19 de febrero 2001 - 00:00

Señal para los mercados: Alfonsín presidente 2001

Entre los operadores financieros, el cronograma de viajes al exterior de Fernando de la Rúa puede convertirse en un objeto inapreciable. Es que, a partir del 10 de diciembre, cada vez que el Presidente suba al Tango 01 rumbo a otro país, la Casa Rosada quedaría a cargo de Raúl Alfonsín. "Una señal a los mercados", bromean, con sorna, los radicales que anticipan la jugada: el caudillo de Chascomús ingresará al Senado y, una vez allí, se hará elegir presidente provisional del cuerpo. Será, de hecho, la segunda autoridad del país. Y la primera, cuando el Presidente se ausente. Nadie lo supone a Alfonsín inactivo en ese cargo.


Veo veo, ¿qué ves? Una cosa, ¿qué es?, que vamos a ser gobierno otra vez, como en el ochenta y tres." Ese estribillo, que los alfonsinistas ortodoxos canturrean debajo de la ducha desde que se fueron del poder, en 1989, suena cada vez más alto en los comités del radicalismo. Sucede que una jugada institucional que no demandará demasiado esfuerzo promete ubicar a Raúl Alfonsín, de nuevo, en la Presidencia de la Nación, 12 años después. Los pasos son sencillos. Las consecuencias, no.

El caudillo de Chascomús ya se ha postulado como senador por la provincia de Buenos Aires. Dice que le va a ganar a Eduardo Duhalde pero, aunque eso no suceda, tiene una banca asegurada. Una virtud del método que él mismo estableció en la Constitución nacional, por el cual en las provincias en las que domine el bipartidismo, el perdedor se gana un lugar en la Cámara alta con sólo sacar un par de votos (esta es la ventaja del «tercer senador por la minoría»).

Una vez en el Congreso, a «don Raúl» sólo le tocará sentarse a esperar para que lo elijan presidente provisional del cuerpo, cargo que hoy ejerce Mario Losada. Sus más íntimos, hombres que están mucho más allá de las declaraciones de modestia y desinterés del jefe de la UCR, dan por hecha la carrera. Apenas la justifican con una guiñada de ojo: «Es casi seguro que la mayoría, en el Senado, la seguirán teniendo los peronistas. Serán ellos, no nosotros, los que lo impulsarán. ¿Y qué le vamos a hacer? ¿Nos vamos a negar?».

Una vez en el estrado principal del Senado, Alfonsín se convertirá automáticamente en vicepresidente de la Nación. Y en presidente cada vez que De la Rúa se ausente del país. En el mercado financiero todavía no lo han advertido. Pero tal vez cuando se extienda esta información comiencen a montarse negocios con agendas del actual mandatario: saber cuándo partirá y qué día está previsto el regreso, en otras palabras, qué plazos tendrá Alfonsín para encarar discusiones y emitir decretos, puede valer un Perú. Más: habrá que estar advertido de los especuladores que harán circular por la City itinerarios «truchos», asunciones de mando o visitas de Estado a las que De la Rúa jamás fue convidado.

Alfonsín ya dijo que el Presidente será reelecto en 2003. Pero no le pagaron con la misma moneda: desde Olivos nadie lo postuló para senador por la provincia, todavía. Puede llegar a pensarse que ese lanzamiento no llega porque, en el fondo, existen reservas a que se produzca. Pero los íntimos de De la Rúa creen que no es así. Al contrario, están seguros de que el Presidente no opondrá objeciones a que Alfonsín se convierta en su vice.

Confiado

Esa circunstancia terminaría demostrando lo que nadie está dispuesto a creer: que el cordobés De la Rúa es más confiado que el impulsivo «don Raúl». Es que en 1982, cuando le ofrecieron la alternativa contraria, Alfonsín decidió tomar otro rumbo: en vez de armar una fórmula con De la Rúa como segundo, hizo que Raúl Borrás y Roque Carranza viajaran a Córdoba para acordar con el radicalismo de esa provincia, que le puso a Víctor Martínez, ex intendente de la capital mediterránea, como vice.

La fórmula Alfonsín/De la Rúa no fue la ocurrencia de una cabeza afiebrada. En agosto de 1982 hubo negociaciones para que se constituyera. Se había pensado en la senaduría porteña para Julio Saguier y en la gobernación bonaerense para César García Puente. Una de las tratativas, la definitiva, la llevaron adelante los propios interesados en la casa del dirigente Jorge Ciarliero. La razón por la cual no se llegó a un arreglo forma parte de la misma disputa entre ambos líderes.

Los alfonsinistas dicen que De la Rúa tardó en contestar, presa de un habitual sentimiento deliberativo. Los delarruistas calculan que a Alfonsín no le gustó la prudencia con que, según le dijo ese día su jefe, debía encararse la cuestión militar. Algunos van más allá: creen que «don Raúl» no descartó, en el límite, que De la Rúa pudiera formar parte de una conspiración con uniformados en su contra, si las circunstancias se pusieran inmanejables, como finalmente se pusieron. Son hipótesis para la pequeña historia de estos dirigentes. El acuerdo no se dio y, al contrario, Alfonsín y De la Rúa se enfrentaron en la interna. Ahora, después de casi 20 años, la rueda de la historia puede corregir lo que en aquel momento fracasó.

Cuando se los indaga sobre la posibilidad de este retorno de Alfonsín a la Presidencia, los delarruistas más ortodoxos sonríen y, con picardía, bromean con un cliché verbal: «Sería una señal para los mercados». Pero hacia adentro del gobierno la simpatía que despierta la operación es menor. Es cierto que algunos creen que nada podrá superar el disgusto de haberlo tenido a Carlos Chacho Alvarez soplando en la espalda. Pero, aún así, ningún funcionario actual querría imaginar a Alfonsín revestido de un poder institucional que potenciaría sus arrebatos. Menos aún cuando se les advierte que el regreso de «don Raúl» podría producirse -¿quién lo sabe hoy día?- con un gobierno más débil que el que no pudo contener a Alvarez. Con un gobierno derrotado.

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