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29 de marzo 2006 - 00:00

Se suspendió una semana la cumbre Kirchner-Tabaré por las papeleras

A nadie extrañe que un trajinado conflicto como el que divide a la Argentina y el Uruguay por la construcción de dos plantas de celulosa en la frontera del río Uruguay se demore y tenga nuevas complicaciones. El dilema entre negocios y principios es difícil de superar con el solo recurso de la dialéctica o la fuerza, y por eso una demora en firmar acuerdos no es gravitante. La dificultad en convenir un documento convincente y para acordar los nombres de los expertos a quienes se les pedirá una solución forzó a una postergación de una semana del encuentro de Kirchner y Tabaré Vázquez que iba a realizarse hoy en Colonia. Si de esos debates entre técnicos de los dos gobiernos va a salir una luz de solución a tan trabado conflicto, la espera de una semana es insignificante. En resguardo de las formas, hubiera sido mejor que no se anunciara ya con parte de las delegaciones instaladas en Colonia; evitaría suspicacias en un caso que ya está alimentado de demasiadas percepciones capciosas.

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Néstor Kirchner y Tabaré Vázquez decidieron cancelar la cumbre prevista para hoy por el conflicto de las papeleras. El anuncio llegó tras la reunión que el santacruceño mantuvo con Julio De Vido y Jorge Obeid en la Casa Rosada.
Se resolvió anoche demorar una semana la reunión entre Néstor Kirchner y Tabaré Vázquez para negociar la instalación de las plantas papeleras de Fray Bentos. En términos políticos, las condiciones para que ambos presidentes se encontraran parecían satisfactorias. Los vecinos de Gualeguaychú levantaron los cortes en las rutas que unen la Argentina con el Uruguay y las empresas titulares de los emprendimientos, Botnia y ENCE, anunciaron la interrupción de los trabajos por 90 días.

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Sin embargo anoche, fuentes del gobierno argentino explicaron que las dos cancillerías no estaban en condiciones de resolver la documentación que debían suscribir ambos mandatarios para cumplir con el acuerdo negociado políticamente por el jefe de Gabinete, Alberto Fernández; y el secretario de la Presidencia del Uruguay, Gonzalo Fernández, quien el lunes visitó Buenos Aires.

Los documentos que debían firmar Kirchner y Vázquez están referidos a una materia principal: el alcance del dictamen que deben emitir los técnicos ambientalistas internacionales para establecer un protocolo de control sobre el trabajo de esas industrias. También la identidad de esos técnicos. Al parecer, el entramado legal de esos artículos requería más elaboración técnica, mientras tampoco era anoche tan fácil coincidir en los nombres de los expertos a quienes se sometería en consideración el problema de la polución. Como era previsible, la secuencia quedó dominada por la improvisación: es lógico si antes se fijan las fechas de los acuerdos y después se determinan los pasos a seguir para alcanzarlos. Bastante sería que la reunión se mantenga en la agenda y se realice la semana próxima.

  • Objetivo

  • La reunión de hoy en La Anchorena estaba destinada a superar el entredicho por la instalación de las dos plantas, encontraría a Kirchner y Vázquez sometidos a limitaciones muy claras de sus propios frentes internos. Kirchner consiguió lo que había reclamado públicamente el 1 de marzo, mientras abría las sesiones ordinarias del Congreso: la suspensión de las obras que se realizan en esas plantas industriales para facilitar que un equipo de ambientalistas internacionales determinen un método para garantizar que las «papeleras» no deterioren el medio ambiente junto al río Uruguay. ¿ Obtendrá Vázquez que la suspensión del bloqueo que ejercían los vecinos de Gualeguaychú sobre las rutas internacionales que comunican a su país con la Argentina sea definitiva? Es la incógnita principal para quienes desean saber si el conflicto quedará superado.

    Kirchner y Vázquez llegarán la semana que viene, seguramente, a un entendimiento. El diferendo por esas plantas industriales será retrotraído dos años: en marzo de 2004 Rafael Bielsa y Didier Operti acordaronun régimen de control ambiental para esas industrias. De inmediato, la Comisión Administradora del Río Uruguay fijó un protocolo ambiental muy detallado, suscripto por los dos países. ¿Es ése el desenlace que tienen previsto los ambientalistas entrerrianos? Seguramente no.

    Desde Gualeguaychú, hace ya una semana, un sector de los vecinos pretende introducir en la agenda presidencial de La Anchorena la alternativa de que las papeleras sean, si no suspendidas, localizadas en otro paraje del Uruguay. Hay ambientalistas que dicen haberle planteado a Alberto Fernández esa hipótesis y que el jefe de Gabinete la contempló como susceptible de ser expuesta ante Vázquez.

    Un activo dirigente del PJ entrerriano, como es el ex senador Héctor Maya, fue más allá: desde hace ya dos semanas envió una propuesta completa de relocalización de las plantas de ENCE y Botnia. Los destinatarios, nada menos que Cristina y Néstor Kirchner, Alberto Fernández y Ginés González García (en su carácter de ministro de Medio Ambiente, aunque hasta ahora fuera de esta disputa).

    Es bastante razonable -hasta para el propio Kirchner debe serlo- que Vázquez no puede aceptar sin un alto costo la propuesta de esos entrerrianos ecologistas. Su máximo costo posible es el que paga en estos días: la suspensión de las obras en homenaje a un acuerdo. Ir más allá permitiría amenazas de retirada por parte de las compañías. Y esa ficha caería sobre otra en este dominó de presiones: la oposición oriental le endilgaría a la izquierda ser un factor de desinversión. Un dardo letal para un partido como el Frente Amplio, que a pesar de ser el autor del lema «Uruguay natural» cree ser el encargado de introducir a su tierra en la desconocida arena de la industrialización.

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