22 de marzo 2001 - 00:00

Sin ley, Cavallo no nombra a su equipo

Domingo Cavallo decepcionó a un amplio lote de ex funcionarios, que esperan un nombramiento en esta nueva singladura del superministro. Con olfato pampa escucharon el llamado de su jefe y se agolparon en la noche del martes en el restorán del hotel Panamericano para un doble festejo: el regreso al poder y el cumpleaños de la convertibilidad, que se cumplió el mismo día que juró Cavallo como ministro de Fernando de la Rúa.

Un anuncio intempestivo enfrió el entusiasmo de algunos: Cavallo no va a nombrar a ningún miembro de su equipo hasta que el Congreso le vote la llamada ley de competitividad que envió anoche a la Cámara.

Motivo

La señal es compulsiva: si me votan la ley me quedo, si no, me voy. Por si me voy, ¿para qué voy a nombrar a nadie como hizo López Murphy, que duró una semana? Los presentes en la cena del Panamericano quedaron en ascuas esperando que el Congreso vote, en una semana, como sueña el ministro.

Cavallo
blindó su regreso al centro del escenario con el dato -que ha recordado ante todos sus interlocutores desde hace una semana-que logró 2 millones de votos en 1999 con un folleto titulado «Un hombre un empleo». Ya en el podio demora esta consigna, por eso apareció ayer por TV totalmente solo y sin acompañante alguno. Se sigue moviendo con su moviconero de siempre, José Luis, y el vocero del último tiempo, el ex embajador Albino Gómez. Los demás, que esperen.

El primer motivo del festejo, que consistió en cena a la carta, reservada sólo para el sexo masculino, explotaba las coincidencias del regreso al poder de Cavallo, que reproduce casi sin diferencias el que protagonizó con Carlos Menem hace exactamente diez años. A esa asunción siguió, el 20 de marzo de 1991, el anuncio en el Salón Padilla del Ministerio de Economía del proyecto de ley de convertibilidad que se enviaba ese mismo día al Congreso.

Esa ley fue la piedra de bóveda del período del mejor Cavallo, entre 1991 y 1995, cuando alcanzaba además el máximo poder -aunque también el más grande conflicto con su presidente de entonces-.

Esta segunda evocación disfrazaba la verdadera euforia que ganó al lote principal que rodeó a Cavallo y a Sonia Abrazian en la cena en que el ministro quiso limitar a su ex equipo económico. No asistieron, por caso, los legisladores nacionales, a quienes les ordenó que a esa hora hicieran una reunión del bloque. Sólo se exceptuó al principal asesor hoy de Cavallo, el diputado mendocino Jorge Baldrich, que fue subsecretario de Relaciones Provinciales durante el anterior ministerio del cordobés.

De todos los presentes sólo dos tenían ya arreglado su nombramiento, el nuevo ministro de
Infraestructura, Carlos Bastos y Armando Caro Figueroa (segundo del jefe de Gabinete). Se distrajeron en conversaciones con otros aspirantes como Juan Llach, Ricardo Gutiérrez, Edmundo del Valle Soria, Marcelo Regúnaga, Juan Carlos Pesoa, Osvaldo Giordano. Los únicos sobre los que se sabe que Cavallo ha manifestado interés en llamarlos de nuevo son Ricardo Gutiérrez y Juan Schiaretti. Se los pidió ayer a sus jefes actuales, Carlos Ruckauf y José Manuel de la Sota, pero éstos le adelantaron que no aceptarán ningún cargo.

Preguntaban por algunos ausentes, como
Horacio Liendo, que se sabe trabajó con Cavallo el proyecto de ley ómnibus que fue ayer al Congreso, pero que no tiene pensado sumarse otra vez a la función pública. Otro era Carlos Sánchez, retenido en Córdoba por su función como rector de la universidad Siglo XXI, vinculada a Rodolfo Terragno, uno de los viejos adversarios de Dmingo Cavallo. Tampoco estaba Walter Schulthess, que sueña con volver a ser el hombre «de los abuelos» en esta nueva etapa; ni Schiaretti, que seguirá en el gabinete de De la Sota en Córdoba.

Nostalgia

Nadie, por pudor, se animó a pasar lista en voz alta por las bajas que se han producido en los últimos años en el lote cavallista (los Dadone, Guillermo Seita, Haroldo Grisanti, todos distanciados por motivos insalvables).

Pero el ministro decepcionó. Comenzó un discurso nostálgico sobre la gesta de aquel 20 de marzo, sin olvidar que era la festividad de
San José, patrón de las obras materiales. Siguió con un diagnóstico sobre la economía de un dramatismo extremo. Como entre sus ex funcionarios, los hay de todos los colores, omitió mencionar a adversario alguno y llamó a que se sumasen, sin fecha ni rango, a la misión de salvar al país.

Sin transición alguna,
Domingo Cavallo switcheó a un discurso estrictamente proselitista y expuso, como lo hizo ayer durante toda la jornada ante sindicalistas, gobernadores, bloques legislativos y por televisión, las líneas de su proyecto de ley de competitividad. Esta palabra, admitió, es tan difícil de pronunciar como convertibilidad pero, se autoelogió, el público la aprendió porque entendió que ayudó a salvar la economía de cada ciudadano.

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