7 de noviembre 2005 - 00:00

También Solá abre el libro de pases

También Solá abre el libro de pases
Contrarreloj, Felipe Solá se dedicará esta semana a ponerle nombres y temario a la alquimia política que imagina como un antídoto-o que siquiera retrase los efectos- para el síndrome del «lame duck» («pato rengo») que consume a los mandatarios sin posibilidad de reelección en los últimos dos años.

Para diciembre, el gobernador quiere tener activo su nuevo gabinete y definida, en detalle, la agenda política con la que encarará sus últimos dos años. Es una maniobra, lógica y predecible, con la que Solá intenta evitar que se le escurra el poder.

En La Plata, con algo de sobreactuación, hablan de mística. «La misma mística que pusimos para salir de la crisis que dejó Ruckauf y la que pusimos para enfrentar al duhaldismo, ahora tenemos que ponerla para dejar una marca en la gestión de gobierno.»

Una «marca», explicitan, que destaque la época de Solá: que libere al bonaerense de terminar en la carpeta de los gobernadores para los que la historia sólo reserva un párrafo desabrido. Lo logró, especulan, en política al enfrentar a Duhalde. Ahora el desafío es operativo.

• Asuntos delicados

En el radar del gobernador aparece un puñado de asuntos más o menos delicados para atender:

• Su destino político es lo primordial. Cree que logró consolidar su vínculo con
Néstor Kirchner, que éste le reconoció su contribución a la victoria sobre el duhaldismo y que, a partir de eso, lo premió como jefe del Frente para la Victoria bonaerense, un espacio donde el gobernador espera que convivan kirchneristas y felipistas -no que éstos se diluyan en las filas que veneran al Presidente-. Los vínculos cambian y las relaciones mutan pero en La Plata catalogan de «óptimo» el trato entre Solá y Kirchner, y hasta imaginan al bonaerense como un actor de relevancia en el escenario de 2007.

• Pero para preservar ese statu quo,
Solá considera que debe reforzar su perfil de gestión. Eso implica, de algún modo, reconocer que los últimos meses los agotó yendo de tribuna en tribuna, dedicado a dañar al PJ bonaerense, sector que -entendía- de no dominar, lo terminaría dominando a él. Por tanto, debe ordenar el frente administrativo: allí aparece la urgencia por definir una agenda que lo posicione y le permita dejar «marca», como dicen en La Plata. Bosquejó tres ejes: educación, donde se empezó a definir una reforma; Estado, a partir del aggiornamiento de las estructuras oficiales; y sector político, un viejo y frustrado sueño de Solá de introducir cambios de fondo al sistema electoral y político. Al margen, confía en que contará con un aporte del gobierno nacional para repotenciar la obra pública, sector donde empezarán a notarse los 500 millones de dólares que destinó el Banco Mundial (BM). Están en marcha, entiende, las reformas en materia de seguridad y penitenciaria, dos cuestiones espinosas que cada tanto le provocan un dolor de cabeza.

• Todo «relanzamiento», como lo definen los felipistas, reclama un cambio de elenco.
«Ningún ministro con 4 años de gestión resiste», citan como si fuese una regla implacable. Y Solá, aunque no termina de definirse el esquema, avanzaría con al menos tres variantes: a las forzadas, porque fueron electos legisladores -que de todos modos muestran alguna resistencia a dejar sus carteras-, de Mario Oporto (Educación) e Ismael Passaglia (Salud), se agregaría la de Juan Pablo Cafiero (Desarrollo Social) y, quizá, una cuarta: la de Rafael Magnanini, al frente de la Jefatura de Gabinete. Oporto y Passaglia tienen destino asegurado con cierta pompa: el primero terminaría en un lugar relevante del Senado; el segundo, como presidente de la Cámara de Diputados. ¿ Reemplazos? Solá los mastica en privado, pero Adriana Puiggrós (ex funcionaria aliancista) podría terminar en Educación y el intendente del Partido de la Costa Juan De Jesús apareció en la grilla para ir a Salud. Ninguno tiene el camino allanado. Quizá el único con chances reales es Jorge Varela, intendente de Campana, como reemplazo de Juan Pablo Cafiero, que volvió a aparecer mencionado como posible funcionario nacional. En cambio, no habría novedades en Economía ni en Seguridad: Solá tiene voluntad de retener a Gerardo Otero y León Arslanian.

• Otros dos asuntos por definir, que tienen alguna relación entre ellos, son la jefatura del Banco Provincia y el ordenamiento político de la Legislatura. Días atrás,
Solá ratificó que su candidato es Gustavo Lopetegui, a quien los duhaldistas le plantaron férrea oposición. Pero el gobernador prometió insistir con su ex ministro de Producción un poco para sostener la teoría del complot duhaldista y otro para someter al PJ bonaerense a tener que acallar los griteríos de días pasados. Además, le susurran al oído que embista contra los tres directores -Francisco Eggers, Dante Gianllombardo y Cristina López, esta última ahora en línea operativa con Adolfo Boverini-que llegaron al BAPRO de la mano de Jorge Sarghini. Es un lujo que podría darse el gobernador porque tendrá dominio del Parlamento: en Senado ya tiene 23 manos mientras en diputados suma 39, número que crecería a 40 en las próximas horas si se incorpora Silvia Pellita. Ambos bloques, lo definió Solá, se llamarán FpV y podrán engordar algún día con ex duhaldistas, en la medida que éstos acepten como condición «sumarse al final de la cola». Para completar la calma legislativa, el gobierno -hubo gestiones del ministro de Gobierno Florencio Randazzo logró el respaldo público de la UCR de que apoyará, aunque de manera crítica, los nombres que proponga el oficialismo para presidir las cámaras. De todos modos, Solá dejaría en manos de los legisladores la definición sobre las autoridades de bloque.

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