8 de abril 2003 - 00:00

Tediosa Europa para Duhalde: ayer, el Papa; hoy, los reyes

Eduardo Duhalde y su esposa Chiche salvaron el día, ayer, en Roma. Visitaron al Santo Padre, almorzaron con cardenales, condecoraron a «Negro» en el Palazzo Magistrale de la Orden de Malta. En fin, aprovecharon el tiempo: a ellos que no disfrutan del poder les había resultado casi tedioso el fin de se-mana en Roma, que pasaron casi íntegro en el hotel de Villa Borghese, salvo una escapada del Presidente para ver un partido de fútbol.

En cambio ayer fue un día a agenda llena, puesta la pareja gobernante en las piadosas manos de Esteban «Cacho» Caselli, el secretario de Culto, quien no deja pasar un minuto sin sacar provecho. A las 8 Duhalde ya estaba despabilado, con sus principales colaboradores en la suite para leer los diarios de Buenos Aires. De la noche anterior conservaba todavía algunos apuntes que mejor ni mirar: le habían comunicado un par de encuestas en las que su ahijado Néstor «Lupín» Kirchner no remontaba todavía vuelo.

A las 10.40 todos partieron hacia San Pedro. «Nada de combis» pidió «Cacho», quien desconoce las costumbres del conurbano y también mantiene vivos sus reflejos de viejo chofer de barrio Norte. Con gesto imperial, reclamó autos de lujo para toda la comitiva. Tenía razón: por más interino que sea el gobierno, tampoco es cuestión de saludar a los guardias suizos desde la ventanilla de un carromato blanco, como si el Vaticano fuera la quinta de San Vicente.

Ya en el patio de San Dámaso, Duhalde y sus 15 acompañantes enfilaron en cortejo, con la escolta de varios «gentiluomini», augustos caballeros vestidos de frac con condecoraciones y medallas, resabio de la vieja «nobleza nera» de cuando el Papado era una monarquía. Le brillaban los ojos a Caselli, todos los detalles estudiados: siempre soñó con ser uno de ellos. Tal vez sea la hora de pedirlo en serio, ahora que el panorama electoral se le complica en la Argentina y puede terminar exiliado en el Vaticano, como Alcide De Gasperi durante el fascismo, que la pasó en la biblioteca pontificia, donde casi todos los libros esperan la lectura de «Cacho». Aunque la amistad con Alberto Kohan, confía él, lo privará de ese placer intelectual si termina ganando Menem.

• Visita

Carlitos Mao vistió a Duhalde de negro y lo siguió en el color toda la comitiva. Las mujeres (Chiche y su hija Analía), con la misma etiqueta, aunque les faltara el detalle de la mantilla, como anotó un prelado. Primero se desarrolló una sesión entre el Presidente, sus familiares y Juan Pablo II. Fueron 10 minutos durante los cuales «Negro» no dejó de hablar: «Cuando Usted se calle termina la reunión» le había explicado el secretario de Culto. Después ingresó el grueso de la comitiva: Caselli y su hijo, el embajador ante la Santa Sede Vicente Espeche Gil, los voceros, el médico Pugliese, el jefe de la Casa Militar Carlos Carbone, el edecán naval, el secretario Rafetti y el jefe de la custodia, Jorge Pedace. Duhalde ya exhibía frente a ese pelotón alguna familiaridad con el Papa, como se notó en el intercambio de algunas frases sobre la Guerra de Malvinas y la mediación con Chile. La película del Santo Padre en el subcontinente parece en «pausa» desde 1979. «Estamos muy bien con los hermanos chilenos, si hasta podríamos compartir los ejércitos» bromeó. Casi se le escapa que «tal vez tengamos primera dama de ese origen», pero se mordió la lengua (las encuestas del día anterior se le atragantaron). Más en serio, le pidió al Papa que bendiga a su sucesor.

Hubo después un intercambio de obsequios, que el Pontífice valoró: le quedó un atril de plata para apoyar su misal, algo bastante más valioso que la caja de té en saquitos que le había dejado Fernando de la Rúa, el último presidente argentino que lo visitó.

Hubo una visita protocolar al secretario de Estado, Angelo Sodano. Duhalde ya estaba extenuado a esa altura del mediodía y pidió un breve regreso al hotel. Pero el secretario de Culto vetó la iniciativa: había que estar en punto para el almuerzo en la embajada argentina, donde llegaría una comitiva de cardenales. Por eso se utilizaron los 20 minutos vacantes para un paseo por el Lungotévere, que hubiera dado para ojear lo que fue el barrio bajo de la Roma renacentista. Pero los Duhalde estaban conmocionados todavía por la proximidad de Wojtyla.

Ya en el Palazzo Patrizi, a una cuadra de Piazza Navona, la pareja presidencial recibió a una decena de prelados encabezados por Sodano. Cardenales como Ratzinger (jubilado en el Santo Oficio) y Laghi, además del «canciller» Jean Louis Tauran, concentrado ayer en la entrevista que mantendrá mañana con John Bolton, el subsecretario de Estado norteamericano que visitará la Santa Sede. Más regalos cruzados y un discurso de Soda-no en el que mencionó una vez a Duhalde y tres veces a Caselli. «Un crack este 'Cacho'» comentó uno de los secretarios de Duhalde, quien murmuró: «El problema es que después termina denunciándote, como le hizo al Turco» (algo parecido al «fuego amigo» que reportan los americanos contra su propia gente en Irak). Sólo un detalle ensombreció el mediodía: el cardenal Jorge Mejía, único argentino purpurado, aclaró por adelantado que no concurriría al almuerzo por desavenencias con el secretario de Culto.

• Marcha forzada

Ahora sí, regreso al hotel a descansar un rato y marcha forzada para los Duhalde hacia el «Palazzo Magistrale» de la Orden de Malta, en Via dei Condotti, adonde llegaron tarde y con la mirada perdida. Más que una visita oficial, Caselli les había preparado una película de Visconti, aunque no del todo bien actuada: una parte de la comitiva duhaldista no soportó más tanto terciopelo y se refugió en el café «Il Grecco» a saborear una granita y «pellizcar algo».

De nuevo condecoraciones de parte de esa cofradía, en cuya sede porteña se conocieron ayer algunas muestras de disconformidad porque algunos «hermanos» se quejaron «por la utilización política de la orden». Con cierto alivio la familia Duhalde regresó a su habitación y, desde allí, marchó hacia Madrid. Llegaron anoche a Barajas, donde los esperaba Abel Parentini Posse (Ruckauf todavía no había llegado). A partir de hoy, después de algunas caminatas, otra vez el protocolo: almuerzo con los reyes y agasajo con Víctor García de la Concha, presidente de la Real Academia Española que aboga por el dificultoso ingreso de Posse en la Academia Argentina de Letras. Casi un suplicio este tipo de viaje, donde los presidentes deben poner el cuerpo a los hobbies y obsesiones de sus subordinados diplomáticos. Al fin y al cabo, era mejor el proyecto original de itinerario, propuesto por Raúl Ricárdez, el embajador en Grecia: cuatro días y tres noches en las islas Sarónicas, con traje de baño y ojotas. Un paraíso para Duhalde.

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