10 de diciembre 2007 - 00:00

Sólo el mensaje a la Asamblea respetará protocolo oficial

Cristina de Kirchner reeditará hoy una ceremonia de transmisión del mando presidencial que sólo protagonizó su marido en toda la historia de la Argentina. La propia presidente electa instruyó que fuera así, quizá como una cábala. Es decir que asumirá el mando en el Congreso, cuando un protocolo centenario -que respetaron tanto gobiernos democráticos como dictaduras- indica que la jura presidencial se hace ante la Asamblea Legislativa y la toma del mando en la Casa de Gobierno.

Será el marco que eligió para el momento más esperado del día: el primer mensaje que pronunciará como presidente, en el cual, a pesar de las pocas filtraciones que se han conocido, seguramente va a anunciar un megaplan de obras públicas que incluirá desde un nuevo túnel de comunicación con Chile hasta la esperada autopista ribereña en la Capital Federal. Se sabe también que Cristina de Kirchner hablará allí de autonomía porteña -se informó hace una semana de un plan para traspasar la Policía a Mauricio Macri con financiamiento por un año-, aunque se descarta que exista algún anuncio sobre la compra de acciones de YPF, una decisión que debe comunicar primero la empresa a los accionistas en la Bolsa de Madrid.
El protocolo en cuestiones de Estado no encierra sólo la simpleza de la formas. Los franceses, los ingleses y los estadounidenses saben claramente que tras esas formas se encierran muchos de los secretos que simbolizan el fondo de la distribución del poder.

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  • La ceremonia clásica de transmisión del mando siempre se inició en el Congreso. El presidente electo llegaba allí despojado de sus atributos -por ejemplo, con una escolta austera- y juraba el cargo ante la Asamblea Legislativa. El protocolo histórico indica que es el presidente provisional del Senado el encargado de tomarle juramento, un acto que en el mismo momento se hace también con el vicepresidente electo. Acto seguido, invita al nuevo mandatario a dar su primer mensaje a la Asamblea Legislativa.

    Recién después, el presidente, todavía no asumido, sale por la explanada de honor del Congreso y se dirige por Avenida de Mayo hacia la Casa de Gobierno para recibir el mando del presidente saliente y más tarde tomar juramento a sus ministros. En ese paseo, que en otras épocas se realizaba en un descapotable, ya va escoltado por el Regimiento de Granaderos a Caballo.

    Por supuesto que siempre hubo excepciones, en todos los casos debidos a caprichos de figuración. Por ejemplo, a Fernando de la Rúa y Carlos Chacho Alvarez les tomó juramento Carlos Ruckauf, que terminaba ese día su mandato como vicepresidente de Carlos Menem. Ruckauf no dejó que fuera el radical mendocino José Genoud el encargado del trámite. Recién después de la jura dejó la Asamblea en manos de Genoud para que invitara a De la Rúa a dar su mensaje.

    El protocolo de la ceremonia de traspaso que se vivirá hoy nació con la asunción de Duhalde. En ese caso el cambio estaba justificado: fue la Asamblea Legislativa la que lo eligió para ocupar la presidencia y, por lo tanto, el poder debía ser entregado allí. En ese traspaso de mando todo fue distinto, no había demasiado para celebrar en medio de la crisis.

    Duhalde decidió que como el Congreso le había otorgado el mando, debía ser también allí donde lo entregara. Pero no protagonizó, como sucederá hoy, la jura de su sucesor. A Néstor Kirchner le tomó juramento el 25 de mayo de 2003 José Luis Gioja, presidente provisional del Senado. Recién después de ese acto, Gioja informó a la Asamblea que se encontraba «en la antesala de este recinto» el presidente Eduardo Duhalde, quien procedería a entregarle los atributos del mando al presidente Kirchner.

    Junto al escribano general de gobierno se leyó el acta de traspaso, con la imposición de la banda y la ya recordada entrega del bastón en medio de un jugueteo de Kirchner que su esposa Cristina festejó desde las bancas. Duhalde entonces tomó asiento y escuchó el mensaje de Kirchner a la Nación.

    Kirchner volvió a la Casa Rosada sólo para tomar juramento a sus ministros, como sucederá hoy.

    Quedó entonces desde ese momento definitivamente enterrada una civilizada costumbre de los cambios de mando: la imagen del nuevo presidente acompañando al saliente hasta la salida de la Casa Rosada y el clásico saludo en la explanada sobre la calle Rivadavia. Esa imagen se vio por última vez cuando De la Rúa acompañó a Menem hasta la salida de la Rosada; era un clásico del protocolo presidencial que ni siquiera Raúl Alfonsín rompió cuando recibió el mando del general Reinaldo Bignone; a pesar de las protestas del algunos sectores del radicalismo, lo acompañó también hasta su auto.

    Hoy Néstor Kirchner estará presente en todo el proceso de juramentación de su esposa, como nunca estuvo involucrado antes un presidente saliente. Y hasta en ese punto habrá también nuevas variantes en el protocolo.

    Tras el arribo al Congreso a las 15, Cristina de Kirchner y su marido serán recibidos por una comisión especial de senadores y diputados, con Eduardo Fellner y José Pampuro a la cabeza.

    Después de ingresar al recinto y frente a la Asamblea Legislativa se verá el primer cambio: será Daniel Scioli en su último acto como vicepresidente y no Pampuro quien le tome el juramento a Cristina de Kirchner y a Julio Cobos. Después de ese momento, Scioli cambiará de lugar y se sentará junto a Néstor Kirchner, que, con su esposa, Cobos y Fellner compartirán durante todo el acto el estrado principal.

    Luego el escribano de gobierno leerá el acta donde se legaliza el cambio de mando, segundos antes que Kirchner le entregue la banda y el bastón a su esposa. Recién entonces la nueva presidente dará su primer mensaje al país, mientras desde el palco bandeja, a un metro de distancia, la seguirán Michelle Bachelet, Felipe de Borbón, Hugo Chávez, Tabaré Vázquez, Nicanor Duarte Frutos, Rafael Correa y el resto de los visitantes extranjeros.

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