Todos los fantasmas juntos
-
Caso Adorni: el fiscal dispuso una medida clave sobre el patrimonio del funcionario
-
Adorni ratificó las reformas del Gobierno y rechazó las acusaciones en su contra: "Son tendenciosas y falsas"
Cristina de Kirchner, en el Salón Sur, rodeada de intendentes del conurbano y
piqueteros.
Creyó que era eficaz dividir a los adversarios. Desde la noche del lunes en Olivos junto a Alberto Fernández imaginaron un contraataque que dividiera a los quejosos del campo. Mostrar cómo los grandes terratenientes se enriquecen y se quejan de llenos, que las cuatro entidades del campo son sellos de goma porque no representan al universo en huelga, etc. Con ese ánimo Oscar Parrilli recorrió el espinel de amigos y logró apenas dos gobernadores, once intendentes del conurbano y un seleccionado de punteros del piqueterismo.
Los intendentes se juramentaron a redoblar el apoyo y preparan para mañana un megaacto en Parque Norte para labrar un pacto: el único apoyo que tiene Cristina es del peronismo innombrable que fue de Duhalde. Prometen asistir los dos Kirchner.
Improvisó lo obvio, que es la defensa del sistema de dólar alto, retenciones y subsidios. El campo tiene que proveer los recursos porque también se beneficia. El discurso, sin novedad alguna, se recordará porque leído a contraluz esa defensa de la posición del gobierno es también una enumeración de lo que le critica la clase media: aplastamiento de los salarios por depreciación de la moneda, selección desde el gobierno de quién será rico o pobre. Esa pieza la usarán unos para defender el gobierno, otros para criticar sus desaciertos.
Indiscutible que el gobierno no podía hacer otra cosa que defender lo que hace como lo único que tiene. Tan encerrado en las rutinas de funcionarios asustados que responden a golpe de telefonazos siempre a la retaguardia de los hechos y sin imaginar qué hacer cuando llegan los problemas. El silencio del gabinete en esta crisis -salvo alguna aparición temerosa del jefe de Gabinete- es un retrato de la falta de ideas para manejar un problema complejísimo en el país que es el tercer exportador mundial de soja. Algo que hace necesario algo más que adjetivos y chicanas.
Se engañaron los Kirchner en comprender desde el sitio de El Calafate durante la Semana Santa el sentido de la protesta. El campo puede sentirse agraviado, pero el malestar prendió fácilmente en la clase media de las grandes ciudades, lugares en donde el voto siempre le es esquivo al peronismo. Quienes salieron ayer a cacerolear no son gente de campo, ni tienen 4X4, pero seguramente se identificaron con una forma de rechazo que el gobierno ya registró en otras algaradas civiles como la adhesión a los cortes en Gualeguaychú o, más formal, el apoyo fuerte a Mauricio Macri o Elisa Carrió, ganadores de las elecciones el año pasado en la Capital. Esos sectores son las víctimas de la inflación superior al 20% que no mide Guillermo Moreno. Una fórmula letal para un gobierno que se ufana del apoyo en votos de los pueblos chicos del interior. Difícil imaginar tamaña acumulación de desaciertos. Absurdo para una administración que gasta fortunas en encuestas, augures, asesores, lobbystas y otras formas de la brujería política para marcar sus pasos. Eso descalifica explicación que salían anoche de Casa de Gobierno: «Es un complot, es un golpe de Estado» decían algunos. Tampoco ayudó la prosa. La declaración jurada de los Kirchner enumera por lo menos tres vehículos del tipo 4x4 (Jeep 4x4 Grand Cherokee Limited, dominio DCV-423; Honda 4x4 CRV I, dominio CTN-494, Ford Ranger XL 2.8 LD, dominio DYD-894). ¿Quién le aconsejó a la Presidente tocar ese asunto, que la exhibe con un doble estándar nada menos que cuando llama a guerra santa de las ciudades al campo? ¿No midió que atacar al sector agrícola es enojarse más con quien alimenta el modelo? Casi un impulso auto destructivo. Quizá su lejanía de la Argentina central le impide a los Kirchner recordar que en esa pelea entre Buenos Aires y el resto del país está enredada la Argentina desde que nació. O que la guerra por el reparto de los impuestos fue motivo de guerras que ningún gobernante sensato puede alentar porque más de una vez terminaron en sangre.



Dejá tu comentario