8 de julio 2004 - 00:00

Senado, dedicado a desagravios: ahora el turno de Alfonsín

Néstor Kirchner y un par de ministros salieron de urgencia ayer a media mañana a apurar la aprobación del pliego de Carmen Argibay a la Corte Suprema. Para conseguir los votos necesarios en el Senado, el Presidente y los Fernández, Alberto y Aníbal, debieron desautorizar en público al subsecretario general de la Presidencia, Carlos Kunkel, quien había polemizado con Raúl Alfonsín.

«Estamos ante la violencia del palo, y a eso hay que responderle», había dicho el ex presidente el lunes. « Alfonsín quiere ver sangre y represión en las calles argentinas», replicó el boca hiriente Kunkel desde su poltrona de Casa de Gobierno unas horas más tarde.

Los senadores radicales exigieron, a última hora del martes, un gesto de solidaridad de la Cámara alta hacia el ex presidente a cambio de tratar el diploma de la disentida jurista.

Pretendían que se repitiera lo que sucedió hace 8 días cuando se respaldó por unanimidad en el recinto a Eduardo Duhalde, tras la absurda embestida de Luis D'Elía, quien lo vinculó con el asesinato de un piquetero en el barrio porteño de La Boca
. Estaban en posición de plantear demandas, ya que las divisiones en la escudería PJ conspiraban contra Argibay. Las manos en alto de los radicales resultaban imprescindibles para habilitar el tratamiento sobre tablas, porque no tiene dictamen.

• Pacificación

«Queremos clarificar una situación que causó enojo en la UCR», comenzó la sesión Miguel Angel Pichetto, a sabiendas de que no había margen -el Poder Ejecutivo no lo había dado-para sancionar en la Cámara alta lo que pretendían Mario Losada y sus amigos. Debían contentarse con la lectura de cables de agencias de noticias y la voz del responsable del bloque PJ que, dijo, traía palabras pacificadoras de Kirchner.

«Recién conversé con el jefe de Gabinete y me autorizó a transcribir las opiniones públicas que dio a varias radios esta mañana (por la de ayer) en las cuales dijo que el gobierno no comparte los dichos de Kunkel, quien ofreció su opinión personal», explicó Pichetto. « Sabemos que Alfonsín es un hombre de paz», señaló.

Reveló que el jefe de Gabinete se había comunicado telefónicamente con
Losada para trasmitirle la palabra del gobierno. Por último, comentó que, antes de emprender vuelo a Iguazú, el primer mandatario lo autorizó a hablar en su nombre en el recinto y expresar allí «el profundo respeto y consideración que siente hacia el doctor Alfonsín, aun con los disensos lógicos de la democracia».

No podía hacer menos
Kirchner, quien ya debió darle explicaciones al hombre de Chascomús por el exabrupto en el escenario de la ESMA, donde dijo que nadie había hecho nada por los derechos humanos en veinte años de democracia.

• Trayectoria a salvo

Por supuesto, hizo saber Pichetto que el santacruceño «no comparte las manifestaciones de Kunkel».

«
Creemos -concluyó- que está a salvo la trayectoria de Alfonsín y que el bloque radical puede sentirse satisfecho.»

En nombre de la principal bancada opositora,
Losada advirtió que aceptaban las excusas, pero que no resultaban suficientes. «Nos hubiera gustado que el Senado se expresa ra», pataleó. «Para Alfonsín, son prioritarias las instituciones; por eso vamos a privilegiar el funcionamiento del Congreso ya que ése es el mejor homenaje que podemos rendirle», sentenció el misionero.

A oídos de los peronistas, la frase de
Losada sonó a música celestial: el debate y la ratificación de Argibay estaban allanados. Antes de cerrar el discurso, el delegado de la UCR-Misiones no se privó de mentar el setentismo « trágico» -según calificó- del subsecretario general de la Presidencia. « Quienes ejercieron la violencia en el pasado tratan de convertirse ahora en tutores de la paz: es casi una afrenta al conocimiento y a la inteligencia de la sociedad argentina», se quejó Losada, evocando el pasado «ferretero» de Kunkel, que sufrió prisión bajo el gobierno militar.

• Reto

El radicalismo, en voz baja, tuvo que reconocer un leve giro del gobierno que aceptó que puede equivocarse y dar marcha atrás. Claro que estaba en juego el diploma de la reemplazante del fallecido Guillermo López, y en todo caso sólo se trataba de retar a un funcionario.

Si bien no se votó la iniciativa radical, no faltaron otros discursos de apoyo a
Alfonsín. Vilma Ibarra, después de reconocer la trayectoria del caudillo de Chascomús, fue la excepción al deslizar que « no podemos abrir un registro de desagravios. Los debates de los políticos deben hacerse en otros ámbitos; podemos, por ejemplo, firmar solicitadas».

Ipso facto,
Antonio Cafiero salió a explayarse sobre las virtudes del ex mandatario y agradecerle su participación en un reciente tributo en honor a los 30 años del fallecimiento de Juan Domingo Perón.

El provincial
Ricardo Gómez Diez aprovechó para intercalar un aviso. «Cuando desaparece la tolerancia, aparece el autoritarismo», subrayó. Eduardo Menem apuntó que Alfonsín fue «víctima de un agravio grosero, porque nadie puede poner en duda su integridad moral. A mí me ha tocado ser opositor de su gobierno y muchas veces votamos leyes en su contra, pero nunca recibimos reproches desmesurados», se emocionó. « Siempre se manejó con la regla de oro de la democracia de respetar a las mayorías y las minorías», saludó el riojano.

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