«Ya está todo jugado y no hay más nada qué hacer», pareció resignarse, hundidos los hombros, el gobernador chaqueño y presidente del comité nacional de la UCR, Angel Rozas. Su interlocutor era el todavía embajador en el Uruguay y vice del radicalismo, Juan Manuel Casella. Habían resultado infructuosas las febriles negociaciones hechas por Rozas y Pablo Verani, el gobernador de Río Negro y otro de los vices de la UCR, buscando un acuerdo con el peronismo para integrarlo al gobierno y oxigenar la tambaleante gestión de Fernando de la Rúa.
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Ya el martes pasado al mediodía, en una reunión en la residencia presidencial de Olivos, Rozas se había franqueado con algunos popes radicales además de Casella, entre ellos Raúl Alfonsín y el chubutense José Luis Lizurume, señalándoles con desánimo que «lo vi muy pegado a Cavallo; ya está todo muy jugado» dijo, aludiendo al Presidente y a su lealtad al entorno.
En la última reunión del comité nacional, con Alfonsín presente, y ante un auditorio integrado por hombres como Rozas, Verani, Lizurume, Ricardo Barrios Arrechea, Jesús Rodríguez, Cristina Azcueta, Ramón Mestre y Eduardo Angeloz entre otros, Casella se animó y les dijo, agorero: «Tengamos cuidado porque no sé si llegamos a fin de año». Fue Alfonsín el que le salió al cruce y buscó restarle gravedad a la crisis que se avecinaba. «Vamos, que no es para tanto» dijo campechano el ex presidente, mientras las caras serias de quienes lo rodeaban parecían ensombrecerse. Después de todo, Casella es parte del trío bonaerense que completan Leopoldo Moreau y Federico Storani, tozudamente enfrentados con De la Rúa, y su opinión podía estar teñida de cierta parcialidad.
El golpe de gracia llegó ayer al mediodía cuando el titular del bloque de diputados del PJ, Humberto Roggero, desechó cualquier posibilidad de cogobierno.
«Nosotros somos la oposición», afirmó enfático el cordobés.
Anoche algunos radicales connotados, mientras abandonaban la sede del comité nacional de la UCR, parecían buscar conformarse cuando repetían como un sonsonete: «Parece que se lo hubiera buscado deliberadamente; no aceptó ningún consejo», apuntaban y disparaban sobre De la Rúa.
• Sin opinión
Una especie de parálisis pareció ganarlos. Ni el comité nacional ni la convención que preside el entrerriano Sergio Montiel emitieron opinión, «nadie se expide», comentó resignado uno de ellos. Hasta el anuncio de Roggero, todos -incluido el propio De la Rúa, según la opinión de un hombre suyo como Nicolás Gal lo-, aguardaban un pronunciamiento del peronismo desde la noche de San Luis.
En los contactos telefónicos de Rozas con algunos hombres del PJ, como Eduardo Duhalde por ejemplo, el radical habló de hacerle llegar un programa económico que contendría una devaluación del peso, para que el bonaerense lo analizara. ¿Y no con Carlos Ruckauf? fue el interrogante casi obligado que surgió de la charla informal con este diario. «No, porque el que maneja mayor capital político en diputados es Duhalde; y cualquier decisión en ese ámbito hay que hablarla primero con él», confió el oficioso informante.
Además la jugada, en este diálogo entablado con Duhalde, buscó descolocar a Ruckauf, a quien algunos radicales identifican desde hace tiempo buscando la derrota del gobierno de De la Rúa. «Si Duhalde acepta, Rucucu queda fuera de juego» se ilusionaron antes del rechazo. Además, si el jefe del PJ bonaerense aceptaba introducir y debatir en el Congreso ese proyecto de plan económico, «la devaluación acarreará un alto costo político en la clase media, que de esa forma compartiríamos», se entusiasmaron.
La noche caía y el proyecto de ceder ministerios como el de Economía, y hasta la jefatura del Gabinete de ministros al peronismo, para convencerlo de la necesidad de cogobernar, entraba en el túnel de los recuerdos. Ya se conocía el texto de la renuncia del Presidente de la Nación y se anunciaba la convocatoria a la asamblea legislativa para designar a Ramón Puerta en lugar de De la Rúa. «Y pensar que hace quince días atrás se anunciaba que Puerta lo reemplazaría a Chupete por dos días, lo que duraría el viaje a Montevideo. ¿Lo que es la política, no?», se resignó el dirigente radical.
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