Someten de nuevo al país a otra señal de Kirchner (en la guerra contra el campo)

Política

Como si no hubieran alcanzado los discursos, acciones, paros y amenazas que rodean al conflicto del campo desde hace 76 días -la más estéril de las pugnas de los últimos años-, desde hoy intervendrá en la puja el Partido Justicialista. Lo que faltaba. Gestión, claro, de su flamante titular, Néstor Kirchner, quien le descubrirá un servicio a ese instituto que durante años sólo sirvió para prestar su nombre el día de las elecciones. En la reunión de hoy de la calle Matheu, el ex mandatario, junto con su staff de gobernadores y acólitos, suscribirá un documento de protección democrática a la Casa de Gobierno, a favor de su propia consorte en jefe. Lo que debe entenderse, además, como un acto contra el movimiento rural que reclama por las retenciones móviles y que, ahora, gracias a este gesto del santacruceño, se convertirá en una suerte de Unión Democrática del siglo XXI. Sólo le falta que a ese engendro le endosen como frutilla un Braden como enemigo, aunque por el momento no hay candidatos a la vista. Hasta un observador miope habrá descubierto que la protesta agraria se inició hace más de dos meses y por la demanda de un interés económico fácilmente subsanable, casi una cuestión de precio. Cierta impericia gubernamental a la hora de negociar -apoyada en la idea de no negociar- exacerbó ese reclamo, el cual fue incorporando quejas por la postergación del interior, la falta de federalismo, la libertad laboral, la pobreza del campo y hasta recordó como vigente el desafío de unitarios y federales de hace dos siglos. Concluyó en una concentración, hace 48 horas, sólo comparable a los tiempos del regreso a la democracia. Elementos suficientes para que el peronismo, inspirado por Kirchner, suponga que esos dirigentes ruralistas -algunos con obvias dificultades de expresión- representan a un presunto partido agrario que no sólo desestabiliza al gobierno de la señora Cristina, sino que, además, en un futuro próximo, cuestionará el peso hegemónico del movimiento que más ha gobernado la Argentina desde hace 60 años. Hay un solo dato cierto: la gente del campo ha sido capaz de juntar lo que el PJ nunca pudo juntar, por lo menos en toda la gestión de los Kirchner. Detalles más, detalles menos, el gobierno inventó en esta descripción su propia opción opositora: a lo económico lo convirtió en político y, desde la política, hoy responderá a lo económico. Otros idiomas, claro, como la incomprensión popular ante el comportamiento errático de un gobierno que anuncia reuniones con el campo, las deshace, las vuelve a anunciar, las vuelve a suspender, anticipa medidas y luego las voltea -ejercicio para psicólogos que dominó la jornada de ayer-, hasta llegar a la terminal peronista que hoy se desgarrará por el peligro poco democrático que representan hacendados, peones, aparceros y exportadores.

El rodeo fue largo: jugueteó con la transversalidad, transitó brevemente por la Concertación y montó, como gesto autonómico, un búnker en Puerto Madero. Al final, Néstor Kirchner volvió al PJ y hoy, atormentado por la crisis, se mudará a la sede partidaria de la calle Matheu, un lugar que dice nunca le gustó.

El supuesto de que ese procesode apropiación del peronismo esconde una victoria y un fortalecimiento se derrumba a poco de andar: el PJ es, para el patagónico, la última trinchera desde la que resistir la mala hora que enfrenta la dinastía kirchnerista. Ayer, a pocas horas de la movilización que enfrentó la Presidente -semejante en cantidad a la avalancha que fulminó a Fernando de la Rúa- el ex presidente decidió convocar a la mesa del PJ nacional para mostrar que el elenco oficial está alineado.

Los hará firmar un documentode apoyo a su esposa y crítica al campo, abrazado al habitual diccionario peronista de la « oligarquía», «golpismos» y partido agrario. Nostalgias desesperadas que, a más de un gobernador, le costará rubricar al pie.

Vuelve Kirchner, como hace tiempo le pronosticaron amigos y enemigos, al PJ en busca de una contención que no tiene en otro lado: los radicales K se fugan y la «gauche» kirchnerista está cada día más crítica por lo que sólo le queda, como sostén, el peronismo pejotista. No puede decirse que no olfateó esa necesidad: a fin del año pasado, resolvió ponerse él mismo al frente del partido cuando venía planteando a un tercer hombre para dedicarse él a una especie de jefe de una Concertación que incluya, pero no se limite, al peronismo. El viernes pasado, desde San Juan, el propio Kirchner dinamitó los escombros que quedaban de aquella aventura: dijo que el peronismo ganará en 2009 y en 2011, con lo que renunció a una mayoría amplia para, a cambio, recluirse en la minoría más poderosa.

En ese marco, a las 18, en la sede de Matheu -adonde volverá después de años de intencionadamente evitar ese reducto- Kirchner recibirá a los otros 26 miembros del consejo partidario que él preside y en el que lo secundan el gobernador Daniel Scioli y el camionero Hugo Moyano.

Será el debut formal de la conducción que quedó proclamada de hecho en abril último luego de que en la interna partidaria sólo perdure la lista oficial encabezada por el sureño. Otra, patrocinada por los Rodríguez Saá, fue degollada por la junta electoral partidaria.

Hasta ahora el único que tomó legalmente posesión del cargo fue Kirchner que días atrás, por acta judicial, se hizo cargo de la jefatura del partido con lo que se dio por terminado el período de intervención que llevó Ramón Ruiz, por orden de la jueza María Servini de Cubría.

Al margen del papeleo necesariopara la asunción de las nuevas autoridades, la cumbre convocada de urgencia por Kirchner tiene un claro contenido político: la pretensión del ex presidente es que el peronismo normalizado consolide su apoyo a Cristina de Kirchner. En el PJ hablaban ayer de montar un «blindaje» en torno a la Presidente, al mostrar el peso institucional del partido, combinado con el fuego callejero -Moyano- y el soporte público que dan figuras como Scioli o el propio Kirchner que mantienen buenos índices en el foco público.

Algo anda mal en el planeta Kirchner. El domingo, en Salta, la Casa Rosada no pudo garantizar ni la multitud ni una asistencia sin fisuras de los caciques peronistas para rodear a la Presidente cuando más lo necesitaba, desafiada por los chacareros desde Rosario.

Los faltazos de Juan Schiaretti, Mario Das Neves y Celso Jaque, tres gobernadores de indisimulable ADN peronista, pueden explicarse por formalismos como actos en sus provincias, pero esconden también que hay matices, leales y no tanto, en el mapeo nacional.

De hecho, en la mesa del PJ, tienen butaca reservada dirigentes como el pampeano Oscar Jorge, que se mostró muy cerca de los productores o Das Neves que se dedicó, liberado por Kirchner, a descargar palabras hirientes sobre el jefe de Gabinete, Alberto Fernández.

Son dos casos testigo dentro de un universo variado que incluye desde el nieto recuperado Juan Cabandié hasta el metalúrgico Antonio Caló, desde la ex ultrachichista Graciela Giannettasio al antiduhaldista Carlos Kunkel, de Alberto Fernández a Emilio Pérsico; de Julio De Vido a Teresita Luna.

En la primera reunión formal desde la intervención de setiembre de 2005, Kirchner se mostrará como jefe del buró del PJ junto a sus cinco vices -Scioli, Moyano, Urribarri, Rojkes y Capitanich- y un secretariado partidario de 22 miembros.

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