El canciller Carlos Ruckauf se quedó sin libreto para explicarle algún plan económico al titular del Departamento de Estado Colin Powell. No dan los tiempos para que el Congreso dé su aprobación a la ley de presupuesto para el ejercicio 2002 -requisito que pidió el FMI, más la Unión Europea, para destrabar una ayuda financiera a la Argentina-antes de fin de mes, fecha pautada para el viaje a Italia con escala en Washington. Sectores representativos de la UE mostraron recelos por la elección de Italia como destino inicial de la política exterior argentina. Dicen que la idea de visitar al premier Silvio Berlusconi, hoy un crítico del sistema europeo, es una torpeza que puede pagarse en el bureau de directores del FMI.
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Allí están representados países como Francia, Alemania y Espa-ña, justamente ahora ocupa la presidencia de la UE, que deberían haber sido considerados en la secuencia de visitas oficiales de la Cancillería. Lo llamativo para estas fuentes diplomáticas es que Rogelio Pfirter, ex embajador ante el Reino Unido de Gran Bretaña, subsecretario de Política Exterior del Palacio San Martín, no haya advertido la desproporción del viaje de marras.
La idea de Ruckauf era convertirse en el vocero de las buenas nuevas -el Papá Noel de la política-, llevando consigo una copia del presupuesto 2002 con los ajustes al gasto político a Washington. Sin embargo los tiempos de los legisladores le jugaron en contra y el canciller se contentará con disponer de unos minutos en diálogo con Colin Powell para hilvanar los problemas de seguridad que aquejan al país.
• Dossier
Sus colaboradores le armaron un dossier con 29 carillas para enfrentar a Powell, claro que el general de cuatro estrellas, veterano de la Guerra del Golfo, lo único que quiere escuchar es cómo se las arreglará para renovar los vínculos y obligaciones que supone el hecho de ser aliado extra OTAN. Un tema que abandonó la gestión del radical Fernando de la Rúa.
Para la administración del Pentágono, la permanencia de Horacio Jaunarena en el cargo de ministro de Defensa es un dato que no se entiende, salvo explicación de política local: no genera conflictos en las FF.AA., único sector que conviene tener en paz ante los sucesivos cambios de presidentes. Además, el jefe del Departamento de Estado norteamericano tiene informes reservados de la embajada en Buenos Aires sobre la perniciosa Ley de Quiebras y de las acciones que piensan llevar adelante los países más importantes con representación en el bureau del FMI, como Francia, Alemania (el titular, Horst Köhler, es alemán) y España.
Una reunión de banqueros de esos países con los respectivos embajadores sirvió para aunar los cursos de acción que irían desde simples presiones a funcionarios clave hasta el retiro de las empresas y bancos del país. Un representante extranjero de peso dijo que la ley en cuestión era «un insulto a los intereses económicos radicados en la Argentina» y encontró eco favorable en las filiales argentinas. No menos importante es que la situación de la Argentina, país que hasta junio ocupa la presidencia temporaria del Mercosur, ha paralizado institucionalmente al bloque frente a una apretada agenda de negociaciones con la Unión Europea y con el hemisferio sobre la creación del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA).
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