Sin ley, Cavallo no nombra a su equipo
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La señal es compulsiva: si me votan la ley me quedo, si no, me voy. Por si me voy, ¿para qué voy a nombrar a nadie como hizo López Murphy, que duró una semana? Los presentes en la cena del Panamericano quedaron en ascuas esperando que el Congreso vote, en una semana, como sueña el ministro.
Cavallo blindó su regreso al centro del escenario con el dato -que ha recordado ante todos sus interlocutores desde hace una semana-que logró 2 millones de votos en 1999 con un folleto titulado «Un hombre un empleo». Ya en el podio demora esta consigna, por eso apareció ayer por TV totalmente solo y sin acompañante alguno. Se sigue moviendo con su moviconero de siempre, José Luis, y el vocero del último tiempo, el ex embajador Albino Gómez. Los demás, que esperen.
De todos los presentes sólo dos tenían ya arreglado su nombramiento, el nuevo ministro de Infraestructura, Carlos Bastos y Armando Caro Figueroa (segundo del jefe de Gabinete). Se distrajeron en conversaciones con otros aspirantes como Juan Llach, Ricardo Gutiérrez, Edmundo del Valle Soria, Marcelo Regúnaga, Juan Carlos Pesoa, Osvaldo Giordano. Los únicos sobre los que se sabe que Cavallo ha manifestado interés en llamarlos de nuevo son Ricardo Gutiérrez y Juan Schiaretti. Se los pidió ayer a sus jefes actuales, Carlos Ruckauf y José Manuel de la Sota, pero éstos le adelantaron que no aceptarán ningún cargo.
Preguntaban por algunos ausentes, como Horacio Liendo, que se sabe trabajó con Cavallo el proyecto de ley ómnibus que fue ayer al Congreso, pero que no tiene pensado sumarse otra vez a la función pública. Otro era Carlos Sánchez, retenido en Córdoba por su función como rector de la universidad Siglo XXI, vinculada a Rodolfo Terragno, uno de los viejos adversarios de Dmingo Cavallo. Tampoco estaba Walter Schulthess, que sueña con volver a ser el hombre «de los abuelos» en esta nueva etapa; ni Schiaretti, que seguirá en el gabinete de De la Sota en Córdoba.
Nostalgia
Nadie, por pudor, se animó a pasar lista en voz alta por las bajas que se han producido en los últimos años en el lote cavallista (los Dadone, Guillermo Seita, Haroldo Grisanti, todos distanciados por motivos insalvables).
Pero el ministro decepcionó. Comenzó un discurso nostálgico sobre la gesta de aquel 20 de marzo, sin olvidar que era la festividad de San José, patrón de las obras materiales. Siguió con un diagnóstico sobre la economía de un dramatismo extremo. Como entre sus ex funcionarios, los hay de todos los colores, omitió mencionar a adversario alguno y llamó a que se sumasen, sin fecha ni rango, a la misión de salvar al país.
Sin transición alguna, Domingo Cavallo switcheó a un discurso estrictamente proselitista y expuso, como lo hizo ayer durante toda la jornada ante sindicalistas, gobernadores, bloques legislativos y por televisión, las líneas de su proyecto de ley de competitividad. Esta palabra, admitió, es tan difícil de pronunciar como convertibilidad pero, se autoelogió, el público la aprendió porque entendió que ayudó a salvar la economía de cada ciudadano.




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