Sigue la pelea de enero dentro del PJ
Oficio de verano el de Kirchner de dedicarse a la reconstrucción del PJ. A eso se dedicará hoy, controlando el próximo congreso del PJ bonaerense. Mientras, Barrionuevo arma una segunda cumbre contra Moyano, aliado del ex presidente.
-
Medios británicos reaccionaron a los dichos de Villarruel sobre las Malvinas: hablaron de "insulto" y "escalada"
-
Reforma laboral: la CGT pidió apartar a los camaristas que restablecieron la vigencia de la nueva ley
Para entonces, se promete que Cristina comenzará con un régimen más extendido e intensivo de actividad. En estas semanas, luego de unos días de vacaciones y varios break de descanso -como el de este fin de semana en Chapadmalal-, funcionó como una presidente part-time.
Comparada con la hiperactividad de su marido -que abruma a los ministros de su esposa con llamados sobre los temas de la coyuntura, en algún caso segundos después de que una noticia apareció en la TV o la radio-, el ritmo de Cristina parece el de un devoto de la slow life.
Inhabitual en la política, la conducción bicéfala es todo un desafío para los Kirchner porque los límites entre jefatura partidaria y gestión son, como mínimo, difusos. ¿No habló, acaso, el ex presidente con De Vido para saber sobre obras que esperan intendentes amigos?
En febrero, durante la preparación de la normalización partidaria, Kirchner recorrerá de arriba a abajo, una y otra vez, la lista de gobernadores y jefes territoriales con los que considera necesario hablar sobre el proceso de « modernización» del PJ.
Parte de esa tarea, el ex presidente la delegará en Juan Carlos «Chueco» Mazzón, operador que casi debería inventariarse entre los «bienes» permanentes de la Casa Rosada donde se aloja, casi sin intermitencias, desde las épocas de euforia en que respondía a Carlos Menem.
En lo formal, Mazzón es coordinador de la Unidad Presidente: desde esa oficina de Balcarce 50 empezó a diseñar, guiado a control remoto por Kirchner, el proceso de normalización del PJ nacional. Hasta en eso los límites se confunden: un funcionario público, técnicamente al servicio de Cristina, secunda a Kirchner en la tarea partidaria.
Tanta mixtera empuja a voceros veraniegos como Aníbal Fernández a difundir loas sobrelas ventajas de normalizar el PJ y, además, negar -claro está- que la presencia de Kirchner como jefe del partido pueda ensombrecer la gestión ni la autoridad de su esposa presidente.
Kirchner no es Alfonsín, ni Cristina, De la Rúa, quizá pensó en decir. Pero prefirió la respuesta de manual: «No habrá riesgo de que compartan el poder. En el partido, el poder pasará por Kirchner; en el gobierno, por la Presidente», dijo el ministro de Justicia y Seguridad.




Dejá tu comentario