12 de septiembre 2002 - 00:00

Rodríguez Saá, seducido por un pase espiritual

Como saben bien los integrantes de su círculo más estrecho, Adolfo Rodríguez Saá ha confeccionado una especie de lista negra en la que están inventariados los dirigentes que, según su visión de los hechos, provocaron su caída de la Presidencia a comienzos de año. Dos de los «imputados» eran Carlos Ruckauf y Esteban Caselli, patronos del «grupo Bapro» (en la versión de Rodríguez Saá y de Fernando de la Rúa, esa fue la sede de la «conspiración bonaerense» que acabó con dos Presidencias).

Como el canciller y su fiel colaborador Caselli figuran también, y con tinta más firme, en la lista negra de Carlos Menem, los dos ahora hacen gestiones incesantes para conseguir la clemencia del puntano. Finalmente, en la nómina de proscriptos de Rodríguez Saá tal vez quede, solitario, Eduardo Duhalde. El Presidente no está incluido en la absolución que procuran sus subordinados. Además, los trámites por el pase de filas se hacen a sus espaldas. Ya tuvieron cierto éxito: Rodríguez Saá bautizó a Duhalde como «el saqueador de la provincia de Buenos Aires», lo que exculpa a Ruckauf del colapso de la administración del distrito.

• Rumores

El viernes, Caselli apeló al Reino de los Cielos, como si con la mera política no alcanzara para conseguir misericordia de quien podría llegar al poder nuevamente en mayo próximo. Instalado en sus suntuosas oficinas de Puerto Madero, «Cacho» recibió al candidato a presidente. «Rucucu» no asistió porque, al parecer, su penitencia es más cuantiosa y «el Adolfo» no quiere verlo muy a menudo. En cambio se sumó a la compañía Héctor Aguer, el arzobispo de La Plata. Hace tiempo que en la Cancillería hacen correr rumores de que «el Adolfo» tiene algunas dificultades con la Iglesia y desde la Secretaría de Culto se estarían empeñando en despejarlas. O, tal vez, se trate sólo de inyectar la bacteria para poder, después, vender el antibiótico.

Lo cierto es que a las dependencias de Puerto Madero peregrinaron «el Adolfo» y «el Alberto», su hermano, y comenzó a negociarse el indulto, con un arzobispo como mediador. Aguer es un amigo de la casa, habitué de las ceremonias que se realizan en esas dependencias donde también tiene su sede la Embajada de la Orden de Malta que ejerce el hijo de Caselli, Antonio (entre los países civilizados hay muy pocos en los que el canciller local comparte oficinas con un diplomático extranjero).

• Expectativas

Monseñor Aguer también tiene expectativas en la llegada del próximo Presidente; al menos es lo que comenta más de un feligrés conspicuo de su arquidiócesis. Supone que el cardenal Jorge Bergoglio podría ser enviado a una prefectura vacante en Roma para, entonces, ocupar él mismo su lugar, la sede metropolitana que viene acompañada siempre del capelo púrpura. Acaso ignora que la promoción del jesuita Bergoglio a arzobispo de Buenos Aires fue una decisión tomada en persona por Juan Pablo II durante unas vacaciones inolvidables en Castelgandolfo.

Ultimamente, el secretario de Culto no consigue reemplazar siquiera a un simple embajador que está bajo su mando. Por eso, a pesar de que ya en una oportunidad, cuando estaba al servicio de Menem, Caselli consiguió que el Papa se corrija, es difícil que dos veces se produzca el mismo milagro. Aún en hombres de Dios, como él.

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