"Siempre quise ser parte de un movimiento transformador", se escuchó decir anoche a María Graciela «Hormiguita» Ocaña, en su mensaje de aceptación del cargo de administradora del PAMI y de los $ 3.000 millones de presupuesto anual. Una frase que no necesitó traducción: tuvo como destinatario a Néstor Kirchner, presente en el salón Sur de la Casa de Gobierno, y su proyecto político de «transversalidad». El salón, más chico que el Blanco adyacente, resultó incómodo para la cincuentena de personas que acompañó a la ahora diputada bonaerense con licencia, ex peronista y casi ex ARI por los cuestionamientos que le hacen desde el partido que lidera Elisa Carrió por aceptar ser parte del gobierno.
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La Ocaña fue acompañada en la mesa tendida al frente, además del Presidente, por los ministros Alberto Fernández (Jefatura de Gabinete), Aníbal Fernández (Interior), Gustavo Béliz (Justicia, Seguridad y Derechos Humanos); el secretario general, Oscar Parrilli; el legal y técnico, Carlos Zanini; y el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Aníbal Ibarra.
Kirchner también habló, en explícito respaldo a la novel funcionaria, y ante las dudas que siguen provocando muchas de las medidas que adopta su gobierno, se despachó con un juramento: «Por mis hijos les puedo jurar que la designación de la licenciada (en Ciencias Políticas) Ocaña está por encima de cualquier cuestión política». Fue una apelación propia de una barricada. Fue una lástima que, por no haber previsto el salón Blanco en lugar del Sur, los fotógrafos presentes en el lugar decidieran retirarse por considerar que no había comodidad suficiente para poder trabajar.
• Auditorio
Desde la platea, escucharon a Ocaña y a Kirchner hombres tan dispares en su raíz política como Héctor Recalde -inspirador ideológico del camionero Hugo Moyano y el MTA-y el rancio conservador e historiador de ese partido Roberto Azaretto, hoy asesor de Béliz. Los demás eran en familiares y amigos.
Recalde, que asistía a la segunda ceremonia consecutiva en la Casa de Gobierno, vistiendo democráticos e informales pantalones vaqueros -el acto anterior fue en el salón Blanco por los planes Jefas y Jefes de Hogar (ver nota aparte)-, no se despegaba del celular. Y el diálogo que mantenía en voz alta era más que significativo: «Si hay algún problema a la hora de firmar, que (Juan José) Zanola me llame, que no dude en hacerlo; enseguida. Mirá que yo tengo acá a Kirchner a mano y hablo con él y arreglamos todo». Para esas horas, el jefe del sindicato bancario estaba en plena negociación por el conflicto que mantiene con la banca privada -por la forma de incorporar el plus de $ 200-, en el Ministerio de Trabajo, con el ministro Carlos Tomada. ¿Qué mayor placer puede obtener Recalde que utilizar su hasta ahora desconocida gravitación sobre Kirchner para doblarle el brazo a Tomada? Sobre todo si, además, es en favor de Zanola. Finalmente, será el propio laboralista de Moyano quien termine por confirmar lo que se cree en Trabajo: que administra la agresividad de su pupilo camionero para quedarse con esa cartera.
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