20 de diciembre 2007 - 00:00

Se dramatizó más el caso de la valija

• Habló dos veces, airado, el ex presidente • FBI aseguró que no enviará a Antonini Wilson • El kirchnerismo, sin compañía de ningún otro bloque, repudió en el Congreso a Estados Unidos • Siguió el juicio en Miami, pero sin novedades.

El ex presidente eligió ayer la tribuna de la Federación Argentina de Municipios para volver a atacar a los Estados Unidos por el caso del valijero Antonini Wilson.
El ex presidente eligió ayer la tribuna de la Federación Argentina de Municipios para volver a atacar a los Estados Unidos por el caso del valijero Antonini Wilson.
No dudó Néstor Kirchner en reeditar ayer su embestida contra los Estados Unidos, ratificando su rol de referente del oficialismo y exacerbando el perfil de escudo del gobierno que ahora encabeza su esposa, Cristina de Kirchner. Lo hizo frente a más de 200 alcaldes de todo el país, que se habían reunido bajo el paraguas de la Federación Argentina de Municipios en la sede que esa entidad tiene en la Ciudad de Buenos Aires.

Escoltado -como si aún fuese presidente- por los ministros Alberto Fernández, Florencio Randazzo y Oscar Parrilli, elevó con tono enérgico su arenga contra esa «banda de mafiosos que no puede manosear al gobierno argentino» y pidió «defender» a Cristina de esos ataques.

«Si en la Argentina estuviéramos protegiendo a alguien y piden la extradición desde los EE.UU. nos dirían que los argentinos protegemos delincuentes, protegemos mafia y tendríamos una campaña internacional, interna, de algunos medios, tremendamente difícil», completó.

Allí, con el micrófono sin interferencias y desde una tribuna de garantizados vítores, el ex jefe de Estado cargó después contra los medios, una costumbre que heredó también su mujer.

«Ahora se estructuran desgastes de tipo mediático de ciertos centros de poder, para tratar de no consolidar los gobiernos que inician esta etapa», arremetió para relacionar luego ese «desgaste» con «los golpes militares de otras épocas o los golpes institucionales del actual período democrático».

La infaltable mención a la prensa había tenido el martes, en Montevideo, una primera señal inequívoca de la relación de ribetes cuasi paranoicos que el matrimonio está decidido a mantener con los medios. En su discurso de asunción como presidente pro témpore del Mercosur, Cristina manifestó su cansancio de leer «en letras de molde» la muerte que se prenunciaba antes de cada reunión del bloque de jefes de Estado. Esa obsesión con la prensa parece incluso haberla anclado a la década del 70 (la otra obsesión de los Kirchner), cuando ese sistema de composición mediante moldes de plomo comenzaba a caer ya en desuso para ser reemplazado definitivamente por tecnologías más modernas.

  • Respaldo

    La reaparición de Néstor Kirchner frente a los intendentes marcó un dato interesante en esa idea de blindar a Cristina frente a los embates externos. El plan ya había visto la luz hace una semana cuando estalló el caso del valijero Antonini Wilson. Por esos días los operadores del ex presidente telefonearon rápidamente a algunos gobernadores clave: «Muchachos, salgan a respaldar a Cristina y cuestionen la actitud del gobierno de Bush», escucharon a coro.

    En términos de poder real, tanto la FAM como los gobernadores constituyen un eslabón fuerte y clave. Por eso Kirchner buscó encolumnarlos con la misma rapidez con la que abandonó aquella idea inicial de trabajo silencioso y casi en las sombras del «café literario» de Puerto Madero.

    Sabe que la ex primera dama necesita ahora del acompañamiento de los jefes comunales para que su gestión no sufra traspiés por ahora impensados, aunque nunca improbables.

    Por lo demás, ayer el santacruceño sumó un segundo capítulo al ataque contra los Estados Unidos que había iniciado el martes en la fiesta de fin de año de la estatal AySA. Acusó el ex subsecretario norteamericano Roger Noriega de trabajar contra los intereses de la «integración latinoamericana» y, previo a esta referencia, había puntualizado las actitudes de la Presidente que pueden haber molestado a la Casa Blanca, como la intervención a favor de la liberación de Ingrid Betancourt y el alineamiento de la Argentina con el presidente de Venezuela, Hugo Chávez.
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