¿Nace un estilo en
damas gobernantes?
Gabriela Michetti echó
mano ayer del
cristinista abanico para
frenar el calor y
además endurecer el
discurso oficial del
Gobierno porteño
contra los gremios.
Dijo claro que se usó
dinero público para
pagar favores.
Gabriela Michetti endureció el rostro para mitigar el aire acuerdista que exhibió Mauricio Macri en la negociación con los gremios porteños. Pese a que ese acuerdo fue una capitulación de los sindicalistas, que firmaron la aceptación de todo lo que imponía el jefe de Gobierno en materia de revisión de designaciones heredadas, la vicejefa apuntó a dos problemas de fondo: primero el clientelismo en nombramientos; segundo, la revisión de las concesiones municipales.
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Esos dos frentes enfilan la artillería hacia las anteriores administraciones, comenzando por la de Jorge Telerman, los adversarios del macrismo presumen que existe algún entendimiento entre el ex jefe y Macri que permitió las leyes de la transición, especialmente el aumento de las tasas municipales.
Ese acuerdo sería manifestación de un pacto de fondo urdido por los dos para precipitar la caída de Aníbal Ibarra. Lo cree el propio Ibarra y con eso basta para que ruede el filme; lo mismo profesan los kirchneristas de todas las extracciones. Creen que Macri y Telerman actuaron juntos en esa destitución para infligirle una derrota política al gobierno nacional en el principal distrito del país. Que Telerman se aliase a Elisa Carrió en las elecciones a legisladores del 28 de octubre confirmó esa percepción del kirchnerismo, que tiene una inquina hacia la musa del ARI que no tiene hacia el ex presidente de Boca.
Fragilidad
«Los pactos son para ser cumplidos, o no», es una expresión que se le atribuye a Juan Perón cuando firmó el pacto con Arturo Frondizi en 1958. Expresa la fragilidad de los entendimientos políticos, que sirven a una coyuntura pero se disuelven en los nuevos contextos. Ahora Macri gobierna y Telerman está en su casa.
Si hubo un acuerdo entre los dos, estas expresiones de la dulce Michetti, hasta ahora un dechado de moderación, lo han derribado. «Como habían perdido las elecciones ciertos grupos políticos -disparó ayer-había que financiar a la gente a través de los dineros públicos. En la Ciudad había una visión electoralista, de nunca mirar el mediano y largo plazo. Tratar de que no se me genere demasiado conflicto en la coyuntura y no tener ningún costo y ningún problema. Así no se puede gobernar nunca», remató.
Hay un sola prolongación de estas expresiones: los tribunales. Fernando de la Rúa y un grupo de radicales que vistos hoy pertenecen a otra era geológica arrastran por los juzgados una vieja causa por « ñoquis». ¿Qué ex jefe de Gobierno no tendrá que probar la misma pócima amarga, la que sufren todos los políticos cuando se quedan sin poder? «La mayoría de los más de dos mil despedidos fueron incorporados el año pasado», dijo Michetti para ser más explícita, sin mencionarlo a Telerman, claro.
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