24 de agosto 2007 - 00:00

Sólo Pichetto defendió al agresor

La votación de la recortada ley de autonomía porteña desnudó -a pesar de la aparente rigidez con que trató el tema el kirchnerismo- los problemas internos que sufre hoy un oficialismo que cada día puede controlar menos el Congreso. Frente a la desaparición casi absoluta de todo margen de independencia en el Poder Legislativo, son más notorias ahora las pequeñas rebeliones que se registran en el oficialismo.

La historia de ese proyecto en el Senado comenzó complicada. Cuando la ley llegó a esa Cámara desde Diputados no fue girada a la Comisión de Asuntos Constitucionales, como indica el reglamento para ese tipo de temas.

No fue un error, sino la decisión política, como viene sucediendo con temas espinosos desde principios de este año, de no girarle la cuestión a Cristina de Kirchner. Así, se mató a dos pájaros de un tiro: evitaron que la primera dama tuviera que reunir la comisión que preside, donde se acumulan decenas de temas en espera desde hace meses, y que al mismo tiempo se viera forzada a hablar sobre la autonomía.

El proyecto fue girado, entonces, a la Comisión de Asuntos Administrativos y Municipales, que pesar de su nombre no es la encargada de dictaminar sobre ese tipo de cuestiones.

  • Reglamento

  • De hecho, la decisión de no complicar a Cristina de Kirchner con la ley de autonomía violó el artículo 66 del reglamento del Senado que establece: «Corresponde a la Comisión de Asuntos Administrativos y Municipales: dictaminar sobre lo relativo al régimen jurídico de la administración pública central y descentralizada ... cualquier otro asunto relacionado con el derecho administrativo y municipal, con exclusión de las materias de la ley que garantizará los intereses del Estado nacional, mientras la Ciudad de Buenos Aires sea capital de la Nación».

    En Asuntos Administrativos, presidida por la radical María Dora Sánchez, sí interpretaron el reglamento y se negaron a dictaminar sobre un proyecto que no les correspondía y sobre el que el radicalismo tenía poco que decir. Esa fue la razón por la que la ley de ampliaciónde la autonomía porteñallegó al recinto el miércolessin dictamen y tuvo que ser finalmente aprobada sobre tablas, aunque ese procedimiento sirvió para no complicar la campaña de la senadora bonaerense.

    No fue la única complicación para el kirchnerismo en esa sesión. En la reunión previa del bloque del Frente para la Victoria, Miguel Pichetto tuvo que enfrentar una suerte de rebelión. Sabían los peronistas que la oposición intentaría debatir en el recinto un proyecto del radical santacruceño Alfredo Martínez en repudio a la agresión de Daniel Varizat a los manifestantes en Río Gallegos. Por eso alertaron al jefe de bloque: «¿Qué hay que hacer con este tema? A Varizat no lo defendemos».

    Ese descontrol del bloque se calmó más tarde en el recinto. Como era de esperar, Martínez pidió tratar el repudio a Varizat y el PJ le negó el pedido, pero sólo Pichetto lo defendió, seguramente respondiendo a una orden superior: «Aquí hay un hecho desgraciado, el que ha protagonizado el ex senador Varizat, un hombre de la democracia, que fue diputado y senador. Creo que fue un grave error, pero que fue dimensionado por la oposición hasta el punto de asignarle responsabilidad al gobierno nacional», dijo. Nadie más quiso hablar sobre el tema.

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