuste deliberado” de la gestión Cambiemos. “Parece planificado que el Estado tenía que dejar de invertir”, afirmó. A un mes de asumir en la cartera, dijo a Ámbito que la prioridad es instalar rápidamente la idea de que en la Argentina se puede hacer ciencia: “En los cuatro años que pasaron el mensaje era: ‘Degrado el ministerio a secretaria y digo que son ñoquis, no destino plata y muestro que la ciencia pasa a segundo nivel’”. Sostuvo además que el sector puede ser importante tanto para generar divisas como para ahorrar dólares con la sustitución de importaciones y que la emergencia es que los investigadores “no se vayan a la Unión Europea o a Estados Unidos”.

Periodista: ¿Ya tiene el balance de situación?

Roberto Salvarezza: No tenemos todavía el total de las deudas del ministerio, pero sí las más importantes. Algunas son de varios millones de dólares y la más grande es con la Biblioteca Electrónica, alrededor de 10 millones de dólares que hay que pagar en marzo para que no se caigan parte de las suscripciones que proveen de información científica actualizada y en tiempo real a los investigadores. Pero también se deben pagos en proyectos bilaterales y de cooperación internacional con la Unión Europea.

P: ¿Tuvo que ver con la crisis general?

RS: El recorte sobre la actividad científica se fue profundizando, se trató de un ajuste de manera deliberada, no ocurrió por un tema específico o porque se desató la crisis. Si uno mira lo que se invirtió en ciencia y tecnología en los presupuestos nacionales de 2016, 2017, 2018, 2019 y el frustrado 2020, que envió Macri en septiembre y que se está reelaborando, se ve una caída permanente. Parece planificado que había que dejar de invertir, tenía que achicarse el Estado en general y allí se achicó la ciencia, porque en nuestro país la actividad científica está fundamentalmente en manos del Estado.

P: ¿Qué expectativas tiene para el Presupuesto 2020?

RS: Estamos trabajando nuestras necesidades con la jefatura de Gabinete y están medianamente estimadas. En principio debemos recomponer las becas porque están en la línea de pobreza: un becario doctoral, es decir un universitario que debe estudiar otros cinco años para obtener su grado de doctor, gana 29.000 o 30.000 pesos. Los salarios de los investigadores estables también están muy atrasados, estamos entre los peores sueldos de la región. Además del déficit en los ingresos ofrecidos, porque la Argentina produce unos 2.000 doctores por año y en un contexto en el que la actividad privada está abocada a ver cómo paga las tarifas, tenemos que reforzar la oferta para retenerlos en el sistema académico hasta que empiece a reactivarse la economía. En paralelo, vamos a generar programas con organismos y universidades para que todo no dependa exclusivamente del Conicet.

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P: Deberá competir con reclamos de otros sectores…

RS: Claro, porque hay otras necesidades fuertes: la emergencia alimentaria, en salud, los jubilados que no pueden comprar medicamentos, la situación de las pymes. Es un delicado balance entre necesidades urgentes. Veremos hasta dónde podemos llegar con nuestros pedidos, porque en algún momento nos pueden decir: “Mirá, tenemos que solucionar todo esto”.

P: La idea es que el ministerio se involucre en estas emergencias.

RS: Estamos tratando de acoplarnos activamente. En el tema alimentario, para dotar al Consejo Económico y Social de herramientas que le permitan tener datos en tiempo real de los distintos municipios. En salud, podemos monitorear y conocer el peso y talla de los chicos que van a los centros de atención. También tenemos grupos de trabajo orientados al tema nutricional y laboratorios e institutos con capacidad de producción de medicamentos para abastecer al sistema público, en aquellas situaciones en las que el sistema privado no llega a atenderlo o no tiene interés.

P: ¿Cuánto impactó a la ciencia la disparada del dólar?

RS: La devaluación fue un desfinanciamiento en paralelo, porque los montos de subsidios para investigación son en pesos y los insumos son importados. Como no fueron actualizados al ritmo de la devaluación, los 50.000 dólares dedicados a comprar insumos para un proyecto ahora son 20.000. Por eso se dieron situaciones casi escandalosas, como que una investigadora vaya a un programa de televisión a buscar plata para su trabajo. Esa fue la foto del período de los cuatro años de Macri: una investigadora en un concurso de preguntas y respuestas. Eso expuso la situación del sistema, aunque creo que ella lo hizo sin ningún tipo de intención, fue algo de buena voluntad porque necesitaba más fondos.

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"La devaluación fue un desfinanciamiento en paralelo".

P: Uno de las prioridades del Gobierno es generar dólares, ¿la ciencia puede aportar?

RS: Hay casos emblemáticos como el de la soja resistente a la sequía y la salinidad de Bioceres, un desarrollo del Conicet y la Universidad del Litoral. Ya está desregulada en Paraguay, Chile y Estados Unidos, si en este momento se llegara a desregular en China estaríamos en condiciones de vender un producto superior al de otras semilleras internacionales y generar un impacto muy importante. Pero no solo hay que pensar en generar dólares, también podemos ahorrar divisas sustituyendo con producción nacional algunas importaciones de desarrollos productivos, como Vaca Muerta o proyectos de energías renovables.

P: ¿De qué manera se puede impulsar a las empresas del sector?

RS: Hay que dar vuelta el enfoque. Lo que hizo el gobierno de Macri para impulsar las empresas tecnológicas fue eximirlas de impuestos. Eso puede funcionar en algunas áreas, pero en biotecnología, ingeniería nuclear, geología o nanotecnología se necesitan otros recursos que apalanca el Estado. ¿Cómo arranca una empresa de biotecnología si no tiene un secuenciador de ADN? Es una inversión millonaria, no es lo mismo que desarrollar software. Lo que se logró hacer en el campo de la biotecnología fue asociado a la universidad y al Conicet. Si matas el sector estatal, por más exenciones impositivas no es viable. ¿Cuántas empresas pueden subsistir sin el respaldo del Estado cuando un microscopio vale un millón de dólares?

P: ¿En qué caso de éxito podemos mirarnos?

RS: Los países que pudieron incrementar su capacidad de innovación, como Israel o Corea, lo hicieron con una inversión muy fuerte del Estado y del sector privado. El tema es que acá el sector privado, excepto algunas áreas particulares, tiene poca capacidad de inversión. Hay que apoyar a los empresarios y comprometerlos a que inviertan más, pero para eso tienen que cambiar las condiciones actuales.

P: ¿En cuánto tiempo se pueden modificar esas condiciones?

RS: Cambiar la percepción se puede lograr rápidamente. Es un mensaje político de que en la Argentina se puede hacer ciencia, porque en los cuatro años que pasaron el mensaje era: “Todo para abajo, degrado el ministerio a secretaría y digo que son ñoquis, no destino plata y muestro que la ciencia pasa a segundo nivel”. Si te dicen eso y estás acá terminando un doctorado, cuando tenés una oferta te vas. Nuestra emergencia es que los jóvenes no se vayan a la Unión Europea o a Estados Unidos, incluso a Uruguay o Perú, donde hoy en día la situación para la ciencia es mejor que la nuestra. Hay que revertir el combo que decía “Andate”, porque estamos regalando un capital que formamos durante años.

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P: ¿Cuál es la visión de los organismos internacionales?

RS: En 2015 con el BID apostábamos a la vinculación entre sector productivo y científico para lograr el despegue. Teníamos el mejor sistema de ciencia y tecnología de Latinoamérica: hacíamos satélites, reactores nucleares, semillas propias, faltaba impactar en la economía. Ahora estuvimos reunidos con ellos y tienen el mismo diagnóstico que nosotros: bajamos un escalón por año y ahora estamos cuatro escalones abajo que entonces. Tenemos que volver a recrear ese escenario, porque ni las empresas ni la ciencia están en aquella situación.

P: ¿El lanzamiento del Saocom 1B está garantizado en tiempo y forma?

RS: Sí, el programa satelital continúa y será puesto en órbita en marzo.

P: Aun en una mejor situación económica, ¿se puede competir con las ofertas del extranjero?

RS: Podemos competir con los mejores centros de investigación del mundo, la muestra es que desde 2003 a 2015 repatriamos 1.300 investigadores. Tenían un contrato de la Unión Europea o Estados Unidos pero volvían porque se les ofrecía un lugar de trabajo aceptable, un salario digno y montos de investigación no estupendos, pero razonables. Mucha gente quiere perfeccionarse afuera y volver al país, porque tiene su familia acá y existe conciencia de la deuda con la universidad pública por su éxito personal. En los últimos cuatro años no volvía nadie, queremos que los científicos que están afuera vuelvan.

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