La pandemia complicó este año el festejo del día nacional de Chile que se celebra el 18 y 19 de septiembre. Cada año la recepción en la embajada en Buenos Aires es el termómetro esencial para conocer la marcha de las relaciones entre los dos países y allí se cruzan normalmente oficialistas y opositores argentinos con todos los representantes chilenos. El aislamiento no lo permitió este año, pero el embajador Nicolás Monckeberg se las ingenió para que la fiesta no pasara desapercibida en la ciudad.
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Festejo. Felipe Solá; José Octavio Bordón; el embajador de Chile en la Argentina, Nicolás Monckeberg; el cónsul de Chile en Buenos Aires, Alejandro Bravo; y Fernando Straface, en el Planetario iluminado para el festejo.
Así la celebración duró una semana (desde el 14 al 20) y aunque hubo cuarentena. hubo unidad del gobierno de Horacio Rodríguez Larreta y de Alberto Fernández para que se iluminaran los principales edificios de Buenos Aires con los colores de la bandera chilena. Fue en uno de esos actos, en el Planetario porteño, donde se hizo el acto central junto al embajador que recibió allí a Felipe Solá (reaparecido este fin de semana tras un silencio bastante largo), el “canciller” de Rodríguez Larreta, Fernando Straface, Ginés González García y Eduardo Valdés. El gobierno dio todos los guiños de participación en las fiestas patrias chilenas, tal como se había acordado.
El cierre de todo fue el sábado con una “contienda de payadores”, En esa guerra argentina puso a Cristian Méndez, apodado el “Payador de las Sierras”, de Balcarce, quien se cruzó en la otra esquina con el chileno José Sepúlveda, “Monteaguilino”, nacido en la localidad de Monte Águila en la Octava Región.



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