Sindicalistas vacunaron a un ministro de Duhalde
-
Milei encenderá una de las antorchas de la independencia en Israel
-
"Milei sí o Milei no": la nueva grieta que marca la política
• Credo
González García evitó esa cáscara de banana y les recitó el credo que más les gusta y que él, sinceramente, profesa: «Con ustedes no debería tener problemas. Para mí el sistema de obras sociales es el mejor y si alguien encuentra uno más perfecto, que me avise». De ese modo, el nuevo ministro dio por clausurada cualquier iniciativa de desregulación, el látigo con que los distintos gobiernos vienen amenazando a «gordos» que ya hace tiempo están cansados de que se los obligue a pelear por algo. Formulada la premisa, Ginés planteó la dimensión de su agresividad, por cierto módica: «Hay que emprolijar todo. Hay obras sociales que deben caer y otras que habrá que ampliar porque funcionan bien. Eso sí, deberíamos pensar en un esquema más ambicioso, con prestaciones más amplias y que resulte más solidario».
Sin embargo, González García insistió: «Mi obsesión es mejorar el hospital público, que está destruido. Quiero que funcione bien y que ustedes lo contraten y ayuden a mantenerlo». La explicación de esta pasión hay que buscarla lejos, en los estudios y escritos del ministro, un peronista clásico. Pero también en razones más inmediatas. Por ejemplo, en la afirmación que lanzó mirando a Corchuelo Blasco, el encargado de la obra social de los jubilados: «En el PAMI vamos a tener que ser drásticos. Mejoraremos hacia adelante, pero si creen que voy a hacerme cargo de la deuda hacia atrás, están locos. ¿Cómo hago para pagar 1.800 millones de dólares, que es lo que me exigen?». A Cavalieri, deudor como el instituto, se le volvió a iluminar el rostro.
Hacía tiempo que la CGT dialoguista no se sentía tan comprendida, casi halagada, por un funcionario. Por eso no hubo agresividades ni ironías. Casi trataron a González García con mayor cordialidad que la que le ofrecen a Alfredo Atanasof, uno de ellos, actual ministro de Trabajo. A él ya le pidieron un aumento del salario mínimo, vital y móvil. Todo esto en lo de Cavalieri, claro. En otros rincones la temperatura es distinta. Hugo Moyano, que se sintió excluido, concurrió ayer al Ministerio de Trabajo y a la salida planteó un pliego de peticiones casi implacable: que no se mantenga 13% de recorte a los salarios del sector público, que se suspendan los despidos, que se aumenten los salarios. Moyano no lee los diarios, es obvio.
Sus manifestaciones, aun así, tienen algo de presión (la palabra extorsión es muy dura). Pero anoche se comentaba en el entorno del camionero que si no lo tienen en cuenta a la hora de los «repartos», volverá a las andadas. Su primera amenaza, por ejemplo, consiste en no asistir a la concertación social a la que convocó la Iglesia y que tendrá hoy su primera sesión de trabajo en la sede de Cáritas de la calle Balcarce 236.




Dejá tu comentario