El gobierno ya habría decidido que no quiere arriesgarse a que la Cámara de Diputados sesione la semana próxima. Es la última oportunidad de los legisladores para votar la maratón de leyes clásica de fin de año. Se suma ahora que muchos se retiran de sus bancas y que están pendientes la aprobación del Presupuesto 2006 y la prórroga de impuestos que vencen el 31 de diciembre. El duhaldismo y la UCR siguen sin aceptar una votación en esa prórroga si no se eleva el mínimo no imponible en Ganancias y Bienes Personales. El gobierno no lo acepta y se niega a una sesión si no se garantizan esos proyectos sin cambios. Roberto Lavagna teme que, más allá del costo fiscal, esas reformas produzcan un impacto sobre la inflación al elevar el salario real de algunos sectores. No quiere Kirchner, además, que se aprueben otros temas complicados, como la derogación de los indultos o la reducción de miembros de la Corte Suprema, cuestiones que no impulsa la Casa Rosada. Con nuevos jefes kirchneristas estrenando cargos y una mayoría abultada después del 10 de diciembre, el oficialismo prefiere ahora postergar todo para las sesiones extraordinarias donde podrá hacer valer el resultado de las elecciones de octubre.
La idea de que no habrá sesión final antes de la renovación de la cámara y que el gobierno prefiere llevar el Presupuesto 2006 y los impuestos a extraordinarias para organizarse mejor quedó tan clara ayer que el radicalismo emitió un comunicado de protesta.
Es que, de no reunirse, la mitad de los diputados perderá la posibilidad de votar sus últimos proyectos antes de retirarse del cuerpo; es el famoso maratón de fin de año, en el que cada uno consigue aprobar algún proyecto para su provincia. Se perderían casi 200 proyectos de ley, aunque esto se debe también a que Diputados no sesiona desde mediados de setiembre. Pero el gobierno, frenando la sesión, también se arriesga a que, por reacción, no se traten otros temas como la ley que impulsó
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